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Opinión

  • | 2016/10/03 00:00

    Dos noticias del imperio

    Obama acepta que es cuestión de punto de vista: si es ajeno es terrorismo. Y si es “nuestro” es contraterrorismo.

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La primera es una ley. El Congreso norteamericano acaba de pasarse por la faja el veto puesto por el presidente Obama a una ley llamada “de justicia contra los patrocinadores del terrorismo”. Una ley que había sido aprobada por unanimidad por el Senado y la Cámara, y que autorizaba a las familias de las víctimas de la voladura de las

Torres Gemelas, hace 15 años, para demandar ante tribunales de los Estados Unidos a Arabia Saudí, de donde provenían casi todos los autores del atentado.

Insiste Obama en que la ley es inconveniente: “No quiero que nos veamos súbitamente expuestos a asumir responsabilidades por todo el trabajo que hacemos en el mundo entero, y sujetos a demandas legales ante tribunales de los que no sabemos si son de fiar”. Y explica su jefe de la CIA: “La inmunidad soberana (que es el principio de derecho internacional según el cual un Estado soberano no puede ser demandado ante los tribunales de otro sin su consentimiento) que protege a nuestros funcionarios está basada en la reciprocidad. Si no la respetamos para otros países, ponemos en riesgo jurídico a nuestros propios funcionarios”. Pero los senadores que promueven el rechazo al veto presidencial aseguran que no: que la ley es “solo contra crímenes de terrorismo cometidos contra ciudadanos norteamericanos en suelo norteamericano”. Y no contra actuaciones emprendidas por agentes norteamericanos contra extranjeros en suelo extranjero. Es una ley propia, no ajena.

En su arrogancia imperial, los senadores no quieren darse cuenta de que la ley que votaron, con pretexto virtuoso (“solo nos preocupan las familias de las víctimas y la justicia”) pero con propósito preelectoral (como les reprocha Obama), puede volverse contra su país como un búmeran. A la luz de esa ley, los actos cometidos por grupos no gubernamentales aliados de los Estados Unidos (los irregulares que estos han llamado eufemísticamente “luchadores por la libertad”, freedom fighters), o por la propia CIA, o por el Pentágono, u ordenados personalmente por el presidente, como por ejemplo los frecuentes asesinatos con drones teledirigidos en varios países del Oriente Medio, podrían tener incómodas “consecuencias no deseadas”. Así lo reconocen en una tardía carta de arrepentimiento 28 de los 97 senadores que votaron el veto al veto (dos estaban ausentes; solo uno votó en contra). Se dieron cuenta, a posteriori, de que tal vez tenía razón Obama al temer que la previsible reciprocidad a su “ley de justicia” contra patrocinadores del terrorismo “podría afectar nuestras operaciones contraterroristas”.

Y tal vez el propio Obama se haya dado cuenta, también a posteriori, de que al decir eso está aceptando tácitamente que el terrorismo es cuestión de punto de vista, o de semántica: si es ajeno se llama terrorismo, y si es “nuestro” se llama contraterrorismo. Por eso le preocupa que “todo el trabajo que hacemos en el mundo entero” pueda ser condenado como criminal por tribunales extranjeros, “de los que no sabemos si son de fiar”.

La segunda noticia del imperio es un discurso estrambótico: el que a diario repite Donald Trump, uno de los dos empatados candidatos al trono. Reproduzco este texto de un artículo de Tara Golshan publicado en Vox (un portal de internet que se da por misión “explicar las noticias”) bajo el título de ‘El extraño estilo de Donald Trump explicado por lingüistas’. Es un fragmento de un discurso de campaña de Trump en Carolina del Sur, en julio del año pasado. Dijo el candidato presidencial, hablando del acuerdo nuclear del gobierno de Obama con Irán:

“Miren, tener lo nuclear – mi tío fue un gran profesor y científico e ingeniero, el doctor John Trump de MIT; buenos genes, muy buenos genes, bien, muy listo, la Escuela de Finanzas Wharton , muy bien, muy listo – ustedes saben, si uno es un republicano conservador, si yo fuera liberal, si, digamos, bueno, si me presentara como un demócrata liberal, dirían que soy una de las personas más listas en cualquier parte del mundo -¡es cierto! – pero cuando uno es un republicano conservador ellos tratan -¡oh, hay que ver el numerito que montan! –por eso siempre me toca empezar ‘estudié en Wharton, fui buen estudiante, fui a tal parte, a tal otra, hice tal cosa, hice una fortuna –es decir, tengo que estar dando mis credenciales todo el tiempo, porque estamos un poquito en desventaja- , pero si se mira el acuerdo nuclear lo que de verdad me preocupa – hubiera sido tan fácil, y no es tan importante como estas vidas (lo nuclear es muy potente: mi tío me lo explicó hace muchos, muchos años, esa potencia, y eso fue hace 35 años; me explicó la potencia de lo que iba a suceder y tenía razón -¿quién lo hubiera creído?), pero cuando uno mira lo que está pasando con los cuatro presos –bueno, eran tres, ahora son cuatro –pero cuando eran tres e incluso ahora, yo hubiera dicho: es culpa del mensajero. Muchachos, y digo muchachos porque, ustedes saben, ellos no, ellos no se han dado cuenta de que las mujeres ahorita mismo son más listas que los hombres, así que, ustedes saben, les va a tomar por lo menos otros 150 años – pero los persas son buenos negociadores, así que pues simplemente nos arrollaron, simplemente nos arrollaron”.

El candidato Trump habla así porque piensa de ese modo. Es aterrador. 

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