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Opinión

  • | 2017/11/04 22:15

    Cocaleros

    La raíz del problema es la prohibición del consumo, que hace de la producción y del tráfico el negocio más rentable del mundo. por eso es imposible ganar la “guerra contra las drogas”

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Hay unos cien mil campesinos cocaleros en el país. Si todos se ponen a sembrar de coca las 3.8 hectáreas por cabeza que les quiere perdonar la ley, sumarán 380.000 hectáreas lícitas de cultivos ilícitos: casi el triple de las ilícitas que hay ahora.

El problema serán entonces los Estados Unidos. No lo digo por sus amenazas de represalias, que son las mismas desde hace cuarenta años: descertificación, lista Clinton, privación de visas, incautación de las fortunas de los narcos a cambio de su reclutamiento como “testigos protegidos” de la DEA. Lo digo por desconfianza en su capacidad de consumo. Es cierto que parece infinita, pero ¿sí podrán absorber el triple de la cocaína que hoy importan de Colombia?¿Serán capaces de pasar de las 400 a las 1.200 toneladas al año?

 Porque a veces los analistas parecen olvidar que se trata de un mercado de oferta y demanda: hay productores aquí porque hay consumidores allá. Es cierto que aquí el estado colombiano no consigue controlar la oferta a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho desde hace cuarenta años en obediencia a las exigencias  del gobierno norteamericano. Por complacerlos, nuestros gobiernos han destruido el país, tanto física como moralmente: han fumigado las selvas y obligado a los cocaleros perseguidos a agravar la deforestación salvaje, han envenenado los ríos,  no han podido impedir que se asesine cada año a miles de personas, policías, traquetos, jueces, y que se corrompa a miles más, policías, jueces, políticos,  ni que los narcotraficantes se hayan convertido en los verdaderos dueños de Colombia. No sólo de las tierras, sino de las conciencias. Los dineros de la cocaína, es decir, los dineros de la prohibición de la cocaína, son el combustible de todos los delitos que se cometen en el país, tanto de los violentos como de los pacíficos; y a la vez el delito se ha convertido en la principal, y casi única, fuente  de empleo remunerado. Si pudiera existir reciprocidad entre el león y el cordero, Colombia debería descertificar a los Estados Unidos y tomar represalias.

Y tampoco allá  logra el estado norteamericano hacer cumplir sus propias leyes prohibicionistas, que debieran reprimir la demanda pero no lo hacen. Los Estados Unidos han conseguido tener la población carcelaria más grande del mundo a fuerza de encerrar a los consumidores de drogas ilegales. Pero la demanda no cesa de aumentar año tras año.

La oferta de los productores y la demanda de los consumidores están unidas por la comercialización: los narcotraficantes. El único tratamiento que se le ha dado a este eslabón de la cadena también es el de perseguirlos, sin conseguir acabarlos: se sustituyen unos a otros, como se sustituyen las hectáreas cultivadas  a las hectáreas fumigadas y como se sustituyen los adictos muertos por adictos nuevos. Sin que los adictos presos dejen de ser adictos: siguen consumiendo en las cárceles.

La propuesta de despenalizar las pequeñas parcelas cultivadas de coca y no castigar a los pequeños productores parece generosa y sensata: dejaran de ser delincuentes a ojos de la ley. Pero es inocua. En la vida real no cambia nada, pues los cien mil campesinos cocaleros nunca han ido a la cárcel, y en la práctica es imposible mandarlos. Pero se les seguirá imponiendo el mismo castigo que sufren ahora, que consiste en desposeerlos de sus cosechas ilegales, forzosa o voluntariamente. La medida ni siquiera  tendría así el componente humanitario que sí tiene la despenalización del consumo de la “dosis personal” de drogas, que en Colombia y en muchas otras partes libró a los adictos de ser perseguidos como criminales. Pero no tuvo el menor efecto sobre el negocio. Porque toda la droga que circula en el mundo se consume en dosis personales, que se suman, como se suma en el otro extremo la producción de las fincas cocaleras, sean pequeñas o grandes.

En resumen: el problema no está aquí, sino allá. No está en la producción, y ni siquiera en el consumo de las drogas prohibidas: son mucho más dañinas para la salud de los consumidores las drogas legales que producen los grandes laboratorios farmacéuticos. La raíz del problema es la prohibición del consumo, que hace de la producción y del tráfico el negocio más rentable del mundo. Por eso es imposible ganar la “guerra contra las drogas” sofocando la oferta e intentando impedirla, y así se ha demostrado desde hace cuarenta años: si se aplasta en un sitio crece en otro, porque la demanda sigue intacta (o en aumento).

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