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Opinión

  • | 2013/09/28 00:00

    Apertura de la economía colombiana 1980 - 2011

    Si la situación es insostenible, en muchos casos, sin los efectos plenos de los TLC ¿cómo será cuando se desarrollen totalmente?

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Tal y como lo han dado a conocer varios analistas, no es posible adjudicar de manera directa las razones de las justificadas protestas campesinas a los tratados de libre comercio. Este rasgo que puede ser esperanzador, puede también y fácilmente, ser una mala noticia. El razonamiento es que si aun careciendo de efectos plenos de los referidos tratados la situación es en muchos casos insostenible, ¿cómo será cuando los efectos de esos acuerdos alcancen su total desarrollo?

Lo que sí está afectando son los crecientes niveles de apertura de la economía que se han tenido en Colombia, en especial desde inicios de los años noventa.  En efecto, de conformidad con cifras dadas a conocer por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ( CEPAL) la apertura de la economía –medida como la suma de exportaciones e importaciones, como porcentaje del producto interno bruto PIB- tuvo un valor promedio anual de 19.1 de 1980 a 1989.

Ese indicador subió drásticamente a 29.5 en el período de 1990-1999, lo que coincide con el auge de la apertura comercial. Ya para los años de 2000 a 2009 se incrementó, aunque no tan dramáticamente y alcanzó el valor de 35.6. El último dato que se tiene, período 2010-2011, es de 40.9.

La apertura ha permitido modernización y notables utilidades en los sectores que se han podido insertar en la nueva dinámica económica. Sin embargo ha ido desplazando a otras actividades económicas, que se han visto marginadas de los beneficios y cuya incorporación ha sido más bien negativa. Este ha sido el caso de la agricultura campesina, que genera un 40 % de los alimentos de los colombianos.

De lo anterior se desprende que la apertura ha significado beneficios a las empresas que han logrado articularse a las cadenas productivas. Muchas veces, en especial en la generalidad de medios de comunicación, son estas las empresas que ocupan amplios titulares. En cambio, las que se vieron desplazadas han generado mecanismos que han contribuido a elevar el desempleo abierto o bien han fortalecido los contingentes humanos que sobreviven, a como dé lugar, en los sinuosos mecanismos de la economía informal.

Se hace evidente también, que la economía -en función de las exportaciones de 2012- ha incrementado la participación de la minería, en detrimento de la agricultura y de la industria.  La exportación minera colombiana pasó de ser un 40 % en el 2003 a un 75 % en el 2011.  

El riesgo aquí desemboca en dos cauces complementarios: 

Primero, los plenos efectos de los tratados de libre comercio pueden fácilmente ser un auténtico tsunami para las empresas micro-pequeñas y medianas, las que constituyen un 95 % del total de unidades de producción. 

Segundo -esencialmente importante- en la medida que el crecimiento de un país no se basa en exportaciones de valor agregado no puede ser sostenible a largo plazo. Las exportaciones mineras son parte de una oferta extractiva, con base en recursos naturales no renovables, sin mayores niveles de procesamiento.

*Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard. Profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario.
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