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Opinión

  • | 2006/03/18 00:00

    Aprender a leer

    En cuanto a que ser cronista taurino o columnista político implique, como sugiere Ospina, “no correr el riesgo de proponer”, vuelvo a lo dicho: es que no me lee con atención

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Se queja William Ospina en su columna de Cromos de que en su polémica con otros columnistas -Eduardo Posada Carbó, de El Tiempo, y Alejandro Gaviria, de El Espectador- éstos no discuten los temas que él propone, sino que lo descalifican a él. Añade que lo mismo hago yo, que sin ser invitado formalmente, había metido ya la cucharada con irreverencia que lo irrita; pero, magnánimo, consiente en que participe también en el debate "si no (me) aflige incurrir en lugares comunes".

No, no me aflige, si por "lugares comunes" entiende los temas que menciona: la iniquidad secular y creciente de la distribución de la riqueza en Colombia, la matanza casi ritual de los opositores y los críticos del sistema, la farsa de nuestras llamadas instituciones democráticas. Tan poco me aflige incurrir en ellos, que llevo muchos años haciéndolo semana tras semana, hasta el punto de dar pie para que mis columnas sean calificadas, hasta por el propio Ospina, de "repetitivas". Pero no puedo complacerlo cuando, tras invitarme a discutirlos, me emplaza -como a Posada y a Gaviria- a decir que son falsos. Tan ciertos son, tan antiguos y tan evidentes, que por eso le reprochaba yo a Ospina que le pusiera tanta prosopopeya al hecho de denunciarlos, como quien a grandes voces proclama haber descubierto el agua tibia. Tampoco pretendo haberlos descubierto yo (hasta el Banco Mundial los ha visto), pero sí he hablado de ellos. Que Ospina no lo haya notado en mis columnas sólo puedo achacarlo al hecho de que en ellas no "dedico mis desvelos" a su persona, sino a otros asuntos, y quizá por eso no las ha leído atentamente.

Y supongo que a esa misma razón, a que no se fija en lo que digo en mis columnas, obedece el que me describa como lo hace en la suya: como alguien "que escribe crónicas taurinas sobre la realidad política, ya que su oficio es mirar los toros desde la barrera y no correr jamás el riesgo de proponer algo".

Porque yo escribo, sí, crónicas taurinas: pero son sobre toros y toreros, y públicos de toros. Sobre la realidad política escribo columnas políticas, y no taurinas. Como cronista taurino mi oficio consiste, en efecto, en mirar los toros desde la barrera, y no en torear en el ruedo. Y como columnista político mi oficio consiste en opinar sobre el acontecer político, y no en protagonizarlo. Pero en cuanto a lo de que uno u otro de esos dos oficios implique, como sugiere Ospina, el "no correr jamás el riesgo de proponer algo", vuelvo a lo dicho: es que no me ha leído con atención. En el terreno taurino he hecho propuestas tan diversas como la de que las corridas no dependan del Ministerio del Interior, como los motines, sino del de Cultura, como el teatro; o la de que sea suprimido el reglamento taurino y, como en el teatro, los artistas hagan lo que les venga en gana, desde escoger el toro hasta no matarlo. Y en el tema político me he pasado la vida haciendo propuestas, o respaldando y promoviendo propuestas ajenas que me parecen acertadas: desde los tiempos ya remotos de la revista Alternativa -nada menos que la entonces herética (para todos los grupos) unidad de izquierda colombiana- hasta, hace apenas quince días, la de saludar como una virtud y no como un defecto la "retórica maximalista" de William Ospina.

Hay, sin embargo, dos propuestas que nunca he hecho, y son, curiosamente, las únicas que Ospina me atribuye. Una es la de que él "admita que es un pésimo poeta y un pésimo novelista". La otra es la de que "escriba mal", a la que de entrada anuncia que no le haría ningún caso: "Si lo que quieren (dice Ospina, refiriéndose, supongo, a Gaviria, a Posada y a mí) es que escriba mal (...) a eso sí no me comprometo". No le he hecho la primera porque no me parece que sea pésimo. Ni la segunda porque lo que quiero es que escriba bien. Y ninguna de las dos para no correr el riesgo de que me malinterprete. Pero en cambio me atrevo a hacerle una tercera: que aprenda a leer.
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