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Opinión

  • | 2005/02/06 00:00

    Apuntes sobre el perdón

    El que perdona porque es incapaz de castigar simplemente llama perdón a lo que es resignación obligatoria, o incluso cobardía

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1. ¿Qué es perdonar? ¿Renunciar a castigar? ¿Renunciar a la venganza? ¿Recordar la ofensa, pero pasar por alto la pena y el rencor? Renunciar a castigar es condonar, liberar de una pena o de una obligación, como cuando el banco nos dice: "le condono los intereses, pero págueme el capital".

2. Dejar impune un crimen horrendo es casi como aprobarlo. Perdonar a la ligera es casi lo mismo que consentir. En el reino de la impunidad, el crimen puede llegar a confundirse con un derecho. Algunos guerrilleros se sorprenden de que los castiguen por secuestrar. No pocos paramilitares se sienten con licencia para matar. Si uno es indulgente con los violentos, estimula la violencia.

3. Si A ofende a B, ¿tiene derecho C a perdonar a A? Entre las personas, sólo B tendría derecho a perdonar. Pero si C es el Estado, y es el único facultado legalmente para castigar, tal vez, entonces, se le puede conceder también a C el derecho de perdonar.

4. "Es corriente que aquellos que se perdonan demasiado a sí mismos sean excesivamente rigurosos con los demás", San Francisco de Sales. La máxima se aplica a muchos justicieros que persiguen con sevicia a otros criminales, olvidándose, claro, de sus propios crímenes.

5. Hay algo de arrogancia en el perdón, pues sólo perdona realmente quien pudiendo castigar no castiga. El que perdona porque es incapaz de castigar simplemente llama perdón a lo que es resignación obligatoria, o incluso cobardía. Un elefante le pisa un pie a un ratón y el ratón dice: "Está bien, por esta vez te perdono". ¿Colombia perdona por clemencia o por debilidad?

6. La penitencia, como la cárcel, puede ser una especie de purificación. Algunos, después de cometer un crimen, lo pagan toda la vida con remordimiento. A otros les basta con lavarse las manos. Hay quienes ni siquiera se las lavan.

7. Si el otro no entiende lo que hizo como un crimen, sino como un acto legítimo, nunca pedirá perdón. Si no lo pide, habrá que hacerle ver, con un juicio, que es un criminal. Se puede considerar a los que reconocen sus culpas, y entonces es posible ser clementes. Pero no se puede perdonar al que sigue hablando con orgullo de su acto criminal.

8. Todos los grupos han sido tan brutales en Colombia (incluyendo no pocas veces al Estado), que es difícil que alguien pueda enarbolar una bandera moral.

9. Borges decía que "el olvido es la única venganza y el único perdón". El aforismo se cumple en el terreno amoroso. Si lo que está en juego es un asesinato, el olvido sería un acto de indolencia; el perdón, una insensatez y la venganza exacta (ojo por ojo), una igualación con el asesino. El único camino es un castigo proporcional.

10. Si uno pone la ideología o la moral más estricta por delante, todo perdón se vuelve imposible. La ideología nos vuelve inclementes y cuando lo somos podemos decretar un castigo más grande que la culpa, y volvernos culpables a la vez. El perdón es un olvido de la justicia y una superación de la moral.

11. "Perdón y olvido", dicen unos, "verdad, justicia y reparación", dicen otros. El problema está en las dosis de cada cosa: no todo es perdonable, pero parte del castigo se puede condonar; olvidar no conviene; no se puede renunciar a la verdad, pero ciertos silencios se pueden soportar; justicia, sí, pero quizá haya que aguantar un poco de injusticia. La reparación es un consuelo menor.

12. ¿Se puede comprar el perdón? La multa es una especie de compra del perdón. En Sudán las ofensas (incluyendo el homicidio) se saldan pagando vacas. Como para nosotros la vida es un bien invaluable, no hay multa que pague el crimen, pero las víctimas, además de vejadas, no pueden quedar también en la indigencia.

13. El perdón no implica olvido. Si preferimos no olvidar es para poder estar pendientes, y prevenidos, por si una situación perversa tiene visos de poderse repetir. Si la paz con los paramilitares consiste solamente en una manera disimulada de jubilar a sus comandantes para que otros vengan a seguir matando, la guerra no tendrá fin.

14. Perdonarle al narcotraficante es perdonar un vicio muy humano, que todos hemos padecido en mayor o menor medida: la codicia. Lo más difícil de perdonar es el asesinato: no se les puede pedir a las familias de las víctimas que perdonen eso. ¿Se les puede pedir que acepten la atenuación del castigo? A veces, si el fin es muy alto, sí.

15. Perdonar es una injusticia que uno comete contra sí mismo. Si se hace a conciencia, se puede justificar esa injusticia. El que perdona se humilla, pero adquiere cierto aire de superioridad.

16. Una vida humana dura muy poco para pasársela entera rumiando un rencor. El perdón es sobre todo fatiga de seguir alimentando el resentimiento. No perdonamos por clemencia, sino por cansancio.
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