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Opinión

  • | 2017/01/01 21:25

    ¿Por qué liberar a Simón Trinidad?

    Desde el inicio de las negociaciones de paz de La Habana entre el gobierno nacional y las FARC, el tema de Simón Trinidad estuvo sobre la mesa.

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La respuesta del equipo negociador del gobierno, era que eso se hablaría al final del proceso, cuando este tuviera éxito. En realidad, hasta principios del año 2016 la delegación del gobierno siempre creyó que lo más probable era que en algún momento el proceso se fuera al traste. Particularmente, durante todo el 2015 Humberto de La Calle cada vez que venía a Bogotá le daba solo algunas semanas de vida a la negociación, no debe olvidarse que en ese momento el punto de justicia transicional estaba en medio de la discusión.

Así que el gobierno utilizaba en tema de Simón trinidad como un mecanismo de presión, pero en el fondo creían que el momento de solicitar la liberación del guerrillero nunca llegaría.  En todo, siempre existió la promesa de que en caso que fuera exitoso el proceso, el gobierno haría lo necesario para el regreso de Trinidad a Colombia. 

Ahora, la solicitud está en trámite ante el gobierno de los Estados Unidos y solo quedan algunos días para saber si Obama toma la decisión de liberarlo o no. La posibilidad existe, no solo porque se cumplen los requisitos legales para hacerla, sino también por la dinámica política de los últimos días de la política exterior de Obama y, claro, por la injusticia del juicio a Ricardo Palmera o Simón Trinidad.

En las últimas horas la administración Obama está jugando a dejar andando una serie de procesos políticos que marquen el camino para que la siguiente administración, la de Trump, no lo pueda modificar de forma sustancial. La decisión de abstenerse en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre los asentamientos ilegales del Gobierno israelí en suelo palestino, así como la posterior declaración del Secretario de Estado  sobre la necesidad de crear dos Estados para lograr la paz en Oriente Medio.  También la postura con Rusia y en general los mensajes que ha mandado a Europa occidental dejan ver los esfuerzos de Obama por marcar lo que debería ser la política exterior gringa.  Esta serie acciones podrían impulsar la salida de Trinidad. Además, el delegado del gobierno norteamericano en el proceso de paz, Aronson, se mueve muy bien tanto en las filas demócratas como en las republicanas. No se debe olvidar que sus inicios como mediador comenzaron en las toldas conservadoras hace varias décadas.

Se puede decir, igualmente, que la liberación de Trinidad es una necesidad si de lo que se trata es de impartir justicia. Por un lado, el juicio en los Estados Unidos fue injusto. Trinidad no tuvo nada que ver con la captura de los tres mercenarios norteamericanos. De hecho, estaba a centenares de kilómetros de donde ocurrieron los hechos, tampoco tenía mando sobre la estructura que los capturó y no se comprobó tampoco una orden directa. Por esto el jurado tuvo tantas dudas a la hora de pronunciarse sobre la responsabilidad de Trinidad.

Por otro lado, las responsabilidades de Simón Trinidad en el marco del conflicto armado, deben ser juzgadas en Colombia  y él debe responder en Colombia. La Jurisdicción Especial para la Paz  da las totales garantías de que habrá justicia y entrega las condiciones para que las víctimas y la vedad sean las más beneficiadas.

Seguramente, Trinidad no se beneficiará de la ley de amnistía, pasará por el Tribunal Especial para la Paz, que es el encargado de juzgar los crímenes internacionales. Allí, si confiesa la verdad, pide perdón, da garantías de no repetición y repara, será beneficiado con una sanción de restricción efectiva a la libertad. Si colabora parcialmente o no lo hace, pagará cárcel. Así que no habrá impunidad. Las garantías de justicia están dadas  en el modelo de justicia transicional. Lo injusto tanto por lo manipulado del juicio en los Estados Unidos, como por la reparación a las víctimas y la verdad sería mantener a Simón Trinidad en los Estados Unidos.

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