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Opinión

  • | 2016/12/09 08:46

    La esperanza de las vías terciarias

    En los acuerdos de La Habana, se establece como una de las principales metas del primer punto o el punto agrario, la creación de un Plan Nacional de Vías Terciarías, que significa la intervención de por lo menos 20 mil kilómetros de vías.

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Las vías terciarías son aquellas que comunican las zonas rurales de los municipios con la cabecera urbana. Este complejo vial es de vital importancia ya que por allí los campesinos sacan sus productos para venderlos. El gran problema es que de los más de 170 mil kilómetros de vías terciarías que tiene el país, apenas unos cuantos han sido intervenidos en los últimos años. Además en muchos municipios estas vías son verdaderas trochas lo que hace imposible el trasporte de productos agrícolas.

En los acuerdos de La Habana, se establece como una de las principales metas del primer punto o el punto agrario, la creación de un  Plan Nacional de Vías Terciarías, que significa la intervención de por lo menos 20 mil kilómetros de vías para mejorar las condiciones de vida del mundo rural y obviamente mejorar la competitividad comercial del campesinado colombiano. La esperanza de la ruralidad, principalmente de los pequeños productores y poseedores de tierra, era que sus municipios se vieran beneficiados por la intervención de estas vías. Sin embargo después de los resultados del 2 de octubre las esperanzas se vinieron abajo. Pero se han vuelto a recuperar luego de la refrendación que hizo el Congreso hace algunos días a los acuerdos de paz. Muchos esperan que la implementación avance rápidamente y que los dividendos de la paz se comiencen a ver cuanto antes.

Sin embargo, varios departamentos han comenzado campañas masivas para mejorar la infraestructura vial de varios municipios. Dos ejemplos son importantes de resaltar. La Gobernación de Cundinamarca cuenta con la disponibilidad de cinco  “combos” de  maquinaria y equipos pesados; cada “combo” está compuesto de una o dos volquetas, un vibrocompactador, una motoniveladora,  una retroexcavadora sobre llantas y cuenta aparte con cinco excavadoras sobre orugas para las obras de mantenimiento y rehabilitación vial. Por su parte los municipios beneficiados aportan el material de recebo que se necesite y volquetas para apoyar el transporte de material a los sitios donde se están ejecutando actividades de mantenimiento y rehabilitación vial. En un año la gobernación  de Rey intervino 1.292 km.

Boyacá es otro de los buenos ejemplos de esta intervención. Bajo la administración de Carlos Amaya, se han intervenido cerca de 2500 kilómetros, la mayoría de las intervenciones se centran en  conformación y ampliación de cunetas en tierra y extendida de materia del recebo y en la nivelación superficial de la vía. Uno de los municipios beneficiados ha sido Cubará, que es uno de los más apartados y que ha sufrido fuertemente los estragos de la guerra en el departamento de Boyacá. Cauca también es otro ejemplo.

He visto directamente el impacto tan positivo que tiene estas intervenciones. Sin embargo, la construcción de vías terciarías bajo la metodología de Placa Huella o Doble Riego, que son intervenciones profundas al sistema vial terciario es costoso, cada kilómetro tiene un valor de 500 millones de pesos. El Plan nacional de vías terciarías que contemplan los acuerdos de paz, prevén este tipo de intervención, con un costo superior a los 10 billones de pesos.

Las gobernaciones hacen verdaderos milagros con los pocos recursos que tienen; la mayoría de las veces se dedican al mejoramiento mediante recebo, pero los recursos no alcanzan para construir placa huella o doble riego. Por ello es que gobernadores, alcaldes y campesinos ruegan para que arranque en firme la implementación de los acuerdos de paz, y que se logre mejorar las condiciones de vida en la Colombia rural y profunda.  En la vida real, cerca del 90% de los acuerdos de La Habana son para mejorar la vida de la sociedad, como este plan de vías terciaría, o el Plan nacional de electrificación rural o el Plan de conectividad. Solo el 10% de los acuerdos de paz es para los involucrados directamente en el conflicto ya sea para los miembros de las FARC o los agentes estatales y privados. El sueño de la paz, es el sueño de mejorar la vida del mundo rural. Esperemos que esta vez no se les dé la espalda a los históricamente marginados.

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