Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/08/03 11:57

Vargas Lleras y la paz

A pesar de los inconvenientes que ha tenido Vargas Lleras, quién es favorito para la segunda vuelta en las elecciones de 2018, puede usar su apoyo para el 'Sí'.

Ariel Fernando Ávila.

Más que Uribe, el importante para el proceso de paz es German Vargas Lleras. Las razones son varias; es tal vez el hombre que tiene asegurado el cupo para la segunda vuelta en las presidenciales de 2018. Además, maneja a su antojo varios departamentos y ministerios, es decir, votos muy importantes, pero sobre todo, Vargas Lleras representa un sector de centro-derecha que si bien no se oponen al proceso de paz son reticentes, es decir, se requiere la movilización de estos sectores para que el ‘Sí‘ gane en el plebiscito.

Sin embargo, el aterrizaje de Vargas Lleras al proceso de paz ha sido difícil y problemático. Algunos lo ven como un oportunista, que quiere apropiarse, ahora, del proceso de paz cuando ya todo está a punto de salir bien. Otros, por el contrario se alegran de que el vicepresidente, por fin, después de mucho tiempo entendiera la importancia de la paz y manifiestan que no es oportunista, por eso siempre ha estado al lado del proceso sin robar protagonismo.

El problema de la llegada de Vargas Lleras al proceso de paz con las FARC, puede dividirse en cuatro asuntos. Por un lado, durante mucho tiempo el vicepresidente mostró dudas sobre el mismo, no opinó, en realidad creía poco en una salida negociada y le cuesta aun entender las lógicas de la negociación política con un grupo armado ilegal. Dicha situación llevó a que se mantuviera alejado de esas ideas. Su cálculo interno, era que en caso de fracasar el proceso, él sería el llamado a ser el presidente de la guerra, la mano dura que necesitaba Colombia, claro todo esto en caso de que ese escenario se hubiera dado.

En segundo lugar, adicional a la intención de Vargas Lleras de mantenerse alejado del proceso de paz, la negociación con las FARC se la tomó el Partido Liberal y particularmente el Gavirismo. Humberto de la Calle es el jefe negociador, Villegas será el gerente del plebiscito, el propio César Gaviria será el jefe de debate del plebiscito, Simón Gaviria es el director del DNP, Juan Fernando Cristo es el Ministro del Interior y Rafael Pardo a quien le ha ido bien en el cargo es el encargado del Postconflicto. Seguramente, uno de los principales competidores de Vargas Lleras para el 2018 saldrá de Cristo, de La Calle o Rafael Pardo. Claro está que Cristo y Pardo lo niegan, pero están haciendo la tarea como hormiguitas.

En tercer lugar, la Unidad Nacional le tiene muchos cuestionamientos a Cambio Radical, por los pasillos del Congreso se comenta “pues muy oportunista Vargas Lleras, en octubre (elecciones locales de octubre de 2015) sacó candidatos solo y le competían a los de la Unidad Nacional y sus candidatos no apoyaban el proceso de paz”. Es decir, el tema con el proceso de paz es que Vargas Lleras no sabe cómo entrar, ya que si mete sin pensarlo le terminaría haciendo campaña al liberalismo o al Gavirismo. Pero, sabe que si no se mete le puede costar por lo menos 2 millones de votos. Con la paz el país va a cambiar su mentalidad, como ocurrió entre 1989 y 1991, y él, como político tradicional, puede salir mal librado de ese cambio de mentalidad.

En cuarto lugar, Vargas Lleras sabe que el presidente Santos lo necesita, al igual, que todos aquellos que quieren la paz. Por ende, seguramente venderá cara esa necesidad de su maquinaría local y regional. Pero cómo se mete, es lo que no está claro. Por ejemplo, en plan de conectividad y plan de vías terciarías para las zonas más afectadas por el conflicto, los cuales se deben desarrollar según el acuerdo de tierras de La Habana, será coordinado por la Consejería para el Posconflicto y el Ministerio de Agricultura, Vargas Llera quería que fuera por los Ministerio y entidades que él controla.

Un paracaidista necesario, así se podría resumir este debate. Recién llegado sin duda, necesario incuestionable. Pero tal vez Vargas Lleras deba mirar otras formas de entrar al proceso de paz. Tres alternativas. La primera es que Cambio Radical desarrolle una campaña propia al Plebiscito más allá del Gavirismo y que establezca una organización distinta a la Unidad Nacional.

La Segunda, es que su estructura política lidere el proceso de paz con el ELN. Cómo se sabe esa negociación esta trancada, los negociadores del gobierno son de buen nivel técnico pero no político. A esa negociación se le debe dar peso político, por ejemplo un hombre como Carlos Medellín podría ser una figura positiva de Cambio Radical para esa negociación y otro como Carlos Fernando Galán, que sean algo así como la dupla Jaramillo y de La Calle. Que la negociación con el ELN será difícil, eso no lo duden, igual de difícil que fue la de las FARC. Lo que pasa que ahora que está por terminar la negociación con las FARC se piensa que fue fácil, pero realmente fue compleja, siete crisis en total, varias veces en que se dijo que eso no iba para ningún lado. Bueno, así será la del ELN. La tercera, que sea el propio Vargas Lleras el que comience a hablar del proceso de paz abiertamente, sin dudarlo y con los cuestionamientos que tenga, pero esa indecisión le va a salir cara.

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