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Opinión

  • | 2015/01/07 12:24

    Asesinar el humor político

    Aunque mataron a los autores de las caricaturas de Mahoma, fracasaron, pues estas hoy circulan ampliamente por el planeta.

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El totalitarismo se cierne aquí y allá. Un día un grupo de extremistas de derecha se ofende por los apuntes inteligentes de Jaime Garzón y envía, metralleta en mano, a un comando de sicarios para matarlo a sangre fría en una céntrica calle, en Bogotá. Otro, un grupo de extremistas religiosos se arma de fusiles kalashnikov y durante minutos ataca el semanario satírico Charlie Hebdo, en París. En su acción dejan 12 muertos y seis heridos.

Los hechos están relacionados. No sólo porque simbolizan la más violenta afrenta contra la libertad de expresión, base de todas las demás libertades y fundamento de la dignidad humana, sino porque buscan apagar uno de los gestos que nos diferencian de los animales: el sentido del humor.

El humor nos hace libres, nos libera del totalitarismo. Por eso, mientras el país gozaba con los ácidos comentarios de Jaime Garzón, se cuenta que en su campamento de Córdoba le hervía la sangre al jefe paramilitar Carlos Castaño.

Como debía hervirles a los autores del atentado de la mañana de este miércoles en Francia. La escena es escalofriante. Arma en mano, el terrorista ve a una de sus víctimas heridas en el asfalto. Se acerca y a menos de medio metro le dispara en la cabeza. Previamente, los tres hombres vestidos de negro, encapuchados, habían entrado a la sede del semanario al grito de “Alahu al akbar” (“Dios es grande”).

Por su nombre, preguntaron por tres de los caricaturistas, entre ellos el director de la publicación, y los mataron. Durante más de diez minutos, según los reportes, hicieron más de 30 disparos contra periodistas y empleados de la revista.

Luego salieron y prosiguieron su matazón. Tras esto, abordaron un carro y huyeron. Tras escribir una de las páginas más horrendas en contra de la libertad de expresión, la pregunta natural es: ¿Lograron su objetivo? Al echar un vistazo a la mayoría de medios del planeta, la respuesta es no. En todas están las caricaturas que a ellos los ofuscaban.

No son simples dibujos, ni chistes de doble sentido lo que crea esta publicación. Sino un humor político serio y riguroso que invita a la reflexión. Como lo que hacía Jaime Garzón en Colombia. Que molestaban, sí; que provocaban, sí; que invitaban a pensar, también.

Tras la enorme controversia creada varios meses atrás por su publicación de las caricaturas de Mahoma, Gérard Biard, el redactor jefe encargado de los textos, dijo en una entrevista: “¿Cuál es la responsabilidad de un periodista? ¿Contar la actualidad o ceder a la violencia? Creo que es comentar lo que pasa, sobre todo si entra de lleno en la línea editorial, como pasa en este caso. Nosotros combatimos las religiones, todas ellas, cuando entran en la esfera pública y política. ¿Cómo se puede justificar que unos periodistas se prohíban tratar la actualidad? La autocensura es el principio del totalitarismo”.

A la pregunta de si no estaban alimentando el racismo y la islamofobia con su revista, respondió: “Criticar una religión no es racista. Una democracia no se define por su religión sino por la libre expresión de las ideas. La religión debe ser privada. Los musulmanes no son de una raza, son de todas las razas. Las personas que se definen como musulmanas exclusivamente se dejan manipular por sus líderes religiosos, que les dicen que su identidad es su religión. En Francia la identidad es la ciudadanía. No es Dios quien nos da el derecho al voto”.

Y después apuntó que pese a las intimidaciones, seguirían adelante en su trabajo: opinar, hacer humor político. En la publicación ellos eran conscientes de los riesgos. El director de Charlie Hebdo, Stéphane Charbonnier, le dijo a Miguel Mora, del diario El País, mientras era fotografiado con el puño en alto y enseñando orgulloso su portada de Mahoma, “si nos planteamos la cuestión de si tenemos derecho a dibujar o no a Mahoma, de si es peligroso o no hacerlo, la cuestión que vendrá después será si podemos representar a los musulmanes en el periódico, y después nos preguntaremos si podemos sacar seres humanos... Y al final, no sacaremos nada más, y el puñado de extremistas que se agitan en el mundo y en Francia habrán ganado”.

Hoy él está muerto, pero sus dibujos están vivos en todo el planeta. Algo similar a la imagen intimidante de Castaño, que empieza a volverse difusa mientras en muchas universidades se estudia el aporte inteligente de Jaime Garzón a la construcción de nuestra sociedad.

*Director de Semana.com
Twitter: @armandoneira

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