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Opinión

  • | 2015/01/26 18:00

    Pastrana en Venezuela

    Con su viaje al vecino país, Andrés Pastrana lleva al escenario internacional su rivalidad con Santos y Samper.

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En los últimos meses el expresidente conservador Andrés Pastrana Arango ha estado bastante activo. Anunció que se iba del país por amenazas contra su vida, se volvió un feroz crítico del proceso de paz y se embarcó en un viaje a Venezuela cuyo eco aún se escucha nítido. Los temas son distintos pero, en todos, gravita su rivalidad cada vez más ardua con el presidente Juan Manuel Santos.

Cuando se anunció la salida de la cárcel de Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’, uno de los sicarios más temibles del capo Pablo Emilio Escobar Gaviria, hubo una modificación en el esquema de protección del expresidente: se le cambió el coordinador de su escolta, de un coronel de la Policía a un capitán también de esa institución, aunque el número de hombres que lo protegían se mantuvo intacto. Pastrana interpretó este movimiento -que la Policía calificó de rutinario- como una inquietante señal de que iban a matarlo. “El mismo día en que se anuncia la salida de mi secuestrador de la cárcel, el Gobierno retira mi seguridad y la de mi familia”, escribió en su momento en su cuenta de Twitter.

Luego fue de emisora en emisora relatando una comparación llamativa: lo mismo le había pasado en las horas previas a su asesinato al caudillo liberal Luis Carlos Galán. Y más sorprendente aún, anunció que tomaba el camino del exilio porque aquí la administración Santos no le garantizaban su vida. En efecto voló al exterior, pero volvió en silencio a los pocos días.

Pastrana mantuvo durante un tiempo un mutismo que rompió con una serie de críticas al proceso de paz: primero en una carta al presidente Santos, que luego amplió en una entrevista con La W. Pastrana dijo, entre otras cosas, que el equipo negociador del Gobierno Santos en La Habana pactó con las FARC que podían hacer política con armas: “¿Vamos a hacer política con unas FARC armadas y los colombianos desarmados?”, preguntó el exmandatario. El Gobierno le respondió que sus hipótesis eran tan “mentirosas” que sólo se podían calificar de “delirantes”.  “Es una carta delirante llena de mentiras sobre el proceso de paz”, aseguró Juan Fernando Cristo. El ministro del Interior le dijo, además, que todos los aportes de Pastrana serían bienvenidos pero que por favor se ajustaran a hechos verídicos y no a su nociva imaginación.

“Invitamos a los críticos a hacer un debate sobre el proceso con verdades, ideas y que sirva para buscar la reconciliación. De sólo leer la carta salta a la vista que son inventos que no corresponden a la realidad”.

Entre tanto, Pastrana había tenido una polémica con su excomisionado de paz, Víctor G. Ricardo, por el asunto de la silla vacía en El Caguán. Según este, Pastrana fue previamente informado de la ausencia de Manuel Marulanda Vélez en la instalación de las conversaciones con el país como testigo. Los críticos de Pastrana aprovecharon esta circunstancia para enrostrarle su superficialidad a la hora de tomar decisiones. Ricardo contó que el acto se realizó a pesar de las advertencias porque Pastrana creyó hasta último minuto que ‘Tirofijo’ no lo iba a hacer quedar mal. Él se defendió con la tesis de que su frustrada negociación en la selva fue transparente mientras que lo que pasaba en la isla era un secreto.

Hasta ahora, empero, todo esto se quedaba en la discusión política local. Una pugnacidad que no salía del ring de la provincia. Los focos, sin embargo, caen otra vez sobre Pastrana por su frustrada ida a Caracas para visitar al líder opositor Leopoldo López. El expresidente aceptó que no tenía permiso para entrar a la cárcel, pero aún así fue. Y allí dejó su mensaje: “Lamento que los demócratas de América Latina hayan dejado sola a Venezuela”. Acto seguido añadió: “El gobierno de Nicolás Maduro ha dicho que no es un preso político y quedó claramente demostrado que es un preso político”.

¿En qué difiere esta actuación de Pastrana de lo hecho hasta ahora? Con este gesto, Pastrana dice que visibilizó la deteriorada situación en materia de derechos humanos que se vive en Venezuela, lo cual es cierto. Pero ¿lo hizo como un acto altruista? ¿O buscaba poner en una situación aún más incómoda al presidente Santos? De hecho, su viaje recibió más audiencia mediática que el del presidente a Francia, en donde se reunió con François Hollande. Y de paso, Pastrana golpeó a su eterno enemigo Ernesto Samper, hoy presidente de Unasur, un organismo que controla a Nicolás Maduro, por su silencio en la crisis de Venezuela.

La visita de Pastrana entonces se puede interpretar como una acción audaz para obtener protagonismo, un gesto de imprudencia que pone al país en una difícil situación o el simple cambio de escenario de la gresca política que ahora libran el presidente Santos y los expresidentes. De hecho, Pastrana sabe que no está solo en esta ocasión: “La visita del expresidente Pastrana a Venezuela salva el honor de Colombia”, escribió en Twitter Álvaro Uribe Vélez.

*Director de Semana.com
Twitter: @armandoneira

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