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Opinión

  • | 2015/04/09 18:00

    ‘Trinidad’ y ‘Jorge 40’: “No nos equivocamos”

    En este 9 de abril, Día de las Víctimas, dos de los más reconocidos victimarios insisten en que ellos tenían razón al empuñar las armas.

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¿…Y qué pensarán los victimarios este 9 de abril cuando se les rinde un homenaje a las víctimas? Tras echarle un vistazo al pasado y observar lo que hicieron, ¿derramarán al menos una lágrima por el dolor causado? Al ver los rostros de los desplazados, de los mutilados, al leer los nombres de los miles que cayeron exclamarán: ¡¿Dios mío, qué hemos hecho?!

Es una paradoja, pero dos de los más reconocidos guerreros vuelven a ser noticia en esta jornada porque desde la soledad de sus prisiones, en Estados Unidos, reivindican que tenían razón, que donde estuvieran aquí en su cálido pueblo natal estarían buscando al enemigo, a su compadre, para matarlo, rematarlo, y liberar para siempre a sus tierras de la opresión, del otro.

Se trata del administrador de empresas Rodrigo Tovar Pupo y del economista Juvenal Ovidio Ricardo Palmera. Sus nombres reales poco dicen. En cambio, sus alias intimidan: el paramilitar ‘Jorge 40’ y el guerrillero de las FARC ‘Simón Trinidad’. Ambos desde sus celdas en Estados Unidos han mostrado su piel de hierro para reclamar que prefieren morirse tras los barrotes que traicionar sus ideales.

El primero le acaba de decir a la Justicia de ese país que no tiene por qué negociar y que soportará la pena de 30 años. “Jorge sólo piensa que él tiene la razón en todo. En su ideología supone que la única realidad es la que él cree que es. Es un fanático de sí mismo”, cuenta un abogado que lo acaba de visitar. “Simón está muy fuerte, confía en viajar a Cuba para reunirse con sus compañeros de las FARC”, explica una fuente que prefiere reservar su nombre.

Esta es la increíble historia de estos dos compañeros de parranda que acabaron convertidos en enemigos a muerte. Su insistencia para defender sus causas extraviadas refleja las dificultades para la reconciliación, la paz real.

¡Que viva la música!

A finales de la década de los 80, el nombre de Ricardo Palmera corría de boca en boca en Cesar pues Diomedes Díaz lo había incluido en su vallenato titulado El mundo. Es una canción que habla de las injusticias sociales a las que hace frente gente buena como se consideraba en la época al gerente del Banco del Comercio de la ciudad: “...Y por eso a Ricardo Palmera lo queremos tanto, él es el mismo ejemplo”, entonaba la voz del Cacique de La Junta.

Por aquel entonces, Ricardo Palmera y Tovar Pupo vivían en la calle Santo Domingo, una de las cuatro de la plaza Alfonso López de Valledupar. La de la familia Palmera estaba detrás de la tarima Francisco el Hombre. Y a cien metros, en la misma cuadra, la de Tovar Pupo. Ambos crecieron en ambientes privilegiados, provenían de familias en las que reinaban las buenas costumbres, la decencia y la educación.

Ricardo Palmera nació el 30 de julio de 1950. Estudió en el Colegio Helvetia, de donde salió para la Escuela Naval, donde cursó un año adelante del presidente Juan Manuel Santos. A su padre, don Ovidio Palmera, le decían la “conciencia jurídica de Cesar”. Estudió Economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y se casó con la “distinguida jovencita barranquillera Margarita Russo” (con la cual tuvo dos hijos) y llegó al cargo de gerente regional del Banco del Comercio.

El amor y las armas

A los 36 años de edad, se fue para la Sierra Nevada de Santa Marta, se integró al Bloque Caribe de las FARC y jamás volvió a firmar con su nombre original sino con el de ‘Simón Trinidad’. La noche previa a su partida, sus amigos lo vieron con sus dos hijos en una ciudad de hierro. Subió a los niños a las máquinas, les compró globos, helados, se rio con ellos, los llevó a su casa, les dio el beso de las buenas noches y luego se fue para el monte. Una versión dice que no sólo lo hizo por sus sólidas convicciones políticas, sino que se alzó en armas impulsado por la fuerza del amor. En la guerrilla estaba Victoria Rubio, la ‘Toya’, una bella mujer de la que estaba perdidamente enamorado.

Por aquella época las FARC eran vistas como una organización que resolvía asuntos de justicia de los que el Estado se había ido olvidando. Por ejemplo, el robo de algunas reses, el incumplimiento de algún contratista para hacer alguna vía y hasta peleas de pareja.

Entonces abundaba la riqueza. Los informes de la época dan cuenta de que en el departamento de Cesar se sembraban 300.000 hectáreas de algodón y había cinco millones de cabezas de ganado. “No podíamos comer en paz porque el ganado se metía hasta el comedor y tocaba levantarse a cada rato para espantarlo”, recuerda con nostalgia un ganadero de la zona.

Por eso, a Tovar Pupo, una generación menor que la de ‘Simón Trinidad’, en un principio le importó poco la decisión de Palmera. Este seguía aferrado a la nostalgia de los días de fiesta. Quienes los conocieron recuerdan que se les veía felices y muertos de la risa en el exclusivo Club Valledupar. “Tenían un extraordinario sentido del humor, eran buenos bailarines y contaban con un éxito arrollador entre las mujeres”, recuerda un amigo de parranda.

Adiós a la mujer y a los hijos

Tovar Pupo nació el 19 de noviembre de 1960 en Valledupar y estudió en el Colegio San Viator de Bogotá. Luego entró a la Escuela Militar de Cadetes. Estudió administración financiera en la Corporación Universitaria Santander. Su padre también irradiaba respeto en la región, fue un distinguido oficial del Ejército y director departamental de la Defensa Civil en Cesar.

A esta historia corriente de dos jóvenes con vidas paralelas se le metió la guerra del país. Todo explotó con la crisis del algodón. En menos de cinco años, el departamento disminuyó a la mitad sus cultivos. Luego más y más hasta llegar a las exiguas 5.000 hectáreas sembradas de las 300.000 que había en los tiempos de prosperidad.

El martes 8 de mayo de 1990, ‘Simón Trinidad’ sorprendió al oficializar en una entrevista con el Diario del Caribe su decisión de entrar a las FARC. “Usted habla del sacrificio de madres e hijos en la historia del país. ¿Por qué sometió a su familia a ese sacrificio al entrar a la guerrilla?”, se le preguntó. “Porque yo tengo que pensar más allá de mi mujer o de mis hijos. Y no soy yo solo. Somos todos los guerrilleros de este país que pensamos en todos los hermanos, en todos los padres, en todos los hijos que se acuestan sin saber si mañana podrán comer”, respondió. “¿Cómo fue que usted, habiendo nacido en el seno de una familia de la oligarquía vallenata, hubiese resultado comandando un frente guerrillero?” ‘Trinidad’ soltó una risotada y luego de una pausa, pensó, frunció el ceño y respondió: “Bueno... yo tengo, ciertamente, ese punto negro de pertenecer a la rancia oligarquía vallenata”.

En la foto del reportaje aparece ‘Simón Trinidad’ vestido de campesino, con botas pantaneras, sin camuflado. Eran los tiempos en que las FARC eran pobres. La entrevista fue en el corregimiento de Estados Unidos, en el municipio de Becerril. No faltaron las bromas. “Ese Palmera, haciendo chistes. Como muchos soñaba con irse para Estados Unidos pero escogió este porque le quedaba más cerca de la ciudad”. Ese pueblo llamado como el país del norte, los marcaría a ambos.

Las FARC empezaron a hacer pequeñas retenciones en las que les cobraban a las personas una ‘ayuda’ para la causa. Luego estas se volvieron secuestros frecuentes y largos cautiverios. Las víctimas caían en las fincas, en los caminos, en las carreteras y siempre coincidían en ser las personas más prestantes, las mismas que en su momento fueron amigos de Ricardo Palmera. Los que no cedían a la extorsión caían asesinados.

De las leyes a los fusiles

Las FARC, de la mano de ‘Trinidad’, convirtieron el secuestro en una plaga de Cesar. A mediados de los 90, el promedio anual de secuestrados en el departamento era de 125. Los dueños de la tierra se organizaron. En un principio, el joven Tovar Pupo decidió enfrentar las cosas a través de las leyes. Fue la estrella del primer alcalde elegido por voto popular en Valledupar, Rodolfo Campo Soto, quien lo nombró por su honestidad en el cargo de secretario de Hacienda. Sin embargo, la fuerza de la guerra había adquirido una dinámica que nadie podía detener.

Tovar Pupo se obsesionó con la guerra y con quitarles a las FARC su inmenso poder. Uno de los hombres que vivieron esa triste metamorfosis analiza lo ocurrido. “Falló el Estado, nos dejó tirados”. Él recuerda que los grupos de autodefensa en la región se fueron formando casi involuntariamente. “Estábamos atrapados, pero queríamos seguir viviendo. Entonces las familias, para cuidarnos, contratamos seguridad privada. Primero un par de escoltas, luego otro y otro, así hasta que nos dimos cuenta de que cuando íbamos a las reuniones sociales había más gente armada que invitados”.

Un día Tovar Pupo fue detenido mientras conducía un vehículo en el que llevaban un cargamento de armas. Fue llevado a Bogotá. Estuvo recluido unos días, pero inesperadamente fue liberado y regresó para despedirse de su esposa y sus tres hijos, a quienes dejó como lo había hecho años antes ‘Simón Trinidad’. A sus 37 años se fue para las bandas criminales de extrema derecha y adoptó el nombre de ‘Jorge 40’.

En una ofensiva sangrienta que incluyó varias masacres, las AUC, bajo su mando en este departamento, le dieron en menos de cinco años un cambio a la guerra. En Cesar, espantaron a punta de dolor a las FARC.

El viaje al otro Estados Unidos

Y como cruel ironía de esta historia, ambos fueron a buscarse mutuamente a Estados Unidos, aquel corregimiento de Becerril, a dos horas de Valledupar. Lo que empezó entre ambos como una batalla de insultos, terminó en una confrontación con niveles de sevicia inimaginables. Al final, los dos terminaron extraditados y Estados Unidos quedó convertido en un pueblo fantasma en donde la maleza penetró por las ventanas, traspasó las puertas, derribó techos y dejó las 123 casas del lugar convertidas en guaridas de animales de monte.

‘Jorge 40’ y ‘Simón Trinidad’ protagonizaron la sangrienta pelea por Estados Unidos porque este corregimiento es la puerta de acceso a la Serranía del Perijá. En el pueblo sólo quedaron nueve personas y, según estimativos de la Alcaldía de Becerril, hubo 500 muertos en la región.

Los paramilitares fueron a las mismas viviendas en las que habían dormido los guerrilleros y señalaron a sus habitantes como auxiliadores. La gente fue sacada a empellones y culatazos hasta el parque principal. Fusilaron a unos. Se llevaron a otros y se marcharon. La guerrilla se replegó, pero no desapareció.

Un estudioso de la violencia de la región recuerda que ‘Jorge 40’ entró en furia por lo que consideraba métodos blandos. Según su teoría, “si no se castigaba de manera ejemplar a ese pueblo de subversivos, la guerra no se ganaría jamás”. Sus órdenes se cumplieron de manera brutal.

El 15 de junio del 2001, por ejemplo, los paramilitares salieron de Becerril y recorrieron en seis camionetas burbuja los 19 kilómetros que separan el casco urbano del corregimiento de Estados Unidos. Los hombres, todos con vestido militar y encapuchados, sacaron a la gente del pueblo y la concentraron en el pueblo. A un joven de 21 años, Samuel Durán, lo amarraron a varios caballos. Empezaron a correr con él. Fue arrastrado. Luego lo picaron con cuchillos. Y finalmente, lo mataron a pedradas. Nadie lloró porque los asesinos advirtieron que quien lo hiciera se estaba confesando como amigo del guerrillero. Según los testimonios, descuartizaron a sus víctimas y arrojaron las partes para que las devoraran los animales.

De las selvas a las celdas

La confrontación entre los dos protagonistas de esta historia cambió el 2 de enero del 2004. Ese día ‘Trinidad’ fue capturado en Quito, Ecuador, y el primero de enero del año siguiente extraditado a Estados Unidos, el país. Posteriormente, el 9 de marzo del 2006, ‘Jorge 40’ se desmovilizó con 4.000 hombres del Bloque Norte de las AUC en cercanías de Valledupar. El 13 de mayo del 2008 fue extraditado a Estados Unidos porque el presidente de entonces, Álvaro Uribe Vélez, argumentó que seguía delinquiendo desde la cárcel.

“Yo creo que tanto Ricardo Palmera como, luego, Rodrigo Tovar estaban tan convencidos de poder cambiar el estado de injusticias, que al igual que Simón Bolívar dejaron sus comodidades y se echaron a las batallas”, dijo en su momento Ciro Pupo, entonces alcalde de Valledupar y primo hermano de Rodrigo Tovar.

Lo cierto es que la guerra les cambió drásticamente el estado de ánimo. Antes eran espontáneos, abiertos, cordiales, de buen humor, como la gente típica de Valledupar. Hoy ambos son serios, tajantes y no permiten siquiera que la gente los llame por su nombre.

‘Jorge 40’ hoy y, contrario a los temibles Salvatore Mancuso y Juan Carlos ‘el Tuso’ Sierra, que negociaron sus penas delatando a otros, pidiendo un perdón, fingido o no, se mantiene inflexible. Dice que él hizo lo correcto y que gracias a él el país se salvó de caer en las garras del comunismo. Es posible, le dijeron sus abogados, que muera en la cárcel si no cede. “Aquí me muero, pero yo tenía razón”, respondió.

‘Trinidad’ tiene 65 años de edad y está condenado a 60 años de cárcel. Su nombre se menciona cada vez más por la posibilidad de que sea liberado y se sume a la Mesa de Negociaciones en La Habana, como lo piden sus compañeros de las FARC que siempre que hablan de él lo hacen con orgullo. Enfrentó dos juicios: uno por narcotráfico y terrorismo y otro por secuestro. El primer expediente nunca prosperó, el segundo sí. Se le halló culpable de “conspirar para mantener a tres ciudadanos estadounidenses como rehenes”.

Y como cuando en sus tiempos en los que se fue a hacer realidad sus sueños de revolución, en la isla el Secretariado reclama el derecho a la rebelión. “Manifestamos que no es posible un acuerdo que contemple un solo día de cárcel para ningún guerrillero por el hecho de haber ejercido el derecho a la rebelión, alto valor de la humanidad, para acabar con las injusticias que ha padecido nuestro pueblo”.

En otras palabras, ‘40’ y ‘Trinidad’ creen que actuaron ejemplarmente, que no se equivocaron. Y ninguno,  muestra siquiera una señal de arrepentimiento. Por eso, en este día de las víctimas, sus discursos, los de ambos, ofenden. Y ante la pregunta ¿…y qué pensarán los victimarios este 9 de abril cuando se les rinde un homenaje a las víctimas? La respuesta, sin mencionarla, produce desazón.


'Jorge 40' es custodiado por agentes de la DEA en Estados Unidos. Mayo del 2008.


'Simón Trinidad' es custodiado a un aeropuerto militar en Bogotá, como parte de los preparativos para su extradición. 31 de diciembre del 2004.


*Director de Semana.com
Twitter: @armandoneira


Es autor de los reportajes
Vidas paralelas
La guerra por Estados Unidos
Ambos textos fueron publicados en SEMANA y de allí se tomó información para esta columna
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