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Opinión

  • | 2014/04/09 00:00

    La industrialización del arracacho

    La empresa BIOMAS SAS ha desarrollado un estudio sobre el uso de la biomasa del arracacho como biocombustible para generar energía eléctrica limpia y renovable en Chocó.

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Hace 53 años que la Sociedad Colombiana de Economistas formuló un novedoso plan de fomento para impulsar el desarrollo del Chocó, cuya coordinación estuvo a cargo del economista Miguel Fadul. Fue un estudio donde se examinaron las necesidades económicas y sociales del Chocó. Su finalidad fue aumentar la producción de bienes y servicios e impulsar el desarrollo y el crecimiento económico del Chocó. Plan que al final se convirtió en una farsa debido a que fue un programa bien estructurado en la teoria pero inaplicable en la práctica. 

Más allá de la falacia del gobierno central  que “ buscaba” sacar al Chocó del atraso y la pobreza,  al leer a quel mamotreto lleno de buenas intenciones, llama la atención el capítulo que habla de la industrialización del arracacho. 

Una planta silvestre de la familia de las aráceas, conocida popularmente como rascadera, que crece en los humedales de la cuenca baja del río Atrato y en las zonas lacustres de los ríos del andén del Pacífico. Una especie que los campesinos consideran como “maleza” y que no le habían dado ningún tipo de uso doméstico ni comercial. 

En aquel plan se reseñó que ancestralmente los chocoanos tenían la empírica creencia que su industrialización sería una fuente importante de riqueza para el Chocó. Fadul y su equipo de investigadores después de evaluar sus potencialidades económicas e industriales, basadas en varios estudios que habían realizado desde 1939 investigadores nacionales y extranjeros, concluyeron que no servía como materia prima para el desarrollo industrial.

En consecuencia determinaron que el arracacho debido a su reducido contenido de su celulosa no era una materia prima viable para la producción de pulpa para la industria textil, plásticas, lacas o pinturas. Por lo tanto, recomendaron “abandonar cualquier esfuerzo orientado a utilizar esta planta como materia prima para producir pulpa de papel”. 

Pero cuando se seguía pensando que el arracacho sólo servía como una planta importante en la regulación de los ecosistemas de las zonas lacustres del Atrato y sus afluentes para la preservación de especies de peces como el bocachico, resulta que en una investigación elaborada, entre el 2004 y el 2006 por la empresa BIOMAS SAS se demuestra que su biomasa es una excelente fuente para la producción de biocombustible.  

El estudio de BIOMAS SAS demuestra que la ‘pelletización’ de la biomasa generada por el arracacho es una valiosa fuente para generación de energías limpias y renovables. Además certifica las bondades del uso de sus pellets como biocombustible en plantas térmicas para generar energía eléctrica renovable, como sustituto del ACPM en las zonas no interconectadas del Chocó. 

Los pellets son biocombustibles en forma de partículas cilíndricas, producidas a partir de biomasa vegetal. El arracacho produce alrededor de 260 toneladas de biomasa fresca por hectárea anualmente y como resultado de este análisis, las áreas aprovechables son del orden de las 66.000 hectáreas, de los cuales con un corte alterno cada dos años, permite la producción de más de un millón y medio de toneladas de pellets.

En el 2008, la Corporación Autónoma para el Desarrollo Sostenible del Chocó (Codechocó), adjudicó un permiso por 30 años a los consejos comunitarios de las comunidades negras de Cacarica, Domingodó, La Larga, Tumaradó, Quiparadó, Salaquí y La Nueva para la explotación del arracacho con fines industriales. Pero siete años después el proyecto no arranca por la falta de regulación de la utilización de su biomasa como biocombustible.

Un proyecto ideado para ser desarrollado en los municipios chocoanos de Unguia, Carmen del Darién y Río Sucio. Una zona que tiene los índices de calidad de vida más bajos del país, el 80 % de la población tiene necesidades básicas insatisfechas, la pobreza es del 70 %; el analfabetismo alcanza un 37 %; la cobertura de salud no alcanza un 30 %; los niveles de mortalidad son del 8 % y la mortalidad infantil se aproxima a 45 % por cada 1.000 niños.

Se calcula que su impacto beneficiará a una población de más de 52.000 habitantes y en su primera fase de ejecución generarían alrededor de 5.000 empleos directos y cultivando a futuro la especie en las tierras disponibles, alrededor de 500.000 hectáreas, el número de empleos directos podría aumentar hasta 200 mil empleos. 

A pesar que es un tema trascendental para la generación energías limpias y renovables en Colombia, existe un profundo desconocimiento de las autoridades energéticas sobre su potencial. De allí se desprende su falta de regulación, en virtud de que su biomasa como biocombustible no se ha reglamentado como en los casos del biodiesel y el etanol de la caña de azúcar.

En Twitter: @j15mosquera
jemosquera@une.net.co
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