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Opinión

  • | 2003/03/01 00:00

    Arte: ¿cosa seria?

    El espacio independiente La Rebeca decidió quitarle lo serio al arte. Por eso hizo la convocatoria abierta 'Todo sobre George', en la que el protagonista es un perro. A raíz de esta muestra, Ricardo Arcos?Palma, artista de la Universidad Nacional y la Sorbona de París, escribe sobre cómo el arte también puede ser una "mamadera de gallo".

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"Los artistas crean lo cómico; habiendo estudiado
y reunido los elementos de lo cómico, ellos saben
que tal ser es cómico, y que él no lo es que a condición
de ignorar su naturaleza; así mismo que, por una ley
inversa, el artista no es artista que a condición de ser
doble y de no ignorar ningún fenómeno de su
doble naturaleza".
Charles Baudelaire. De l'essence du rire.


Se tiene una idea -equivocada en ocasiones-, de que el arte es un asunto de extrema seriedad. Así como en otras ocasiones también, se cree que es pura "mamadera de gallo". La primera idea, nos hace pensar en las obras de arte que hay que admirar, y remirar, con respeto y admiración, bajando la cabeza y casi arrodillándose frente a ellas, imaginando que esa cosa que vemos es algo realmente serio: como lo hacen los espectadores frente a la Monalisa de Leonardo da Vinci en el Louvre, como si se tratara de un objeto de culto casi religioso, donde el anonadado espectador apenas se atreve a murmurar. La segunda idea nos remite concretamente a la historia del arte del siglo XX. El arte no solamente no es serio, sino que es de mal gusto, decían los dadaístas hace casi un siglo, en clara actitud provocadora frente al arte burgués. El siglo XX se despierta entonces con una gran carcajada de parte de los artistas que hacían "obras" que escapaban a esa seriedad y sobriedad que envolvía la obra de arte. Carcajada que atravesó todo el arte moderno hasta nuestros días: la famosa conferencia de Tristan Tzara, en la que no hubo discurso, sino una acción, donde el artista sacaba de un maletín, una serie de calcetines; los bigotes de la Monalisa pintados por Dalí y Duchamp en una reproducción del cuadro de Da Vinci; La fuente (orinal) de Marcel Duchamp, que en realidad era una farsa para burlarse de un jurado de arte, donde él mismo hacia parte; Mierda de artista de Manzoni, quien en latas de conserva, pretendió enlatar sus propios excrementos; Koons con su famoso y ficticio matrimonio con la Ciciolina, de donde surgió una película porno, y varias esculturas. En fin la lista sería interminable. Eso nos demuestra que el arte puede ser un divertimento: que en ocasiones está provisto de una clara actitud crítica e irónica, frente a sí mismo y los mecanismos que le validan.

Hasta ahí todo va bien. El problema surge, cuando aquello que era una broma, una burla, un divertimento, pura "mamadera de gallo", se toma en serio. Eso sí que es un problema. Y el problema parece escaparse de las manos de los mismos artistas, cuando éstos asumen, lo que en principio era tomadera de pelo, como algo serio. El conocido caso de Duchamp y su fuente-orinal. Eso que en un principio fue pura tomadera de pelo, se convirtió en el paradigma del arte de la segunda mitad del siglo XX. A tal punto que el mismo Duchamp terminó por creerlo. Es decir que él mismo terminó convencido de que en realidad existe algo de serio en la burla y el humor.

En Bogota, el espacio independiente La Rebeca -dirigido por Michèle Faguet-, decidió "quitarle lo serio" al arte como lo explicó la propia Faguet en una nota publicada en El Tiempo. Eso significaría que en Bogotá hay arte serio. Pero bueno, para no perdernos en meandros especulativos de lo que es considerado como serio y aquello que no lo es, sigamos. Para poder quitarle seriedad al arte: se hizo una convocatoria abierta donde el tema fue "Todo sobre George", donde el nombre alude, no al gringo del norte (mamerto!), sino al perrito de Faguet, que "convivió con artistas emergentes de México y Colombia". Digo convivió pues según lo publicado en la pagina web de La Rebeca, parece que al pobre lo atropelló una buseta antes de la inauguración de la exposición. Esto a los ojos de profanos puede ser tomado como algo que escapa a lo "tradicional". ¿Cómo hacer una convocatoria artística alrededor de un perro? ¿Qué es esto? Podrán preguntarse algunos sorprendidos y quizás indignados. Lo que sí es cierto es que algunos artistas se tomaron la cosa en serio y participaron en la famosa convocatoria que se abrió al público en estos días. Hasta la misma Faguet parece haberse tomado en serio la cosa, pero ¿por qué no si Duchamp también lo hizo? No hay que sorprenderse, pues aunque este mecanismo algo dadaísta y por ende extremadamente moderno, aún parece seguir teniendo sentido en el contexto bogotano. Y además, ¿por qué no un perro (George), como objeto artístico? Michèle Faguet, lo sabe mejor que nadie, pues de donde viene ella, l'égalité, la liberté et la fraternité, son tan vastos que también cubren a los animales en especial a los perros: cementerios para perros, asociaciones como la de Brigitte Bardot, que les defienden de los abusos de sus amos; moto-aspiradoras, para levantar sus generosas ofrendas escatológicas, que por cierto cuando no pasan, el pobre transeúnte se ve en serios aprietos. En fin, ¿por qué no un perro como objeto de arte, si despierta tantas elucubraciones? Pues como dijo Jaime Cerón, que alguien dijo: George "es un individuo mexicano, de pequeña estatura, piel oscura y de baja alcurnia", rasgos estos, según Cerón, que se han convertido en cliché de lo latinoamericano en el contexto internacional. Además los perros han sido protagonistas de nuestro imaginario -gracias a Hollywood-, basta con recordar a Rintintín, Lassie, y a Benji claro está. Entonces ¿por qué no George como "aglutinante" de la producción de artistas emergentes? En este caso se cumple a cabalidad lo del dicho popular "el perro el mejor amigo del hombre" (y el de la mujer claro está para dar gusto a las feministas), y al parecer de los artistas. Y al que le gustan los gatos... pues bueno eso es otro asunto, pues en cuestión de gustos no hay disgustos y valga la pena decirlo: así sucede en el arte.

Pero que a nadie le quede la menor duda, que los artistas -y los gestores culturales- también se divierten, pues ¿quién dijo que el arte es cosa seria, y aburridora, sobre todo en un país en guerra como Colombia, donde la miseria es enorme y la corrupción también lo es? George, qué perrada!

Nota bene: espero mis amigos de Bogotá no se tomen tan en serio este vistazo crítico.

París, enero 29 del 2003

*Artista-filósofo y crítico de arte. U. Nacional y Sorbona de París

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