10 agosto 2013

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Así fue (en verdad) la pelea de Valencia Cossio con Uribe

Por Daniel Samper OspinaVer más artículos de este autor

OPINIÓN“Me clavó la mano (negra) y me dejó como se ve ahora (antes yo era idéntico a Rafael Novoa)”.

Así fue (en verdad) la pelea de Valencia Cossio con Uribe.

Acaban de publicar el libro de memorias de Fabio Valencia Cossio y SEMANA reprodujo en su edición anterior (ver el link) uno de los capítulos más destacados: el de la fam
osa pelea a golpes entre el autor y Álvaro Uribe Vélez. 

En aras de recuperar la historia de Colombia de manera verídica, he conseguido el capítulo en bruto, tal y como fue escrito (y tal y como llegó a la editorial), antes de que un editor, al que fue necesario pagar horas extra, lo maquillara. He aquí el fragmento original del libro, que inicialmente se titulaba Ni cambiamos ni nos cambian:

“A Álvaro Uribe lo conocí en la universidad, en los años sesenta. Tenía afro y andaba con pantalones bota campana, pero no se ponía suecos porque desde ahí sospechaba que los suecos podían concederle a Santos el Nobel de la Paz. 

En Medellín éramos amigos y salíamos juntos de parranda. Él se tomaba sus aguardienticos y nos recitaba poemas de Jorge Robledo (Ortíz: no del senador del Polo, que es su nuevo mejor amigo), y discursos enteros de Uribe Uribe, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo. Después nos despertaba con baldes de agua helada. Recuerdo una vez que tomó más de la cuenta y se le salió el diablo. Se le salió por el oído derecho, concretamente. Se le sentó en el hombro y le susurraba consejos. Incluso ambos pensaron en lanzarse como fórmula a la Presidencia, pero tuvieron miedo de que la gente no votara por Uribe ni por el diablo.

Recogíamos novias en un R-4 que luego cambió por un M-16. También íbamos a la finca de su papá, nos mostraba la avioneta, y luego capaba bestias, un hobby que siguió llevando a cabo durante su mandato, en los consejos de ministros.

Nuestra amistad iba bien hasta que se realizaron las elecciones para la Gobernación de Antioquia. En esa época había dos grandes movimientos conservadores en el departamento: el mío, que se llamaba Coraje, y el de Belisario, que se llamaba Corega. 

Mi candidato enfrentaba a Álvaro Uribe, que en esa época era liberal, je, je. Es en serio. Bien. El hecho es que la contienda estaba muy reñida y recibí una llamada en la que me dijeron que su primo, Mario Uribe, había llegado a la sala de cómputos de la Registraduría: eso era algo muy irregular, en especial en Mario, que siempre había sido muy, pero muy regular.

Me fui a la Registraduría con mi hermano y unos tamales y lo increpé fuertemente, pero acordamos no decir nada para evitar un escándalo. Incluso le di un tamal. Pero cuando me estaba retirando, apareció Álvaro Uribe, se me vino encima y discutimos educadamente:

- ¿Qué hacés acá, gono@#$%% ?

- Otra pregunta, amigo… Otra pregunta.

- ¿Vinistes a robame las elecciones, o qué, hijue@#$%%? 

- Callate pues so gran@#$%%, o te doy en la jeta, marica.

- ¿Quemevaj a hacer? ¿Quemevaj a hacer?

- ¡Pedro Juan, llámate a Rito Alejo!... ¡José Obdulio, a Pablo!... ¡¡Vengan, parceros, que hay bronca!!

- ¡Pero venite vos solito, gran @#$%%!

- Yo me vengo solito pero para postergar el gustico, catre@·$/#

- Cruzá la línea, papá, acá donde escupo, care@#$%%!

- ¿Querés chumbimba o qué gono@#$%%?

- ¡Ay, tan machito el muy @#$%%! ¡Venite pues, tetra@#$%%!

- Guardá la cruceta (¡Lina, teneme el reló!) y preparate pues, pirobo.

- Y vos guardá la peinilla, so @#$%%.

- ¡Pero si tenés la pata enyesada! ¡El tuyo será esfuercito de caballo discapacitado, gran mar@#$%%!

- ¿Te cag @#$%% o qué, garbimba?

- Claro que no, gono@#$%%, pero botá la manopla, mal@#$%%

- Venite ahora sí, catre@#$%%, (Lina, guardame la puñaleta).

- ¡Vení, pues, hue@·$/#!

- (Lina agarrame el fusil). Tenete pues marica, hij@#$%%…

La pelea fue caballerosa, pero dura. Me clavó la mano (negra) y me dejó la cara como se ve ahora (antes yo era idéntico a Rafael Novoa, como lo leyeron en los capítulos referentes a mi acné juvenil). Uribe era todo un boxeador: se autodefendía muy bien y enganchaba unos jabs de ultraderecha tremendos. A la vez, yo pegaba muy buenos ganchos. Pero rectos sí ninguno de los dos. 

Hace poco le preguntaron a Álvaro por ese episodio y él respondió que había sido una pelea entre hermanos. Y es cierto. Fue una pelea entre hermanos. Pero entre hermanos como los que tenemos él y yo, es decir, casi una guerra de pandillas. 

De hecho, en un momento dado, él llamó a Santiago, que llegó con 12 amigos, y yo llamé a mi hermano Guillermo León, que llegó con alias el Indio. Se iba a armar tremenda plomacera porque encima José Obdulio llegó con el Osito. Pero para no dejarme yo llamé a mi hermano Ramiro, que les leyó en voz alta una de sus columnas de superación personal,  y eso nos salvó: gracias a eso todos se dispersaron.

Luego tuvimos varias diferencias con Uribe, pero siempre por pequeñeces: lo acusé de haber sido el responsable de las autodefensas en Colombia, por ejemplo, y demás insignificancias, todas perdonables. Pero es que los hermanos a veces pelean. Recuerden a Caín y Abel. O a los Corleone.

Después hicimos las paces y ya el resto de la historia se conoce: colé el articulito para que se quedara en el poder. Me volví su ministro estrella. Y durante su mandato me sentaba en su hombro derecho y le susurraba consejos al oído, que casi siempre obedecía”.
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