Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2010/09/11 00:00

Asilo diplomático

Como a Eréndira, a Santos no le van a alcanzar los periodos para pagarle al desalmado Uribe por haberle prendido fuego por accidente al tinglado uribista.

Asilo diplomático

El derecho de asilo, consagrado por la costumbre desde la Antigüedad y refrendado en los tiempos modernos por diversos tratados internacionales, consistía en que alguien, perseguido en su país, buscaba refugio en la extraterritorialidad de la embajada de un país extranjero. Pero ahora, gracias a la creatividad diplomática del uribismo y de su sucesor el santismo, estamos asistiendo a la práctica de una especie de derecho de asilo al revés: los perseguidos ya no buscan protección en las embajadas extranjeras acreditadas en su propio país, sino que lo encuentran en las embajadas de su propio país en territorio extranjero. Y nada menos que en calidad de embajadores.

Pero a veces no alcanza el cupo disponible. Así, para dejarle libre la embajada en Italia al ex ministro de Agricultura del presidente Uribe Andrés Felipe Arias, investigado por la Fiscalía por los fraudes cometidos bajo su ministerio en el programa Agro Ingreso Seguro, acaba de tener que renunciar a ella el ex ministro del Interior y de Justicia Sabas Pretelt, investigado por cohecho en el caso de la compraventa de la reelección de Uribe y ya condenado por lo mismo por la Procuraduría (aunque, curiosamente, sólo por la mitad de lo mismo: por la entrega de una notaría a cambio de un voto parlamentario, y no de dos a cambio de dos). Más suerte ha tenido en cambio el ex secretario de Prensa de la Presidencia César Mauricio Velázquez, nombrado por Uribe embajador ante el Vaticano, y confirmado por Santos: con lo cual ha podido alegar su fuero de embajador para negarse a responder ante la Fiscalía por sus oscuros tratos con delincuentes paramilitares en contra de los magistrados de las Altas Cortes.

Otros dos altos ex funcionarios uribistas estuvieron a un pelo ellos también de encontrar ese mismo curioso asilo diplomático al revés. El ex secretario general de la Presidencia Bernardo Moreno, que decidió in extremis no aceptar su nombramiento como embajador en Chile ante los avances de la investigación penal que se le sigue por las ilegales 'chuzadas' del DAS a esos mismos magistrados. (Tal vez se quejó Chile, que ya en tiempos de Uribe había tenido que albergar al embajador Salvador Arana, acusado de asesinato). Y la ex directora del DAS María del Pilar Hurtado, que estuvo a punto de tomar posesión como embajadora en Suiza (pero tal vez también Suiza se quejó de ser usada como basurero de delincuentes).

Uno que, en cambio, sigue bien escondido en su embajada en México es Luis Camilo Osorio, ex fiscal general de Uribe acusado de tener estrechos vínculos con los paramilitares.

Ya digo, sin embargo, que hay lo que en los aviones llaman overbooking. Ni aún reinaugurando embajadas abolidas en los primeros años de Uribe, como ha anunciado el gobierno que hará en varios países de Asia, y recuperando consulados desocupados por delincuentes hoy presos, como el ex director del DAS Jorge Noguera, darán abasto los puestos diplomáticos disponibles para brindar abrigo a todos los altos funcionarios del uribismo que han incurrido en conductas delincuenciales. ¿A dónde enviará el presidente Santos, por ejemplo, al ex ministro de Protección Social Diego Palacio, tan comprometido como su colega Sabas Pretelt en el asunto del intercambio de votos en el Congreso por puestos de notario? Eso, claro, para no hablar de los congresistas uribistas que todavía no están en la cárcel, que son legión. Como a la prostituida cándida Eréndira del cuento de García Márquez, a Juan Manuel Santos no le va a alcanzar la vida -o al menos los dos cuatrienios- para pagarle al desalmado Álvaro Uribe las deudas contraídas por haberle prendido accidentalmente fuego al tinglado del uribismo.

A todo esto Álvaro Uribe, el beneficiario de todos los delitos y las trampas ejecutados por sus subalternos, dicta en una universidad cátedra de buen gobierno. Es una universidad de los jesuitas, de acuerdo; pero hasta el jesuitismo debiera tener límites, si no éticos, por lo menos estéticos.

Y en todo este pantano de pestilencia, que es uribismo puro, llama la atención especialmente un detalle. La canciller María Ángela Holguín, que renunció por dignidad y asco a su cargo de embajadora ante las Naciones Unidas cuando Uribe pretendió usar esa Legación como oficina de pago de favores clientelistas, ahora no dice ni mu. Por lo visto ha perdido el olfato.

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