Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/06/12 00:00

Aún es la hora del ELN

Jaime Jaramillo Panesso analiza la oportunidad que se le abre al ELN ahora que desertó todo su frente en el oriente antioqueño.

Aún es la hora del ELN

El grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional, ELN, tiene una denominación que corresponde a los años posteriores de la Segunda Guerra Mundial, hace 60 años, cuando se inició un atropellado proceso de descolonización en África y Asia, producto de la recomposición política del mundo y de la crisis de gobernanza en los países colonizadores europeos como Francia, Inglaterra, Alemania, Bélgica y Holanda. Los territorios de ultramar sacudieron sus cimientos y en algunos aparecieron organizaciones nacionalistas que tomaron partida por el método insurgente armado para obtener la independencia mediante "las guerras de liberación nacional". Este camino, mutatis mutandis, ya se había recorrido en América Latina 150 años atrás cuando las "guerras de independencia", guiadas por Simón Bolívar, San Martín o Morazán, según el área geográfica, dieron al traste con la dominación española, salvo en Cuba que la realizó a fines del siglo XIX con José Martí.

El nacimiento en algunos países de América Latina de grupos guerrilleros, para replicar la gesta de la revolución cubana de 1959, enarbolaron la lucha de clases como ideología libertaria, lo cual es bien distinto a la liberación nacional de un pueblo colonizado, aunque le pusieran una etiqueta similar. Para llevar a cabo el objetivo de la toma del poder acudieron a la mezcla químico-doctrinaria de la guerra de clases y de nacionalismo radical y a eso le llamaron marxismo leninismo, aunque varios le agregaron el maoísmo en su larga "razón comercial", dando la impresión de estar al frente de una ecuación -por ejemplo PCC(ML)- y no frente a un destacamento revolucionario, acrónimos cuya interpretación estaba reservada a iniciados, porque ni la Policía, muchas veces, sabía de quién se trataba. En ese entorno nació uno de esos grupos, el ELN, cuya imbricación con las creencias religiosas de un sector católico redentorista le permitieron la militancia de sacerdotes como Camilo Torres, Domingo Laín y  Manuel Pérez, quien alcanzó la comandancia superior.

 Dos hechos son sintomáticos en los últimos meses. El primero: durante nueve meses el ELN dialogó con el gobierno de Uribe, por intermedio de la facilitación mexicana que luego el ELN tiró por la borda, so pretexto de que México se interponía en la aspiración de un candidato chavista, en ese momento, a la Secretaría General de la OEA, y que ese mismo gobierno perseguía al candidato opositor López Obrador. El diálogo se suspendió, México retiró sus buenos oficios y lo demás limbo. El segundo hecho es la deserción del Frente Héroes de Anorí, formado en 1985. El gobierno y la opinión pública le han dado la bienvenida sin triunfalismo militar. En una declaración magnánima del Presidente ha propuesto cese bilateral de hostilidades y reiniciación de los diálogos con otro país facilitador. Sin arrogancia y sin desafío, el Jefe de Estado vuelve y tiende la mano a una guerrilla que no ha sido militarmente derrotada y cuyo último Pleno ( reunión de la dirección nacional con sus jefes de bloques, áreas y frentes) resolvió impulsar una línea que privilegie lo político sobre lo militar.

¿Cuáles obstáculos mentales y orgánicos impiden el avance hacia la paz al ELN? Su naturaleza guerrillera anclada en la desconfianza montuna, la inseguridad de controlar todas las estructuras militares, el prejuicio político por el cual el gobierno de Uribe lo estaría utilizando para equilibrar la carga en su proceso con las autodefensas y lo que más los atemoriza: que un probable acuerdo con el gobierno le dé mayores votos si se abre paso la reelección. Todo este menú, como puede verse, es endogámico, egoísta y mira solo al beneficio propio. No se observa a Colombia ni a la paz de la patria en ninguna de esas argumentaciones que ya llevan dos años de entorpecer el camino. Acogerse a la mediación, más que facilitación, de un presidente como Lula que podría dar confianza a ambas partes, aceptar el cese bilateral de hostilidades y darle más ampliación a una vocería que no dependa tanto de la cárcel de Itagüí, podrían ser elementos a reflexionar. Pero es el momento para que el Coce (Comando Central) del ELN escoja entre su ombligo o el ancho camino de la democracia, de la política como etapa superior de la confrontación armada y del ingreso a la civilidad donde los estamos esperando hace rato.

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