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Opinión

  • | 1994/01/03 00:00

    AY HOMBE!

    Como si se tratara de una piqueria vallenata, Juán Gossaín responde un interesante informe de Daniel Samper en la revista Cambio 16, sobre Carlos Vives y el vallenato. El debate apenas comienza.

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"Yo había resuelto no hacer más canto desde el suceso del jerre-jerre porque Sabitas me demandó.
Pero en elmundo suceden casos y me dan ganas y no me aguanto, como a Juana Arias le sucedió... "
(Primera estrofa de "La Patillalera", de Rafael Escalona)
LO MISMO QUE ESCALOna, yo había jurado no volver a hablar más nunca de vallenatos -mi única y auténtica pasión, además de la patilla, el queso blanco, el béisbol y los huevos revueltos con cebolla y tomate- porque pensaba que, después de mi conferencia sobre cronistas y poetas del mundo vallenato, que leí el año pasado en el Festival de Música del Caribe en Cartagena, y también en la Casa de la Cultura de Valledupar, ya no me quedaba más nada que decir sobre ese asunto tan complejo y tan espinoso, tan grato y tan maltratado. Pero en el mundo suceden casos, y me dan ganas y no me aguanto, como a Samper ya le sucedió...
Resulta que en la última edición de la revista colombiana Cambio 16, la que entró en Circulación el 29 de noviembre pasado, Daniel Samper Pizano escribió una curiosa mescolanza de pinceladas folclóricas, ensayo histórico, crítica musical y noticia de farándula en relación con el prodigioso fenómeno de Carlos Vives y su música vallenata que ha conmocionado al país.
La primera impresión que tiene uno, leyendo el texto de Samper, es que lo escribió, una vez más, como aconteció hace algún tiempo con un artículo similar suyo para la revista Credencial, con el propósito de demostrar que fue él quien descubrió un mundo nuevo con su argumento para la serie de televisión "Escalona". Samper nos insinúa, aplicando la vieja leyenda costeña del pájaro milano, que tira la piedra y esconde la mano, que Samper descubrió a Vives, que Samper descubrió el vallenato, que Samper descubrió a Escalona, que Samper descubrió la televisión, que Samper, en fin, descubrió América, pero como un Colón invertido que fue primero de América hacia España. Los que siempre lo hemos admirado y lo seguiremos admirando, y lo hemos querido y seguiremos queriendo, y lo hemos considerado un orgullo de nuestro oficio de periodistas -y lo seguiremos considerando , tenemos Ia desgarradora sensación que Samper aprendió vallenatos por correspondencia.
Aprendió, para decirlo de una vez, leyendo el insuperable libro de Consuelo Araújo Noguera, "Vallenatología". Lo malo es que eso no lo enseña ni la Hemphill Scholl, que ofrece cursos de astronáutica por correo, con la garantía de que uno aprende a manejar un cohete espacial en el patio de su casa.
Pero hay cosas que los libros no dicen. No dicen, por ejemplo, que el vallenato no se baila por la misma razón que no se bailan las crónicas de periódicos: el vallenato es una crónica cantada sobre los hechos de la vida real que ocurren en esos pueblos macondianos, dormidos en la nata del medio día, donde un dueño de carros se lleva a las muchachas. Y yo vi, con estos ojos que se han de comer los gusanos -"y el día esté lejano"- el estropicio que se armó una tarde de sábado radiante en la plaza de Valledupar.
La gente corría enloquecida. Las mujeres gritaban. Los hombres se agarraban el sombrero para que, en el tropelín, no se lo llevara la brisa. Pensé que había un incendio. Pregunté qué diablos era lo que pasaba. Y un hombre, compadecido de mi cara de susto, me dijo, al pasar, a las volandas:
- "Corre, que en la casa de Nandito Molina hay un cachaco bailando".
Era Samper, claro. Estaba bailando. Era la primera vez que eso ocurría en Valledupar desde los tiempos de Bolañito. Era como si alguien estuviera bailando en Bayreuth la novena sinfonía.

LA LISTA IMPRESCINDIBLE
Confieso, con agrado, que las crónicas de Samper suelen producirme un gran deleite, como a todos sus lectores.
Por su inteligencia, por su erudición y por su humor, aunque sería más apropiado decir que por su gracia, que es una palabra más castiza, más provocadora, de mejor estirpe y más sutil. Pero, en los últimos tiempos, ha empezado a inquietarme esa tendencia suya a organizar competencias en las que el único arbitro es él: el mejor verso, el mejor poeta, el mejor atleta, el mejor libro, y, agora, los mejores vallenatos.
En su mencionada crónica de Cambio 16 Samper convierte la historia centenaria del vallenato en una competencia deportiva a campo traviesa. Daniel el "Travieso" escoge, al conjuro mágico e inapelable de su cetro, que todo lo consagra o lo condena, lo que el llama "los 16 clásicos imprescindibles, que deben estar en una vallenatoteca básica". (Escoge dieciséis, número cabalístico, para que la cifra haga juego con el nombre de su revista, como si estuvieramos todavía en los tiempos en que la cultura popular del país tenía que postrarse, sumisa y cipaya, ante el nombre de los periódicos).
Hay de todo en esa "Lista de los imprescindibles": errores, sobrantes, faltantes, joyas, basura, equivocos. Por ejemplo: suponer, como escribe Samper, que el mejor canto de Adolfo Pacheco es "La hamaca grande", por el hecho simple de que es el más popular de los suyos, significa que en la biblioteca vallenata de Samper, insípida, como toda emoción que se aprende desde lejos, como el dulce de icaco con guama, vallenatos empastados, valle- natos con condón- no hay espacio para darle cabida a "El viejo Miguel", aquel clásico del dolor por la muerte de la madre y la mudanza del padre:
.. . primero se fue
la vieja p ' al cementerio
y ahora se va usted
solito pa' Barranquilla...

Y dónde esta, Daniel, el "Amor comprado" de Zabaleta? ~,Y las puyas de colección de Juán Muegue o de Juán Muñoz?
A mí para ir a la fiesta
me hace falta un pantalón...
¿,Y que se fizieron los acordes tan dramáticos de "La muerte de Eduardo Lora", de Andrés Landero?
El se mató fue en un jeep
en la loma de La Venera...
¿,Y en qué lista aparece "Compadre Chemo", de Julio Herazo, que Alejo Durán, que no era inmorible pero sí es inmortal, cantaba con tanta picardía? Fui donde Alirio y me tomé unos tragos (...) Y ahí quedé, sacándome el guayabo
Y los cantos ribereños de Pacho Rada, "El Tigre"? Y dónde se le extravió a Samper, por la Virgen de los Remedios de Riohacha, Santo Ecce Homo de Valledupar, San Jerónimo de Monteríia, Nuestra Señora de La Popa de Cartagena, San Nicolás de Barranquilla, por todos los santos, dónde se le extravió a Samper el vallenato más famoso, más bello, más cantado, repetido, radiodifundido, tarareado y silbado de la historia de Colombia?
La víspera de añonuevo
estando la noche serena...
Su autor, don Tobías Enrique Pumarejo el gran Don Toba, vive aún, viendo los amaneceres veraniegos los rumbos polvorientos de El Copey, y mirando, de vez en cuando, el sol de los venados tras el horizonte de la sábanas de El Diluvio y Camperucho. (Lo que pasa es que Samper debe imaginar, como ocurre con todo el que aprende teorías por correspondencia, sin tomarse una cerveza helada a pico de botella en las~ cantinas de San Diego, que "La vispera de año nuevo" no es un vallenato original, y que su autor es Guillermo Buitrago, porque el grabó ese disco con cierto regusto de porro que todavía se oye en las fiestas de diciembre). Sépase, para mayor abundamiento, como decimos Samper y yo, que so mos abogados - yo, de las causas perdidas, se entiende - que Don Toba es también el autor de "El alazanito", la historia de un caballo piquetero que le alcahueteaba ^ sus amorios.
Gracias a Dios, Daniel, que incluiste en tu "Antologia-16" a "Alicia Adorada,', de Juancho Polo. Pero, ~,dónde metemos, en tu biblioteca de vallenatos, "El pájaro carpintero," y "Lucero espiritual", del mismo cartulo incomparable? (1). Dime, Daniel: ~,Y con qué excusa le salimos a "La hija de Amaranto"? ~,Y al guacharaquero de "La cachucha bacana',?

EL CASO ESCALONA
En sus "16 vallenatos imprescindibles", que podrían ser dos mil si la revista de Samper se llamara "Cambio 2.000", o que no sería ni uno si la revista de Samper se llamara "Cambio Cero", aparece registrada una afirmación según la cual la canción "imprescindible" de Es- calona es " El testamento". Esos son cuentos cuentos para impresionar a las muchachas neovallenatas que bailan en las discotecas de Bogotá, "El testamento" no es ni siquiera una de las mejores obras de Escalona, cronista por excelencia, maestro de las algarabías cotidianas de Valledupar, relator insuperado, el mejor periodista que se haya visto en Colombia. (Ya yo estoy como Samper: repartiendo condenas y absoluciones. Ego te absolvo, Samper. . .) .
"El testamento', es uno de esos embelecos de lirismo almibarado que a veces le entraban a Escalona para justificar su vanidosa pretensión de que lo llamaran "poeta", cuando es nuestro cronista magistral. A ese género de sus desaciertos pertenecen, además, "La casa en el aire,', "El manantial,, y "Honda herida',, para no hablar de minucias perecederas de las que es mejor olvidarse, en aras de la gloria eterna de Escalona, como es el caso malhadado de "María Tere,,.
Ella es antioqueña, de la serranía...
~,Con que "El testamento, eh, Samper? ~Y ese formidable memorial de abogado penalista, con pruebas, indicios, alegatos e ironías, que es "La custodia de Badillo"? ~,Y la elegía por Jaime Molina el amigo muerto, dónde está? ~,Y "La patillalera", con su carga de humor y de ternura?

EL "CASO LEANDRO" De un tiempo para acá, a Samper, pero no sólo a Samper, sea justo decirlo, sino a todo el sagrado sanedrín que juzga los pecados religiosos del vallenato, del cual también forman parte, entre otros, Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón, se les ha metido en la cabeza que "La diosa coronada" es el canto inmortal de Leandro Díaz. Tienen hasta un "Club de Adoradores de la Diosa Coronada". Como si Leandro tuviera un sólo canto inmortal.
Samper, claro, le adjudica a "La Diosa" un dieciseisavo de su lista. Cómo se ve que ninguno de ellos, ni Samper, ni Anás, ni Caifás.ni el resto del supremo tribunal de los sacerdotes rabínicos, ha oído aquella versión que cantaba Alejo Durán de "A mí no me consuela nadie", en la que Leandro, ciego como Homero, y, como Homero, poeta auténtico, se dolía de su fracaso con las mujeres a causa de su ceguera, mientras sus colegas vallenatos conseguían novias en todas partes:
Siquiera ustedes están gozando, y a mí no me consuela nadie...
Como ves, Daniel, la lista podría ser de 16 mil vallenatos "imprescindibles,'Deja, más bien, que cada cual escoja los suyos, y no trates de imponerles tu imprimatur episcopal. "La diosa coronada,"? ~,Y "El verano"? Y aquella otra canción de Leandro, "Matilde Lina, que contiene los dos versos perfectos, los más hermosos de toda su obra, versos dignos de nuestro admirado Quevedo?
Cuando Matilde camina
hasta sonríe la sabana.

EPILOGO
Ya sé, Daniel, ya sé: estas discusiones son como el cuento del gallo capón que no se acaba nunca y que sirve para lo que uno quiera. Jamás nos pondremos de acuerdo. Esa es la gracia. Pero de todas maneras, te espero en Urumita, de mañanita, mañana sábado, día de la Virgen.
Pa' que se acabe la vaina... ·
(1) El que quiera saber lo que significa palabra "cartulo", que pague un pasaje y vaya averiguarlo en San Bernardo del Viento, al otro lado de los altos arrozales que bordean los pantanos del río Sinú.
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