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Opinión

  • | 2003/11/03 00:00

    Balance

    Colombia era el único país de la región donde el fracaso del neoliberalismo no había producido un fuerte sacudón electoral

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Los demócratas estamos de fiesta. No necesariamente por lo que pasó esta semana, sino por lo que no pasó esta semana: no pasó el proyecto que permitía la reelección del presidente Uribe hasta el año 2010.

No importa si el Presidente es bueno o malo, si gusta o si no gusta, si el pueblo quiere que lo reelijan o le pongan corona. Sencillamente: las reglas no se cambian en beneficio propio y a mitad del camino. La democracia -y la civilización- consisten en respetar las reglas existentes. O en cambiarlas, si es el caso, para juegos futuros.

Este principio elemental fue pues el ganador de la semana. Lo cual no necesariamente implica que los senadores votaran por principios: los 36 uribistas votaron sin vergüenza por reelegir al jefe; y entre los 44 que hundieron el proyecto, hay quienes no hace mucho defendían sus propios "golecitos a la Constitución".

O sea que la ética ganó, pero por un accidente político. Y el accidente consistió en que las elecciones corrieron las cortinas sobre el actual gobierno. Después de 14 meses de embeleso, el Congreso y los medios entrevieron de pronto que en este idilio había grandes grietas:

-La grieta que apareció el sábado (referendo) fue la ineptitud política de Uribe.

-La grieta que se vio el domingo (elecciones locales) fue la dureza de su política económica.

-Y la grieta, peor, que asomó el miércoles ("plan B") fue la incapacidad de corregir el rumbo económico o político.

Lo de ineptitud política suena absurdo para un Presidente que ganó por knock-out, que mantiene el récord de popularidad y que tenía o tiene al Congreso por el mango. Pues eso precisamente agranda el error de haberse embarcado en un referendo de corto vuelo conceptual, que no necesitaba él ni el país necesitaba, que nadie logró entender, y al que le habían quitado la carnada electoral (cierre del Congreso, alargue de los alcaldes, voto en bloque.). Obstinación, suficiencia, falta de formación académica, ingenuidad, o todas juntas, el Presidente se las arregló para recorrer toda la cancha y meterse, el solito, un autogol que lo deja turulato.

La grieta que derrotó a los candidatos del gobierno en las grandes ciudades fue distinta; fue la grieta social. Colombia era el único país de la región donde el fracaso del neoliberalismo no había producido un sacudón electoral. Mientras la izquierda o el populismo llegaban al poder en Brasil, Venezuela, Chile, Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, Montevideo o México D.F., aquí fue la derecha, la derecha dura, la que dio su batatazo con Uribe.

La explicación por supuesto fue la guerra, valga decir, la rabia inmensa que tenemos con las Farc. A los pobres incluso les dijeron que la pobreza no es culpa de los ricos, el gavirismo o el FMI, sino de la guerrilla que no deja invertir. Y en todo caso los sicólogos dicen que el hambre empuja menos que la rabia.

Pero la rabia tal vez ha ido bajando, parte porque (ojalá) le vamos ganando a la guerrilla, parte porque el gobierno dice que vamos ganando. En cambio el hambre sigue igual o ha empeorado con Uribe. Diga usted que él recibió el país al borde de la quiebra, que escogió al equipo más cerreramente neoliberal, o que todo debe echarlo en el barril sin fondo de la guerra; igual paramos en agravar la pobreza que afecta al 64 por ciento de la gente. Por eso, con algún rezago, también aquí llegaron al poder los izquierdistas y los populistas.

La tercera grieta es la más preocupante, y es la incapacidad del señor Presidente para tomar en serio las otras dos grietas:

-Dijo que "el gobierno respeta los resultados del referendo", pero no descartó la rabulada del ministro Londoño. Anunció que insistirá en 10 de los 13 puntos sustantivos que fueron, en efecto, negados por el pueblo. Revivió, de encima, lo de la dosis personal de droga. Aceptó sí dialogar con los alcaldes, pero "para congelar los gastos de funcionamiento". Regañó al manzanillo que le habló de política. Y hasta ahora no ha dado ni la más pequeña señal de apertura.

-Dijo también que "es tan grave que un Estado no pague las deudas como que sus ciudadanos aguanten hambre por pagar deudas". Pero luego ofreció unas migajas de crédito para vivienda social y otras migajas de salud para loteros y taxistas. A cambio de lo cual lloverá "sobre todos" una cascada de impuestos, vea usted, en castigo por no haberle aprobado el referendo.

A veces pues hay que dejar de trabajar y trabajar y trabajar para pensar en hacia dónde se está trabajando.
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