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Opinión

  • | 2010/03/05 00:00

    Bayly, ¡a tus zapatos!

    La intención de Jaime Bayly de postularse a la Presidencia del Perú tiene enganche.

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Contrasta el tono mesurado y respetuoso de los comentarios sobre política colombiana del periodista peruano, con los pronunciamientos provocadores, muchas veces inapropiados e incluso ofensivos con los que califica a los protagonistas de esas lides en su país.

Si finalmente el controvertido conductor de programa decide inscribir su candidatura ante el Jurado Nacional de Elecciones, quienes podrían ser sus adversarios en la contienda presidencial del próximo año ven en esta aspiración una irritante metida al rancho, mientras que la opinión pública la acoge más bien con indulgencia y simpatía.

Lo que se cierne detrás de la molesta figura del advenedizo en política, y que permite entender las disímiles reacciones que ha generado esta nueva extravagancia del llamado “tío terrible” de la televisión, es el fenómeno del outsider. Contra todo pronóstico, de manera intempestiva y en la recta final, un candidato muchas veces poco conocido, se alza con el trofeo electoral. Este escenario ha marcado los resultados electorales de las últimas dos décadas en el Perú.

La elección de Alberto Fujimori en 1990 es el caso paradigmático del outsider victorioso. El surgimiento de ese líder independiente sin estructura de partido ni programa de gobierno claramente establecidos, se vio favorecido por la crisis de legitimidad en la que se encontraban sumidos los partidos tradicionales que gobernaron en la década anterior: Acción Popular de Fernando Belaúnde y el Apra, en cabeza de Alan García.

El patrón se ha repetido (exceptuando las dos reelecciones de Fujimori) con algunas variables. Al desconocido ingeniero de origen japonés que un mes antes de la consulta presidencial apenas figuraba en las encuestas con 3% de intención de voto, le sucedió el candidato independiente Alejandro Toledo en 2001, luego de la caída del régimen fujimorista y el intervalo de Valentín Paniagua.

Sin ser nuevo en política, Toledo supo capitalizar las protestas contra el régimen autoritario de Fujimori, llegando a moverle seriamente el piso a la ilegítima segunda reelección en 2000 con su vertiginoso ascenso en las encuestas.

El ex comandante del Ejército Ollanta Humala también encarnó la figura del outsider en las elecciones de 2006, aunque no por ajeno a la cosa pública (se había hecho conocer cuando protagoniza un alzamiento armado en las postrimerías del régimen fujimorista), sino por el contenido antisistema y el posicionamiento de izquierda de su campaña.

Si bien hoy la situación no es comparable con la situación de profunda crisis económica y de violencia política que azotaba al Perú al finalizar el primer mandato de Alan García, en 1990, los partidos no parecen haber ganado la confianza de los electores en estos 20 años.

Sin embargo, volcarse sobre estos liderazgos inadecuados, por populares y carismáticos que sean, podría conllevar el riesgo de dejar en el limbo programático temas de relevancia innegable para el Perú de los próximos años, como la distribución del canon minero o la explotación de los recursos naturales en los territorios indígenas.

Lo cierto es que Jaime Bayly pone sobre el tapete temas polémicos que algunos candidatos talvez preferirían manejar con mayor discreción, como son el Estado laico, el aborto o el matrimonio homosexual.

Aunque la opción real de ganar la justa presidencial es débil, la acogida del periodista pone en evidencia el enorme desprestigio de los partidos políticos institucionalizados y su incapacidad de representar amplias capas de la población.

Aún cuando en poco menos de un mes los sondeos arrojen una preferencia nacional del 3% para Bayly, superando candidaturas construidas con años de presencia en el terreno, mejor sería que el popular comentarista continúe como “francotirador”, pero desde su trinchera periodística.
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