Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/01/19 00:00

Beligerancia para ‘dummies’

La propuesta de Chávez no es sólo un acto inamistoso y un reto a la legitimidad del gobierno, sino una afrenta para todo el pueblo colombiano

Beligerancia para ‘dummies’

¿Es usted uno de esos dummies que se pierden en el marasmo de los términos del Derecho Internacional Humanitario y los protocolos de Ginebra? Aquí va una ayuda.

Grupo terrorista: A petición del entonces gobierno de Andrés Pastrana, las Farc fueron incluidas en las listas terroristas de Estados Unidos y la Comunidad Europea, en las que figuran los grupos que en opinión de esos países, ponen en riesgo su seguridad nacional. La categoría de terrorista de un grupo ilegal se mide por los métodos utilizados por el grupo: si los métodos son terroristas, el grupo es terrorista. Como métodos terroristas se reputan los actos que violen el Derecho Internacional Humanitario como los crímenes de guerra y de lesa humanidad: asesinatos selectivos, sistemáticos o masivos, el reclutamiento de niños, el secuestro de civiles. La falacia de Chávez consiste en que para que negocien con el gobierno colombiano, las Farc no necesitan que las saquen de la lista de terroristas. (Con el mismo impedimento estamos negociando con el ELN y las autodefensas). Pero sí se salvan de la extradición y a cambio pueden recibir asilo.

Estatus político: No se debe confundir con el de beligerancia, pues el estatus político, ni es sinónimo de beligerancia, ni es una figura que contemple el Derecho Internacional Humanitario. A diferencia de la categoría de terroristas, que se define a partir de los métodos del grupo, el estatus político se define a partir de sus objetivos. Es el reconocimiento que hace un Estado de un grupo ilegal alzado en armas antes de iniciar negociaciones con el mismo. Después de la Ley 782 de 2002, en Colombia no se necesita otorgar ese estatus a un grupo ilegal para iniciar conversaciones de paz o acuerdos de desmovilización.

Estatus de beligerancia: Esta calificación no nace ni de los métodos ni de los fines de un grupo ilegal, sino del poder que haya acumulado. Se le puede otorgar a un grupo ilegal que se alza en armas contra el Estado constitucional vigente establecido. Para que otro Estado, como sería el caso de Venezuela, pueda reconocerles la beligerancia a las Farc, se requiere que éstas tengan tres requisitos: dominio real y efectivo de una parte del territorio (no lo tienen). Constitución de un aparato político militar (lo tienen parcialmente: porque esta condición implica unidad de mando, que les viene fallando, y el uso permanente de un uniforme e identificación que les permita presentarse como ejército regular. Las Farc se ponen el uniforme cuando les conviene y se disfrazan de campesinos cuando no). Y tercero, aplicación irrestricta de las normas del Derecho Internacional Humanitario. (No las aplican).

El Estado que reconozca la beligerancia de un grupo ilegal armado de otro Estado, como sería el caso de Venezuela con Colombia, puede establecer con él relaciones comerciales, diplomáticas (como otorgarle una sede y permitir que sus miembros se muevan con pasaporte venezolano), además de relaciones políticas y económicas. (Puede facilitarle armas y hasta financiarlo). Esto significa que para Chávez, en Colombia habría en adelante dos gobiernos: uno de derecho y otro de hecho, que puede ser tratado en igualdad de condiciones con el gobierno legítimo de Álvaro Uribe.

Como ven, mis queridos dummies, los propósitos de Chávez no son de poca monta. Pero este episodio ha demostrado que quizá la única cosa que nos une como colombianos de manera prácticamente unánime, es el anti-farquismo y el rechazo radical al secuestro. Es importante que Venezuela y los demás países del mundo entiendan que por eso, la propuesta de Chávez no es solo un acto inamistoso y una forma de retar la legitimidad del gobierno de Colombia, sino una afrenta contra todo el pueblo colombiano.

Al fin y al cabo, es a nosotros, a los colombianos, a los que nos corresponde escoger si estamos del lado de las Farc o si estamos contra ellas, contra sus métodos, contra su intransigencia, contra su crueldad, contra las formas como se financia y más bien a favor de que el Estado las derrote militarmente lo más pronto posible, o que acepten sentarse a discutir las diferencias con el establecimiento después, y subrayo la palabra después porque precisamente no puede ser antes de que, como pretende Chávez, las Farc hayan aceptado respetar de manera irrestricta las normas del Derecho Internacional Humanitario, comenzando por devolver los secuestrados.

Y para información del presidente Chávez, el 98 por ciento de los colombianos ya hemos escogido. Si quiere, que averigüe…

ENTRETANTO… ¿Por qué no habrá dicho ni mu sobre este caso, el Fiscal que preside la Corte Penal Internacional?

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