Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1984/11/05 00:00

BELISARIO Y EL TEFLON

BELISARIO Y EL TEFLON

Cuando las sartenes de teflón irrumpieron en la sociedad de consumo, el problema de las amas de casa inexpertas se redujo dramáticamente. Se trata de un material misterioso que impide que la comida se queme y quede irremediablemente adherida a la sartén.
Esta especie de mágica inmunidad ha sido patentada por los politólogos gringos bajo el nombre de "factor teflón", para designar fenómenos como el encarnado por Ronald Reagan, que precisamente parece ser inmune ante las más elementales leyes de la política, sea la primera de ellas el desgaste natural del poder. Gracias al teflón Reagan ha pasado, sin siquiera chamuscarse, sobre las más candentes brasas de los acontecimientos norteamericanos, logrando ir directo hacia el secreto de su prestigio político: haber proyectado la imagen de renovador de la fe de los norteamericanos en sí mismos.
¿Cómo, si no gracias al factor teflón, puede explicarse el hecho de que ese cúmulo de defectos que es Reagan, escasamente agúdo, escasamente preparado, escasamente erudito, escasamente orientado, haya logrado desempeñar con tanto acierto, a ojos de los norteamericanos, el más difícil trabajo del mundo, y esté a punto de ser arrolladoramente reelegido para un nuevo período presidencial?.
No es posible, como sugería Enrique Santos Calderón en una columna reciente, que RR no haya hecho nada bueno y que sin embargo,200 millones de norteamericanos esten ansiosos por depositar un voto a su favor. Porque eso significaría que son 200 millones de "imbéciles", los pobladores de uno de los dos países más admirados y a la vez más temidos del planeta, lo que constituye por ley de probabilidades, un imposible estadístico. Pero aceptándole la sugerencia, en gracia de discusión, a Enrique Santos, para estos 200 millones de "imbéciles" el actual Presidente norteamericano posee un aura de líder, un don de mando y una vocación de comandante en jefe que les ha permitido revivir el patriotismo y la confianza, y los ha obligado a aglutinarse nuevamente en torno a un propósito nacional.
Como recientemente lo afirmó la revista Newsweek, el secreto de Reagan consiste en "personificar esa imagen idealizada de lo que los norteamericanos quisieran que fuera su país". Gracias, entre otras cosas, al "factor teflón", RR no sólo ha podido presentarse tranquilamente como un dirigente conservador, sino como el más conservador de los Presidentes norteamericanos del presente siglo, cosa sobre la que no tienen duda los votantes. En torno a RR los norteamericanos han construido la expectativa de que el gobierno del país funciónará correctamente cuando las cosas vayan mal. No hay duda, pocos políticos como Reagan han sabido captar tan a tiempo la tónica exacta de su pueblo.
El "factor teflon" es un elemento tan definitivo en la política, que precisamente por no tenerlo, el caso del Presidente colombiano es diametralmente distinto. Si RR puede definirse personalmente, como un cúmulo de defectos, BB, por el contrario, puede definirse como un cúmulo de virtudes y, sin embargo, su gobierno parece en la actualidad ir por un lado y la tónica de los colombianos por otro.
Así, miéntras gracias al teflón, los norteamericanos estan dispuestos a celebrarle a Reagan sus aciertos y a perdonarle sus equivocaciones, los colombianos han optado injustamente por hacer todo lo contrario: celebrarle a BB sus equivocaciones y perdonarle sus aciertos. Al igual que su homonimo norteamericano, Belisario logró alterar dramáticamente el lenguaje del diálogo nacional, colocando a los liberales a la defensiva como Reagan a los demócratas, pero a diferencia de este último a Belisario le ha faltado proyectar una imagen ideológica consistente, que es precisamente lo que tiene al país desconfiando de su presente y dudando fuertemente de su futuro.
BB llegó a la presidencia, entre otras cosas, por la misma razón que RR llegó a la de él y será próximamente reelegido: por haber sabido descubrir el momento político del país y parcelarlo adecuadamente. Pero a diferencia del Presidente norteamericano, Belisario parece haber fracasado en el intento de rellenar dicho momento político con un sentido generalizado sobre el destino nacional.
Los colombianos tienen la impresión de que la paz es la única lucecita que el Presidente ha colocado al final de este largo y negro túnel que estamos atravesando, pero también temen que ella no dará abasto para conducirlos sanos y salvos hasta el final. El resultado, por desgracia, es hasta el momento que mientras Reagan ha logrado que los norteamericanos recuperen dramáticamente la confianza en sí mismos, los colombianos estemos en proceso de perder la poca que nos dejaron los dos gobiernos anteriores.
Durante los próximos meses BB deberá intentar, como su colega norteamericano, descubrir exactamente cuál es la tónica de los colombianos, y escoger cuidadosamente las palabras que éstos desean escuchar de su Presidente. De no haber sido porque Ronald Reagan hizo precisamente eso, jamás habría logrado mantener a los norteamericanos cuatro de sus seis años de gobierno, bajo la promesa de que tarde o temprano llegaría la recuperación económica que finalmente llegó. Y hasta que Belisario no lo haga, los colombianos continuarán aferrándose,cada vez con mayor fuerza, a la idea de que esa lucecita que alcanzan a divisar al final del tunel, es la de un tren que se aproxima velozmente en sentido contrario.

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