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Opinión

  • | 2014/08/31 00:00

    La exhibición de la agenda del hacker rompe cadena de custodia

    Es vergonzoso que hubiese sido en el Senado de la República donde el senador Armando Benedetti haciendo gala de triunfalismo rompió la cadena de custodia.

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El senador Armando Benedetti debe ser investigado por el delito de obstrucción a la justicia, por la forma grotesca y escandalosa en que mostró ante los medios de comunicación la agenda del hacker Sepúlveda, cuando este documento es pieza fundamental dentro del proceso, que, contra dicho señor se adelanta en la Fiscalía General de la Nación. Este es el costo de hacer protagonismo a cambio de la pobreza legislativa que siempre lo ha caracterizado.

Todos sabemos que a mayor prohibición, mayor precio coge el sujeto activo, por eso la aparición de organismos criminales para hackear las fuentes del Estado y diferentes actividades de personajes de la vida nacional se continuarán sucediendo, así los pontífices de la Casa de Nariño se rasguen las vestiduras matando el tigre para después asustarnos con el cuero. 

Lo único que se ha logrado hasta ahora con las declaraciones del hacker Andrés Sepúlveda es una animadversión hacia la verdad, puesto que está tan esquiva que se encuentra revoleteando por los diferentes estrados judiciales para acomodarse. Si bien tiene la apariencia de la lógica y la razón, se oculta en la perfidia de la desconfianza y la mentira. 

Al proceso para obtener la tan anhelada paz, le están saliendo una serie de aristas, lo que genera grave polarización entre diferentes sectores de la sociedad. Esto hay que frenarlo. Pretender firmar la paz con un país polarizado por falta de información, desataría una serie de situaciones difíciles que finalmente pueden poner en riego en lo que se ha avanzado.   

Con lo que ocurrió en Andrómeda y ahora con el hacker Sepúlveda, llegamos a la lamentable conclusión que los Servicios de Inteligencia del Estado están al garete. Recordemos que cuando apareció Andrómeda en un local del sector de Galerías en Bogotá, donde se estaba filtrando información sobre el proceso de paz, el presidente Santos, ese mismo día, salió a decir que era una empresa criminal pero cuando se dio cuenta que ciertos poderes del Estado estaban vinculados, cambió su versión por el de una empresa legítima.

Es muy grave para el país, y al mismo tiempo para el proceso de paz, estar asistiendo a un teatro de acontecimientos inválidos simple y llanamente para alimentar odios personales y pasiones políticas de quienes ostentan el poder; para justificar los errores cometidos en la campaña reeleccionista forman toda una tramoya de gravedad en el vacío de la juridicidad, pero con efectos destructivos para sus oponentes y la sociedad misma que en los actuales momentos se encuentra sin saber a quién creerle, puesto que aparentemente todos tienen la razón. La gravedad es que todos han dicho mentiras, o si mucho verdades a medias.  
  
Que no se asuste tanto el presidente Santos, con las declaraciones del hacker Sepúlveda a la Revista SEMANA, que se necesita ser muy ciego e ignorante para no detectar que todo no es más que un burdo montaje con el fin de ocultar hechos de mayor gravedad, que a medida que transcurran los días, los señalamientos se irán diluyendo en el tiempo y en el espacio y la verdad a florecer en medio del fango. 

Claro está, y en esto tenemos que ser muy claros, que el delito de filtración de información en cualquier circunstancia o en la forma que fuere es censurable desde todo punto de vista. Este cual debe ser investigado y sancionado con severidad, especialmente cuando se trata de asuntos secretos de Estado.

Hasta aquí todo está perfectamente bien, pero preguntémonos: ¿cuál la esencia de todo esto? ¿Son de tal gravedad las declaraciones del hacker Sepúlveda para la seguridad nacional? ¿No será más bien una cacería de brujas para justificar entuertos de la campaña política pasada del presidente Santos, que a decir verdad tiene muchos cabos sueltos y cosas que aclarar? Todo esto huele a que sea posible en complicidad con las partes. 

No se necesita mucha investigación para indicar que a las declaraciones del hacker Sepúlveda se le quiere dar un protagonismo más allá de la verdad. Lamentablemente el señor presidente está especulando al hablar de una empresa criminal, donde hay involucrados varios actores de su gobierno y muy especialmente en lo relacionado con su reelección, que según el expresidente Uribe todo se está haciendo para obnubilar la partida de los 12 millones de dólares que le fueron entregados por elementos de la mafia a funcionarios de su campaña reeleccionista. 

Hay que tener en cuenta que todo este embrollo lo ha provocado el proceso de paz, que si bien al gobierno le ha faltado diligencia para mantener bien informada a la opinión pública, los resultados del hackeo saltan a la vista y las filtraciones que se han hecho en torno al asunto. Es debido al mutismo que se ha guardado que estas cogen demasiado valor, cuando en realidad no debería serlo puesto que todos los ciudadanos tenemos derecho a estar informado. Es aquí cuando nace la empresa criminal del hacker, pero provocada por la desidia del mismo Estado.

No se requiere de mucho esfuerzo mental para avizorar que todo terminará en simples fanfarronadas de pasiones políticas que se auscultan más allá de las malas intenciones y los celos de poder. Lamentablemente en nuestro país damos mucho crédito al crecimiento de la espuma de los acontecimientos, que cuando empieza a decrecer las verdades van saliendo a flote con las atembadas disculpas de siempre: nos equivocamos y nos toca disculparnos. 

Pero hay algo más grave en todo esto, y es el malestar que cunde por estos días en las Fuerzas Militares con la presencia de algunos de ellos en La Habana, cuando en la mesa de negociación existen dos experimentados estrategas de la Fuerza Pública: El general Mora Rangel, del Ejército; y el general Óscar Naranjo de la Policía, que si bien están en uso del buen retiro, conocen a la perfección el accionar del enemigo que tanto han combatido.   

urielos@telmex.net.co
urielos@hotmail.es
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