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Opinión

  • | 2015/11/04 16:00

    ¡A sembrar!

    La agricultura urbana no solo da comida saludable, también ayuda a superar la inseguridad alimentaria y a recuperar la conciencia ambiental y de consumo.

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Quienes hemos crecido en las ciudades rara vez reflexionamos sobre el origen de los alimentos que comemos a diario. La magia (porque para mí sigue siendo mágico) que hace que crezcan plantas con frutos que nos alimentan es un misterio para muchos citadinos. La primera vez que vi en persona ese milagro fue cuando germinó y empezó a crecer una planta de chile habanero que planté, siendo semilla, en una pequeña matera que tenía. Mi escepticismo era total, pues pensaba que era imposible hacer crecer en la sala de mi casa algo que se pudiera comer.

Pues bien, no es imposible y, por el contrario, la agricultura urbana (AU) puede ser a largo plazo una de las soluciones para suplir las necesidades alimenticias de las crecientes poblaciones en las ciudades. Esto no es una práctica nueva pero cada vez toma más fuerza ante la dificultad de encontrar productos limpios de agroquímicos y como llamado a garantizar la soberanía y seguridad alimentaria. Los habitantes de las ciudades cada vez más están desplazando al concreto por huertas-jardín interiores y exteriores que le apuestan a una nueva conciencia ambiental y de consumo que los devuelva a conectarse con la tierra que les da de comer.

La AU funciona tanto en amplios espacios públicos como en pequeños espacios domésticos. Sí, como lo lee, en su casa podría tener, por ejemplo, una pequeña huerta de hortalizas y hierbas pues hay muchas alternativas innovadoras que tienen como hoja de ruta la construcción de sistemas sostenibles que trabajan con y no en contra de la naturaleza. Pero, además de esto, la AU ha permitido superar épocas de déficit de alimentos en muchos lugares del mundo.

En Estados Unidos durante la Depresión de 1863-1867 el alcalde de Detroit recuperó zonas urbanas abandonadas y allí ofreció la posibilidad a las personas en paro de que cultivaran alimentos. Esta práctica conocida como los relief gardens fue repetida y reproducida en otros lugares durante la Gran Depresión de 1920. Lo mismo ocurrió durante las guerras mundiales con los llamados liberty and victory gardens que para 1943 producían el 40% de frutas y vegetales que consumían los estadounidenses. En Inglaterra los periodos de guerra en el siglo XX también hicieron florecer esta práctica. Los cottage gardens y la campaña dig for victory suplió a los ingleses de alimentos y convirtió los jardines públicos en huertos.

Por su parte, en América Latina hay muchas experiencias exitosas. En la Habana, Cuba ante la caída de la Unión Soviética y la escases de alimentos, la AU se transformó en una prioridad. Según la FAO, 90000 habitantes de esa ciudad participan en actividades de AU y reportan que para 2013 en La Habana se produjo 6700 toneladas de comida para 300.000 personas. En El Alto, Bolivia la FAO y autoridades locales impulsaron un programa de huertas familiares con un impacto positivo en los sectores de más escasos recursos y ha logrado que los horticultores ahorren aproximadamente 60 dólares mensuales en la compra de comida y reciban alrededor de 15 por los excedentes de lo que pueden vender. En Belo Horizonte, Brasil a raíz del programa estatal “Hambre Cero” se han creado aproximadamente 185 huertos de hortalizas y 48 huertos frutícolas, sin contar los que existen en los colegios y centros de salud y servicios sociales. En esta ciudad, el impulso del programa de AU ha reducido de 50 a 30 millones el número de personas en inseguridad alimentaria de ese país.

Estos pocos ejemplos muestran que los beneficios de la AU son innumerables. Entre las ventajas están la calidad de los alimentos, el cuidado del medio ambiente, la recuperación de áreas urbanas y el abastecimiento de alimentos, en muchos casos, para quienes carecen de ellos. También, vale resaltar, que apunta a redignificar en la ciudad las labores del campo, al reapropiar reivindicaciones campesinas de vieja data (como la producción sostenible) y construir puentes más sólidos entre campo y ciudad.

Sin embargo, hay dos elementos fundamentales para el éxito de la AU. Uno, el apoyo institucional; una práctica que muestra evidencias contundentes respecto a la superación de la desnutrición y la inseguridad alimentaria debería ser tenida en cuenta de forma seria por las administraciones locales y por las autoridades nacionales, los ejemplos muestran la importancia del impulso institucional. Y dos, el compromiso individual es clave para impulsar esta práctica que, a mi juicio, no solo ofrece muchos beneficios, sino que es revolucionaria. Como dijo Ron Finley, “el jardinero guerrillero” de Los Ángeles: “la jardinería es el acto más terapéutico y desafiante que puedes hacer, especialmente en las ciudades, además obtienes fresas”, por eso ¡a sembrar!

*Investigadora de Dejusticia @PMolanoA
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