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Opinión

  • | 1997/01/06 00:00

    BERNAL O NO BERNAL

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El nombre de Jaime Bernal CuEllar es de obligatoria recordación, cada vez que se habla de los cinco, si mucho, penalistas más importantes del país: unánimemente se le reconoce como un excelente abogado, gran conocedor del tema penal, redactor de varios de los actuales códigos de procedimiento, vinculado a la academia, ex magistrado... En fin. Es la persona apropiada parabuscar en caso de que, toquemos madera, uno requiriera asesoría en el campo penal.Pero, así aspiremos, como aspiramos, a no necesitarla nunca, es justo reconocerle a Jaime Bernal la tranquilidad que nos produce que exista alguien de sus calidades a quién recurrir profesionalmente en caso de necesidad. El único problema es que la confianza que nos produce como abogado no es la misma que nos deja su postulación, e inminente elección, como nuevo Procurador General.La culpa no es de su reputación profesional, sino del juego político que le ha correspondido desempeñar en el entorno del 8.000, como abogado, en algunos casos, y en otros como asesor o consultor de por los menos seis de los implicados en el mencionado proceso.Bernal es el abogado de Horacio Serpa y de David Turbay. Abogados de su propio bufete apoderan a Alberto Santofimio, Rodrigo Garavito y María Izquierdo. También asesoran al actual procurador delegado José Hugo Valdez, investigado como sospechoso de la filtración de la indagatoria de Medina a Serpa y a Botero.Eso solo significa que Jaime Bernal Cuéllar ha sido columna vertebral de la defensa de varios de los protagonistas del 8.000, sin que ello, profesionalmente hablando, tenga algo de reprochable o de malo. Es apenas normal, y hasta exitoso para un penalista, ser abogado defensor en el proceso judicial más grave que se haya abierto en la historia de Colombia contra un gobierno y su Presidente. Pero, precisamente por eso mismo, no resulta tan claro que pueda ahora convertirse en el Procurador General de la Nación, sin pasar por ciertos interrogantes acerca de eventuales incompatibilidades profesionales y éticas.Al declarar en la radio que está abiertamente interesado en el cargo, Bernal anunció de una vez que se declarará impedido en cualquier tema que se relacione con el ministro Serpa, básicamente por motivos de amistad. No entendí por qué se saltó los motivos profesionales, que son verdaderamente los que le impedirían al procurador Bernal dar cualquier opinión, o ejercer su labor fiscalizadora, en cualquier asunto relacionado con el 8.000, de tal manera que sería realmente el Procurador ad hoc el verdadero Procurador General: no resultaría lógico elegir en ese cargo a una persona que solo puede ocuparse de asuntos menores de la fiscalización pública, o por lo menos, que no puede ocuparse del asunto de mayor trascendencia relacionado con dicha fiscalización pública.Lo anterior es tan cierto, que precisamente el anterior Procurador se cayó por estar incurso en el proceso 8.000. ¿Qué lógica tiene elegir a un sucesor que ni siquiera puede tocar el tema?También está el aspecto de la extradición. Bernal duró dos horas como Ministro de Justicia en el gobierno de Virgilio Barco, antes de que fuera revocado su nombramiento por su abierta posición en contra de la extradición. Aunque ahora, como candidato a Procurador, Bernal ha sido muy cuidadoso en aceptar la extradición como "una herramienta más" de lucha contra el narcotráfico, no me parece sano que mientras el Congreso, y en especial algunos congresistas, se están dando el lapo de arriesgar sus vidas para restituir esa posibilidad en Colombia, el nuevo Procurador sea una persona ambigua en el tema, contradictor de vieja data de esta medida, y quién sabe cuán poco entusiasta a la hora de jugársela a su favor.Finalmente no entiendo salvo que hubiera un interés personal del Presidente, por agradecimiento, o algo, en hacer el guiño a favor de Jaime Bernal, por qué vamos a elegir Procurador General a una persona que tendría que declararse periódicamente impedida, cuando existen otros dos candidatos que podrían ocuparse, por el contrario, de la totalidad de los asuntos relacionados con el cargo.Del doctor Jairo Parra Quijano no sé mucho, pero tengo entendido que es protegido del presidente del Consejo de Estado, Daniel Suárez, el del problema de la conversación con el ministro Saulo Arboleda, y quien precisamente quedó fuera del juego por cuenta del episodio de la grabación.Por su parte, el doctor Mario Suárez Melo tiene una excelente hoja de vida, y quienes lo conocen como profesor, como abogado y como persona, tienen muy buenas razones para creer que el cargo quedaría de maravilla en sus manos.Si el Congreso, por el contrario, insiste en el nombre de Bernal, sería una lástima. De un excelente abogado solo lograría sacar un procurador cojo.
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