Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/07/26 00:00

Bienvenido el tercer canal…y el cuarto

En el trasfondo de esta licitación queda por saber cuál es el modelo de televisión que este gobierno quiere imponer.

Bienvenido el tercer canal…y el cuarto


Aunque sólo el miércoles próximo se sabrá finalmente cuáles son los grupos que van a participar en la licitación para otorgar un cuarto canal de televisión, desde hace mucho tiempo se sabe que son dos grupos españoles los que se perfilan como los más fuertes aspirantes: me refiero al grupo Planeta, socio mayoritario de El Tiempo, y el grupo Prisa, dueño de Caracol radio. El primero iría en alianza con algunos miembros de la familia Santos, el periódico Heraldo de Barranquilla y contaría con la experiencia de Patricio Wills a través de RTI, sin duda una de las programadoras de televisión veteranas en el país. Prisa iría también con una cuadrilla muy poderosa: lo acompañarían varios de los periódicos regionales más importantes del país, como El Colombiano de Medellín, El País de Cali, el grupo Vanguardia de Bucaramanga y contaría con la experiencia invaluable de un Yamid Amat y su noticiero CM&.

Quienes saben cómo es el maní en este negocio de la televisión afirman que si el canal se fuera a otorgar hoy, el más firme aspirante sería el grupo Planeta. Probablemente en esa percepción haya influido el hecho irrebatible de que la editorial catalana cuenta con un aliado dentro del gobierno de gran calado, que Prisa no tiene y que se llama José Obdulio Gaviria. Para nadie es un secreto que este controvertido e influyente asesor presidencial hace rato demostró dónde están sus quereres en esta licitación. Es un secreto a voces su amistad entrañable con Francesc Solé, alto representante del grupo Planeta en Colombia quien, según tengo entendido, se ha vuelto en un habitué de Palacio hasta el punto de que el temible Vladdo incluyó la bandera de Planeta en la Casa de Nariño.

La única sorpresa podría venir por cuenta del grupo Cisneros de Venezuela. En los corrillos del sector se dice que quien le estaría armando el grupo al venezolano sería nada más ni nada menos que el exitoso empresario antioqueño José Roberto Arango, ex secretario personal del Presidente y quien sigue siendo muy cercano a su círculo íntimo.

Con los dados tan cargados, es evidente que el mejor camino para evitar caer en la dedocracia es la vía de la subasta, como bien lo advirtió en una columna de El Tiempo hace unos meses Guillermo Santos. Una subasta pondría a todos en el mismo partidor, no pesarían los joseobdulios y se le daría transparencia a un proceso que lo está pidiendo a gritos. En ese sentido parecería caminar la propuesta que se ha presentado en el Congreso. 

Sin embargo, para que este proyecto de ley, aparentemente tan bien intencionado, llegue a bien puerto, habría también que pulirlo, para evitar suspicacias. El hecho de que detrás de esta propuesta legislativa estén los dos canales privados, RCN y Caracol, como de hecho lo han afirmado en voz baja los propios parlamentarios, no ayuda mucho. Para varios de los licitantes, ni RCN ni Caracol están allí por simple altruismo, sino porque saben que cualquier acto que dilate la licitación -como podría pasar con este proyecto de ley- los beneficia de manera directa porque les extiende la exclusividad que tanto han peleado.

Habría entonces que decirles a los canales privados que se bajen de ese tren, que su duopolio va a expirar para bien de los colombianos y que el nuevo canal no puede ser peor que la televisión privada que ya tenemos.   

(RCN y Caracol han mantenido una posición dominante en el mercado, al concentrar el 95 por ciento de la pauta televisiva, la cual representa  cerca del 60 por ciento del total nacional).        

En el trasfondo de esta licitación nos queda por saber cuál es el modelo de televisión que este gobierno quiere imponer. Si quiere mantener el duopolio asfixiante de RCN y Caracol, entonces no va a haber más canales: pero si quiere una televisión en la que los adjudicatarios ganen menos pero que sea más pluralista, como pasa en todas partes del mundo, debería entonces haber campo no sólo para un tercer canal, sino para un cuarto.   

Al país le conviene que haya varios canales de televisión privada, así los privados insistan en que el tamaño de la torta publicitaria no da sino para mantener su  duopolio. Si países como Ecuador o Perú y Panamá tienen más canales privados que nosotros, no hay razón para pensar que en Colombia no pueda haberlos. Los colombianos tenemos derecho a tener una televisión que nos dignifique, que nos trate como seres humanos y no como si fuéramos una recua de mulas.

P. D.: ¿A cuenta de qué el Fiscal está pidiendo que se le otorgue el principio de oportunidad para abstenerse de investigar a los narcotraficantes?

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