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Opinión

  • | 2014/08/24 00:00

    Bienvenidos al pasado

    Hace unos días, durante la sesión en la que se eligió contralor general de la República, el senador Hernán Andrade -famoso por los motosos que se echó durante la posesión presidencial-, tomó la palabra para anunciar el voto de su bancada por Edgardo Maya Villazón.

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Abierto el micrófono, dijo: “Anunciamos el voto de los conservadores en el Senado para que el doctor Maya sea contralor en el periodo que va de 1914 a 1918”. De inmediato, sus vecinos de curul le advirtieron al senador Andrade que había incurrido en un lapsus. Él corrigió y dijo que se refería, obviamente, a los años 2014 y 2018.

La verdad, no creo que Andrade hubiera estado muy lejos de la realidad. Lo que ocurrió ese día en el Congreso es lo mismo que ha venido pasando desde hace décadas en este país, así que daba igual que hablara de un año o de otro.

Quizá se habría podido referir al año de 1994, cuando Colombia estaba gobernada por Ernesto Samper y su séquito. Por aquella misma época, Germán Vargas Lleras renunciaba al Concejo de Bogotá para aspirar al Senado y todos eran felices y comían perdices mientras el país caía en lo peor de su desmoronamiento moral.

Pues bien, amigo lector, el pasado está de vuelta en casa, cortesía de este gobierno que no fue capaz de quitarse esas dañinas ataduras de los viejos políticos y decidió reencaucharlos a casi todos, en especial a los más malos.

El presidente se metió de frente en la elección del contralor, y Maya, sin ninguna vergüenza, admitió el guiño de quien de ahora en adelante será el dueño de su gestión. El controlado eligió a su controlador y, como en 1994, Maya, Cristo, Samper y Vargas Lleras se ríen de esos ingenuos que creyeron que en este segundo gobierno de Santos las cosas iban a estar mejor.

No, señor lector. Este país no tiene remedio y aunque unos pocos se levantaron en el Congreso para protestar por la burla que fue la elección de contralor, al final la aplanadora del Gobierno se impuso y se llevó todo por delante, aplastando incluso y sin agüero a César Gaviria, quien prestó sus buenos oficios en la moribunda campaña reeleccionista y recibió como recompensa una premeditada paliza pública de Santos y sus muchachos.

Edgardo Maya llega con las peores credenciales a su cargo de contralor. Sin inhabilidades legales, tal vez, pero con todos los impedimentos morales que funcionario alguno pueda tener. Basta releer el libro del periodista Gonzalo Guillén (La caída del imperio Maya) para conocer cada una de las omisiones que tuvo en su paso por la Procuraduría Edgardo Maya mientras sus hermanos y su hijastro estaban comprometidos en escándalos que el entonces jefe del Ministerio Público nunca quiso ver.

¿Será esa misma fórmula, traída del pasado, la que al gGobierno y a los congresistas les pareció tan buena como para repetir?

Y prepárense, porque si algunos columnistas se quejaban de los seguimientos ilegales de la saliente contralora, Sandra Morelli, con Maya las cosas en ese frente pueden resultar peores. Quizá trasladará los equipos de interceptación que bajo su procuraduría funcionaban a toda marcha en la entidad y con los que, vaya uno a saber a cuántos chuzó.

Bienvenidos, en fin, a este pasado en presente al que nos condenaron los politiqueros de turno, es decir, los mismos de antes. Los mismos de siempre.

Twitter: @JoseMAcevedo
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