10 mayo 2013

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Bitcoin, ¿la moneda del futuro, o el canal para las actividades ilícitas?

Por Silvia ParraVer más artículos de este autor

SILVIA PARRASi le propongo que cambie sus ahorros a una divisa que no se puede tocar, que no es de ningún país y que sólo existe en internet ¿lo haría?

Bitcoin, ¿la moneda del futuro, o el canal para las actividades ilícitas?.

Con la perspicacia y la “malicia indígena” que nos caracteriza, ya imagino la expresión de su cara y las de millones de colombianos que ni siquiera aún se les ha pasado por la mente digitar sus números de tarjetas de crédito para realizar una compra por internet, ni utilizar plataformas como pa
ypal o Google wallet por miedo al fraude.

Sin embargo, aunque nos suene a ficción, esa divisa existe, se llama Bitcoin y hoy tiene revolucionados el mundo real, las entidades bancarias, los gobiernos, a los inversionistas y a los financieros.

Si bien su aparición fue en el 2009, en los últimos meses ha cobrado gran protagonismo y mucho uso: el valor en circulación de la divisa superó en el último mes 1.500 millones de dólares. 

¿Qué la hace tan atractiva? Bitcoin es una moneda virtual que permite comprar en línea productos y servicios. Esta moneda, basada en criptografía,  no depende de ningún gobierno, empresa o autoridad central, y las transacciones se realizan directamente de un usuario a otro. Ya varias empresas en diferentes lugares del mundo aceptan bitcoins como medio de pago para servicios de todo tipo, como telefonía, hosting de internet, bonos de regalo, asesoría legal, turismo, flores, entre otros productos.

Su ámbito internacional y el hecho de que los usuarios puedan transferir dinero o comerciar anónimamente con cualquier persona en el mundo, sin costo alguno, han hecho posible que se abra paso en sectores cada vez más regulados, como apuestas online y partidas de póker.

Para los usuarios del Bitcoin, la principal ventaja es la ausencia total del cobro de comisiones o tasas, como sí ocurre con el pago en internet a través de tarjetas de crédito o débito, o con el uso de plataformas de pago. Muchos aplauden el no depender de ningún banco central ni de intermediarios, además de que el valor de la moneda no esté sujeto a decisiones políticas con intereses gubernamentales.

Otra ventaja, aseguran los expertos informáticos, es que es una moneda infalsificable, al contar con un protocolo encriptado. Así mismo, al no estar supervisada por ningún organismo internacional, no hay nadie que pueda conocer que el internauta X tiene una cuenta con bitcoins.

Y esto es precisamente lo preocupante, su anonimato. Hay quienes dicen que “lo que no se ve, no existe”, pero aquí me sirvió más “el que busca encuentra”. Porque buscando entre la profundidad de la web  o la “internet invisible”, encontré cosas alarmantes.

En la cultura del Bitcoin, los pagos son seudoanónimos, es decir, se conocen las transacciones y sus autores, pero los nombres de las cuentas están bajo seudónimos. Esto permite la desvinculación con datos de personas reales, lo que facilita los pagos ilícitos, el lavado de dinero o la evasión fiscal. Tan anónimo como el dinero físico, pero con la capacidad de hacer grandes movimientos internacionales. 

Aquí entre nos, el mayor mercado de estupefacientes de internet se llama Silk Road (Ruta de la seda), se trata de una tienda virtual con más de 10.000 artículos, 7.000 de los cuales son drogas: heroína, LSD, marihuana, opiáceos, alucinógenos, benzodiacepinas, éxtasis y sigue la lista porque aquí se puede vender casi cualquier cosa, objetos eróticos, prescripciones médicas, libros, identificaciones ilegales, etc.

Esta “ruta de la seda” es invisible a los ojos del internauta común cuando navega en internet. Está alojada en un lugar oculto dentro de la llamada “Red profunda” o deep web, donde se construyó este mercado negro dedicado a la compraventa de artículos prohibidos para aquellos usuarios que desean mantener el anonimato en sus compras. Y justamente la moneda que se utiliza en Silk Road no es el dólar ni el euro, es una moneda anónima que no está bajo la jurisdicción de ningún país, de ninguna empresa, y se encuentra cifrada. Su nombre: Bitcoin.

De ahí la razón por la cual, en mi opinión, está moneda se ha vuelto tan popular en los últimos dos años, y no desde cuando nació, en el 2009, pues en aquel momento no había nada que comprar con ella. Sólo cuando en el 2011, desde la oscuridad de la red surgió “Ruta de la seda”, se empezó a dar su abrupto crecimiento.
 
Hoy, dos años después, los pequeños ahora son grandes monstruos virtuales; según estudios recientes, se estima que Silk Road tiene un volumen de negocio superior a 22 millones de dólares al año y el valor de todas las Bitcoins del mundo se estima que está en unos 800 millones de dólares.

¿La moneda virtual del futuro?, ¿el canal seguro para las actividades ilícitas?  Lo que sabemos es que nadie puede predecir qué va a pasar con esta moneda si miramos la inestabilidad que ha tenido recientemente. Cuando nació no alcanzaba a valer un dólar, al cambio, llegó a superar 250 dólares hace unas semanas, para de un día a otro caer de forma abrupta por debajo de 70 dólares, y volver a subir a 100 dólares en pocos días. Hoy  comienza de nuevo en alza, con 113 dólares por Bitcoin.

Con esta montaña rusa la moneda digital infunde inseguridad y alborota cada vez más las especulaciones sobre su futuro. Hay quienes dicen que se trata de una burbuja especulativa y que, como toda burbuja, estallará, mientras otros se contagian de la fiebre por tener en sus “bolsillos” dinero ciberespacial en el mundo real. Lo cierto es que si no se toman medidas serias para regularla, se convertirá en la moneda oficial de los criminales.

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