Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2009/11/30 00:00

    Blanco y Negro. Rojo y Azul

    Mientras Santa Fé sonríe y ve cerca la copa Mustang, a Millos lo mejor que le puede pasar es descender para despertar.

COMPARTIR

Realidades opuestas atraviesan por estos días Santa Fe y Millonarios, los tradicionales equipos bogotanos. Por los lados rojos, los hinchas no caben de la dicha. Y tienen razones respetables. El equipo acaba de ganar la Copa Postobon, título con el que terminó una sequía que se inició 34 años atrás, cuando la escuadra de Sarnari, Pandolfi y Cañón, dibujó la sexta estrella sobre el escudo cardenal.

Después, solo años magros, que matizados con alegrías menores como el título de la Copa Colombia de 1989, y subtítulos en las desaparecidas –no propiamente por su alto nivel- Copas Conmebol y Merconorte, borraron la sonrisa de la cara del hincha santafereño.

Por eso los rojos tienen todo el derecho a estar felices y celebrarlo, eso si, sin perder las proporciones. Aunque triunfo es triunfo, la copa ganada es un torneo menor, lejano aún del nivel de la Copa Mustang, y que tras la disputa de dos ediciones, no se consolida en el corazón de la gente.

No puede omitirse el hecho de que el campeón reinante era La Equidad, equipo con menos de cinco años en el fútbol profesional. Tampoco puede pasarse por alto el hecho de que el propio Santa Fe apenas se tomó el torneo en serio cuando se encontró con la final.

Por eso es hora de guardar las cornetas y el carro de los bomberos, y esperar que el equipo confirme su buen momento con un título en el campeonato colombiano. Después de todo, ganar la Copa Postobon sin rubricarlo en la Mustang, termina siendo lo mismo que ganarse el premio al mejor traje típico en Miss Universo.

Sin embargo la hinchada roja puede estar tranquila, argumentos no le faltan, un invicto de trece fechas en Bogotá, y un rendimiento ascendente dan cabida al optimismo.

Optimismo, en cambio, es la última palabra en el diccionario del hincha de Millonarios por estos días. La eliminación de los cuadrangulares semifinales, del otrora mejor equipo del mundo, ha caído como un mazazo en la cabeza de todos.

No hay excusas. Ni siquiera en la vulgaridad arbitral del partido Nacional vs. Pereira –que de carambola perjudicó a los embajadores- han encontrado consuelo los hinchas. Al contrario, para estos es cada vez mas claro que, más allá de un mal resultado, la institución padece una enfermedad terminal.

Por ejemplo, resulta inconcebible que pese a los continuos fracasos, el presidente Juan Carlos López, siga tan campante. Contraría el más elemental sentido común el que después de cinco eliminaciones consecutivas de las finales -hecho que denota una incompetencia rampante- la cabeza de la institución permanezca aferrado a su silla. Todo con un nivel de descaro que le da incluso para citar al Rey León en entrevistas, dadas a sus periodistas amigos, a efectos de justificar lo injustificable.

Al fin y al cabo es el inefable López, el mismo que no se ha sonrojado en disfrutar de la noche bogotana en compañía del “Gato” Pérez, cuando este era aún jugador activo de la institución, ni ha tenido conflictos morales para reforzar el equipo con jugadores desahuciados para el fútbol del estilo del “Tigre” Castillo. También, es el mismo que ha visto huir despavoridas a un par de contrataciones extranjeras, que, recién desempacadas del avión, y apenas con conocerle, han adivinado a lo que se atienen.

Para colmo, y como no hay Beto sin Enrique, ni Batman sin Robin, parece que la hinchada azul también tendrá que seguir padeciendo a Luis García, técnico, accionista, y buen amigo del presidente, quien pese al fracaso se aferra aún por una fina cuerda a la dirección técnica del equipo. Y seguro lo logrará. Bien conocidas son sus habilidades en el arte de los malabares, que alguna vez le permitieron, por ejemplo, trabajar en el América de los Rodríguez Orejuela, después de haberlo hecho en el Millonarios de los Rodríguez Gacha.

Con este oscuro panorama, el equipo arrancará el próximo año a solo unos cuantos puntos del descenso. El mismo que, debe decirse sin temor, es la única tabla de salvación que al parecer, le queda al equipo azul. En últimas, los buitres suelen alimentarse con la carroña, pero vuelan raudos cuando solo quedan los huesos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.