Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1999/08/02 00:00

BLAS DE LEZO VS RAMBO

BLAS DE LEZO VS RAMBO

Un año despues de que se tomara la célebre fotografía del entonces presidente electo Andrés
Pastrana con 'Tirofijo' en medio de la selva, se inician las negociaciones entre el gobierno y las Farc. El
miércoles de esta semana las dos comisiones tendrán el primer tête-à-tête que le dará comienzo quizás a la
más importante pero más incierta negociación de paz que haya vivido el país.
En esa mesa se va a plantear, de una vez por todas, si se le entrega un pedazo de territorio a las Farc, si va
a haber una redistribución del poder político y económico, o si se va a convocar a una nueva Asamblea
Constituyente que establezca unas nuevas reglas del juego, como ocurrió en 1991. O, también, si nuestro
destino como sociedad es seguir aprisionados en un oscuro callejón sin salida matándonos unos a otros.
Para nadie es un secreto que esta ronda de negociaciones va a estar llena de obstáculos, trampas y hasta
minas 'quiebrapalabra'. Por esta razón, preocupa que el gobierno llegue a la mesa con la voluntad de
Chamberlain en el cuerpo de Blas de Lezo mientras que las Farc llegan con el carácter de Stalin en la
corpulencia de Rambo.
Con menos de un año en el poder, el gobierno de Pastrana ya se encuentra políticamente tuerto,
económicamente manco y socialmente cojo. El desgaste de las continuas concesiones unilaterales a las
Farc, la recesión económica y el altísimo desempleo, sumado a una sorprendente torpeza en el manejo
político, tienen al Ejecutivo zigzagueando y arrastrando con premura su pata de palo para no perder la poca
gobernabilidad que le queda.
En este sentido, uno de los factores que más va a determinar el curso de las negociaciones, y el margen de
maniobra del gobierno, es el clima de opinión. Y el extendido cinismo de la sociedad no es un buen
augurio. Según una encuesta publicada por El Espectador hace unos días, el 68 por ciento de los
colombianos desaprueba la forma como el gobierno ha manejado el proceso de paz. Como quien dice, el
gobierno se sienta a la mesa con la aguja en reserva. Y con tendencia a seguir bajando. Por eso, en lo que se
refiere al sensible mercurio de la opinión, urgen en esta mesa de negociación hechos de paz tangibles.
Pero también es necesario ver qué pasa con el ELN. Porque si cometen otro par de actos de
propagandística barbarie, estilo iglesia La María, pueden dar al traste con el proceso de las Farc.
Así como el gobierno no puede alejarse demasiado de la corriente de opinión, tampoco puede distanciarse
mucho del establecimiento. Sin embargo, en el tema económico, que se perfila como la columna vertebral
de estas negociaciones, hay todavía desacuerdos abismales. A las insinuaciones del Presidente de que la
firma de la paz puede costar el 40 por ciento de los ingresos, el industrial Carlos Ardila Lülle ya manifestó
que no iba a ser tan fácil y que "era necesario revisar lo que significa la redistribución".
Al igual que Ardila, la clase empresarial ha dicho que tampoco está dispuesta a ceder una tajada de sus
ingresos. Esto quedó muy claro luego de una encuesta realizada por El Tiempo entre ejecutivos de las
5.000 empresas más grandes del país: el 53 por ciento dijo que entregaría menos del 1 por ciento de sus
ingresos para financiar la paz. La pregunta de fondo entonces no es sólo qué va a negociar el gobierno con la
guerrilla sino qué piensa el establecimiento y hasta dónde esta dispuesto a ceder.
Pero me estoy apresurando, sin duda. Porque mucho antes de que se aterrice cualquier tema sobre la
redistribución del ingreso o la propiedad, se tienen que solucionar los problemas de coyuntura que tienen
desgastado al gobierno, exacerbada a la opinión e inquieta a la comunidad internacional: el canje de los
soldados, los secuestros, el tratamiento político a los paramilitares, la zona de distensión, etc. Temas en los
que, hasta ahora, las posiciones entre el Ejecutivo y las Farc parecen irreconciliables.
El pulso que se avecina no va a ser nada fácil. Y gran parte de su éxito va a depender de la estrategia y
destreza política que exhiba el gobierno. De los conductos que utilice el Ejecutivo para democratizar el
proceso, sin anarquizarlo o dejarlo manipular. De la prudencia y confidencialidad de las negociaciones, que
eviten los espectáculos pantagruélicos de los medios, sin que por ello se convierta en un conciliábulo que
se reúne de espaldas al país. El gran reto del gobierno estará, en fin, en su habilidad para caminar
sigilosamente entre dos fuegos sin dejarse chamuscar.
Estamos, definitivamente, ante una compleja negociación en la cual todo el mundo se hace la misma
pregunta: ¿Qué estarán pensando las Farc?

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