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Opinión

  • | 2011/10/31 00:00

    ¡¡¡Bogotá, Bogotá, Bogotá!!!

    Como no pasaba hace años los equipos bogotanos disfrutan en simultánea de las mieles de la victoria.

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Como no pasaba hace años los equipos bogotanos disfrutan en simultánea de las mieles de la victoria. Por un lado Santa Fe se matriculó en los cuartos de final de la copa Suramericana, torneo que año tras año cobra más importancia y que más allá de legar al olvido bodrios inmarcesibles en sus primeras fases, se pone bastante interesante en alturas como las que ya alcanzó el equipo cardenal.

En una goleada contundente ante un histórico como Botafogo, Santa Fe mostró un rendimiento tan aplastante que excusas como la altura -que más allá de los 2000 metros produce en los equipos brasileños un miedo reverencial – o el hecho de que el rival haya empleado un equipo mixto, apenas para cumplir el compromiso, quedan casi sin piso.

Si bien la Suramericana, pese a sus avances, es aún claramente una copa de consuelo en el continente, y falta mucho terreno por recorrer, Santa Fe merece todo el reconocimiento, pues no solo ha llegado sino que ha sabido llegar invicto, y con el mediocre nivel general del fútbol colombiano y la patética historia reciente de sus “clubes” en torneos internacionales, lo ya conseguido se antoja como un gran logro. Logro que sería hazaña con solo lograr el nivel mostrado y superar al rival más duro de los posibles: Vélez Sarsfield. Puede ser hora de soñar.

Por otro lado, y hablando de copas de consuelo, Millonarios, el rival de patio, se consagró campeón de Copa Colombia, logro interesante, digno de celebrar en su justa medida, pero el cual, en todo caso y sin ánimo de aguar fiestas, no debe trasnochar a nadie. Esta copa no resulta suficiente para paliar la sequía de títulos del equipo azul, ni por el hecho de haberla ganado Millonarios se hace un torneo más grande. Es la misma copa que, cuando en su momento la ganaron la Equidad, el Cali y sobre todo Santa Fe, se pretendió minimizar. No más que eso.

Sin embargo, título es título, y más allá de los jugadores debe agradecerse como a nadie al técnico venezolano Richard Páez, a quien muchos, en razón nada más que de su origen, se le ha negado el reconocimiento de lo que ha hecho al mando del equipo. Se le olvida a la gente que el venezolano ha llevado a Millonarios a la mejor figuración de Liga en varios años y al logro de la Copa Colombia, que, pese a todo, es el mayor logro de la institución en décadas.

Es cierto, Juan Carlos Osorio, - gran técnico, debe decirse- llevó no hace mucho al equipo a instancias similares en la Liga, pero comparando una y otra nómina se siente uno casi que hablando del Barcelona y del Pereira en la misma frase.

Claramente, Páez no es perfecto. Es posible que frecuentemente haga cambios incomprensibles, que en la mayoría de casos paradójicamente le funcionan. Es posible que gracias a toneladas de terquedad al insistir con José Mera, se haya demorado dos años en encontrar en Cichero y Franco la pareja de centrales, pese a que siempre los tuvo ahí.

Pero no tiene la culpa de que Toloza, quien por haber hecho unos cuantos goles, pretenda cobrar penaltis a lo Panenka, cuando apenas es Toloza. El mismo que partido tras partido empieza a demostrar que más allá de su buena racha es el mismo intrascendente de Santa Fe y América.

Tampoco tiene la culpa de que al mirar hacia el banco, buscando alternativas para una delantera que está haciendo agua, apenas vea a Carpintero. Debe ser una sensación horrible. El tipo se debe sentir como corriendo por su vida, con una rodilla lastimada, y delante de una manada de hipopótamos.

Lo más importante es que después de todo, y bajo su batuta, se ha dado el merecido triunfo de Millonarios, que después de 23 años da una alegría a sus hinchas, que desde 1987 no veían una vuelta olímpica en El Campín, -así sea en un torneo de consolación-.
El objetivo verdadero, que es la Liga, sigue pendiente. Por eso terminada la celebración, el equipo debe mantener los pies en la tierra y empezar a pensar en Nacional y los partidos restantes, en los que el margen de error es mínimo para garantizar la entrada a las finales, la que se antoja, por ahora difícil, pero no imposible.

Por eso, más allá de los reparos chovinistas, disfrazados de argumentos futbolísticos, que puedan esgrimir las mentes primitivas de siempre, la afición –y lo más importante, la directiva- deben tener claro que con lo logrado hasta ahora, y ante todo teniendo en cuenta las herramientas disponibles para ello, debe darse continuidad al técnico independientemente de los resultados en lo que queda de Liga.

Ante todo porque, de contar con un material humano digno, es un tipo que calla bocas, como lo hizo en Venezuela, cuando ésta aún era el ‘hazmerreir’ de Suramérica, y como parece terminará haciéndolo en Millonarios que gracias a los nefastos manejos de años -y ante todo la cereza que pusieron en el postre el “Chiqui” García y el impresentable candidato a la Gobernación del Cauca, Juan Carlos López- parecía condenado por siempre a ser el ‘hazmerreir’ de Colombia.


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