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Opinión

  • | 2016/01/05 17:00

    Bogotá: entre retos y el reto (del posacuerdo y posconflicto)

    La capital tiene El reto (con mayúscula) en materia de posacuerdos y posconflicto. Este asunto, con todo respeto, el nuevo alcalde no lo ha tocado.

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El común de las poblaciones a lo largo y ancho del mundo reconocen que el cambio en la administración de lo público, sobretodo cuando se trata de cargos de elección popular, trae consigo nuevas posibilidades y oportunidades. De manera especial, la elección de nuevos gestores de lo público de un partido político o ideología distinto(a) al que venía administrando y, en términos generales, fue “castigado” en las urnas por su mala gestión, hace que el resurgimiento de deseos, sueños y expectativas de gran parte de la población se concrete en los llamados retos para el nuevo gestor o, en nuestra realidad, nuevos gobernadores y alcaldes. Esto para que la vida ciudadana sea la “más cercana” a una ciudad donde vivir no quede en la sensación de “supervivencia”, sino de convivencia.

Bogotá vive esta primera semana del año en esta situación. Doce años de administración de grupos o partidos políticos llamados de izquierda han dejado la sensación de “desastre ciudadano”. Los aciertos de las políticas sociales diseñadas e implementadas a lo largo de este tiempo quedan desdibujados ante los grandes líos y enredos en materia de: 1) movilidad (sobretodo las problemáticas de la malla vial, el tráfico, el transporte público y los pocos espacios públicos para el desplazamiento del ciudadano de “a pie”); 2) en seguridad, con un enorme aumento del crimen callejero, violencia contra la mujer, agresiones en Transmilenio, etc.; 3) La deficiente e ineficiente prestación de servicios de salud en la capital; 4) El obstaculizado proceso para hacer efectivo el POT en Bogotá, D.C.; 5) Los nefastos efectos de la ausencia de planeación urbana. Mejor no avanzar en la lista para que la sensación de desesperanza no invada a los habitantes de la ciudad en medio de la “esperanza” que invadió al electorado del pasado mes de octubre cuando felices se escuchaban voces de satisfacción a medida que avanzaban los reportes de la Registraduría.

Entre noviembre y diciembre de 2015 los comentarios de los retos del nuevo alcalde para Bogotá, D.C., estuvieron presentes en medios de comunicación y, por supuesto, en toda conversación de reunión familiar y social. Los nombramientos del llamado “nuevo gabinente” fueron marcando una pauta respecto al cambio. El exconcejal Miguel Uribe en la Secretaria de Gobierno; en la nueva Secretaria de Seguridad estará Daniel Mejía; en la de cultura estará María Claudia López; y, en Desarrollo Económico, Freddy Castro. Obviamente más nombres estarán rondando el círculo del nuevo alcalde y de su equipo de gobierno. Preparación, juventud mezclada con trayectoria e innovación y creatividad, parecen acompañar una nueva gestión para Bogotá, D.C., pero menguando la expresión de mesías que en algunos medios de comunicación y espacios sociales se ha dejado entrever. Con todo respeto, Peñalosa no es el mesías para una ciudad que trae doce catastróficos años en su administración, pero sí es un hombre que en cortos cuatro años puede iniciar el proceso de organización que se merece la capital. No podemos olvidar que el primer año es de conocer, reconocer y acomodarse a lo dejado por el gobierno anterior, trabajando con el presupuesto elaborado por la administración anterior, el segundo año busca el inicio de implementación de su apuesta gubernamental que, junto con el tercer año, impulsará hasta donde pueda y, por último, el cuarto año es un ir cerrando, buscando dejarle a la siguiente administración las posibilidades de avanzar con la ciudad.

Sin embargo, en este momento Bogotá no es solo un problema en movilidad, seguridad, salud, entre otros tantos males. La capital tiene El reto (con mayúscula) en materia de posacuerdos y posconflicto. Este asunto, con todo respeto, el nuevo alcalde no lo ha tocado. Parece que es un “papa caliente” que nadie quiere asumir en serio. La ciudad ha aumentado considerablemente su población, sin censar con certeza, por el fenómeno del desplazamiento a raíz del conflicto armado. Tenemos el 15% de la población colombiana en esta condición de desplazados, la mayoría asentados en las ciudades más grandes, siendo Bogotá la que mayor concentra. Desde 2002, cuando comenzaron los procesos de desarme y desmovilización de excombatientes, la ciudad ha recibido un sector poblacional que ha ingresado a programas de reinserción y reintegración como el de la ACR, así mismo ubicados en las oficinas regionales que la Agencia ha diseñado. Las comunidades que han vivido fenómenos o hechos en el conflicto armado también necesitan una atención prioritaria e, incluso, la población indiferente a este proceso o que no ha sido “tocada” por la misma conflictividad armada, deben ser convocados para formar parte de la reconstrucción del país.

La firma de los acuerdos lanzaran al país a un proceso que contiene medidas de “inmediato, corto, mediano y largo alcance”, no es algo que se dará de una vez para siempre. En este sentido, señor alcalde, ¿cómo va a gestionar Usted en su próximo período de 4 años este Reto (con mayúscula) para Bogotá? Sería interesante diseñar e implementar una “secretaría para el posconflicto”, con un equipo serio de personas, apoyados en la academia, que pensemos en una Bogotá gestora de la reconstrucción del país. Prepararse para ser administrador de lo público va más allá de saber de finanzas públicas, ordenamiento territorial, planeación urbana, movilidad, entre muchos otros aspectos que Usted conoce muy bien y, por supuesto, el equipo que ha organizado. Pero, las coyunturas de lo real a nivel nacional permean lo regional y lo local. Así las cosas, el proyecto de un país para el pos no puede dejar por fuera a nuestra capital.

De los retos esperanzadores que se han colocado para la capital en tiempos de inicio de una nueva administración, no puede quedar en el vacío EL RETO de Bogotá para el posacuerdo y el posconflicto. En el territorio capitalino está el centro de las entidades que trabajan como hormigas por atender las necesidades que van surgiendo del mismo proceso, comenzando por Presidencia y Ministerios, junto a instituciones como la ACR, Unidad de Víctimas y Restitución de Tierras, entre otros. Los retos suscitados de lo anterior, no pueden desdibujar la fuerza del que nos permitirá configurar lo público desde la reconstrucción social. Solo unas líneas del pensador Daniel Innerarity para que despertemos del “letargo ante los retos” que nos pueden dejar los desesperados doce años de catástrofe en la administración de lo público, pero sin perder de vista que mejorar la movilidad, darnos más tranquilidad con seguridad, tener mejor acceso a la salud, entre otros tantos aspectos, tendrán sentido si avanzamos en el “aprender a vivir como seres humanos”, lo que nos lo dará una buena apropiación del proceso pos.

"La suma total de los esfuerzos gastados en transformar el mundo, por construir de nuevo y empezar desde el comienzo, es inferior a la que los hombres consagran a las tareas de reparación. Después de los constructores y los revolucionarios, son los cuidadores quienes parecen llamados a gobernar una nueva época histórica. La célebre tesis de Marx podría actualmente ser formulada en estos términos: los revolucionarios se han dedicado a transformar el mundo; ahora se trata de conservarlo", Daniel Innerarity (2001).

*Decano Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, D.C.

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