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Opinión

  • | 2004/06/13 00:00

    Bogotá sin homofobia

    Mientras que en ciudades de Estados Unidos y Europa aprueban los matrimonios entre homosexuales, en Bogotá hasta ahora se está trabajando para combatir la homofobia. Manuel Antonio Velandia, fundador del Movimiento homosexual colombiano, escribe sobre la iniciativa.

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¿Hay tantas lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas (Lgbt) en Bogotá como para que la Alcaldía y las diferentes entidades distritales hayan aceptado asumir conjuntamente con la comunidad Lgtb el reto de trabajar contra la homofobia y de paso apoyar la idea de hacer una Colombia más incluyente?

Se calcula que Bogotá cuenta en este momento con 2'195.000 hombres, de los cuales el 64 por ciento tiene una vida sexual activa (personas entre los 13 y los 64 años). De ellos, entre el 7 y el 10 por ciento son homosexuales, aproximadamente un número de 219.520.

El único estudio que en Colombia se ha aproximado a conocer cuántos hombres tienen sexo con otros hombres y que no se consideran a sí mismos homosexuales (HSH) fue desarrollado por Lucero Samudio y su equipo en la Universidad Externado de Colombia en 1992; según dicha investigación, el 28 por ciento de los hombres en este país ha tenido encuentros genitales tanto con hombres como con mujeres, por lo que se puede extrapolar que en Bogotá hay 615.000 HSH.

Entre las mujeres con vida sexual activa, las lesbianas son del 2 al 4 por ciento, es decir, en Bogotá entre 48.000 y 96.000 de ellas tendrían dicha orientación, sin contar las bisexuales ni las que tienen sexo con otras mujeres

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define a la homofobia como la aversión obsesiva hacia los homosexuales. Sin embargo, dicha animadversión afecta a todo el sector Lgbt y se fundamenta en la idea de que los hombres "deben ser", según el modelo judeocristiano, machos, masculinos, falocráticos y heterosexuales. Por supuesto, los homosexuales y las lesbianas violan desde su "querer ser" y en su cotidiano "estar siendo" los modelos culturales tradicionales y las relaciones sociales preestablecidas al asumir como el (la) sujeto de su deseo, erotismo, genitalidad y afectividad a alguien del mismo sexo; los (las) bisexuales son considerados aún más transgresores ya que se cree que "rompen con el esquema de la monogamia para introducirse en la poliginia (múltiples contactos genitales con mujeres) y la poliandria (múltiples contactos genitales con hombres), además de engañar tanto a unas como a otros".

Las travestis y otras personas que transitan de masculino a femenino, más que quienes lo hacen de lo femenino a lo masculino, son uno de los grupos mayormente vulnerados, estigmatizados, segregados y excluidos por todos los demás sectores en la sociedad. Dicha situación está directamente relacionada con los conflictos que se generan en relación con las manifestaciones de su identidad, en especial con su feminización en los comportamientos, vestido, accesorios, y más aún con la vivencia de su cuerpo y genitalidad.

El desconocimiento sobre las sexualidades, los géneros y las orientaciones sexuales ha conducido a que se manifiesten actitudes fuertes de intolerancia, especialmente frente a sectores como los homosexuales, como lo afirma la investigación desarrollada sobre la cultura ciudadana en Bogotá por la Alcaldía en dos oportunidades, durante el gobierno de Mockus. En este estudio se demostró, al indagar el grado de aceptación frente a diversos tipos de vecinos, que el 64 por ciento de las personas encuestadas admitieron tener dificultades para aceptar convivir en su vecindario con esta población.

Como lo escribió Rocío Londoño, directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, "se podría decir que gracias a la pluralidad de oficios y de lenguajes, la ciudad es un paraíso de la hermenéutica, es un paraíso en donde cada cual comienza a interpretar lo que el otro hace. Nos hemos acostumbrado a eso, lo toleramos, admitimos que la lectura de mi comportamiento no necesariamente coincide con la lectura de mi vecino". Un paraíso en el que sus habitantes segregan, separan y estigmatizan porque a los ciudadanos y ciudadanas se les dificulta aceptar al otro como un auténtico otro, es decir, como alguien único y por tanto distinto de mí en sus construcciones teóricas, en sus experiencias, vivencias y emociones.

El Plan de Desarrollo Económico, Social y de Obras Públicas para Bogotá D.C. 2004 - 2008, del alcalde Lucho Garzón, en lo pertinente al tema de mujer y géneros evidencia la no exclusión por razón de género u orientación sexual como parte esencial de la política pública denominada "Bogotá sin indiferencia".

Desde la anterior premisa, la comunidad Lgbt ha solicitado a la Alcaldía, y esta lo ha aceptado, trabajar conjuntamente a favor de la no exclusión social como parte del interés de la ciudad en que los ciudadanos participen activamente en la planeación de la ciudad que quieren; para ello se construyó un escenario de concertación en temas como derechos humanos, transformación de imaginarios (sistema educativo, formación de funcionarios, educación de docentes, trabajo cultural), sensibilización de las autoridades de policía (código de policía, problemas de cierre de establecimientos que ofertan servicios a esta población, maltrato a los ciudadanos Lgbt por algunos miembros de esta entidad), salud con énfasis en sida y enfermedades de transmisión sexual, cultura, investigación de aspectos culturales y sociales que movilizan la indiferencia y la homofobia.

La concertación para construir ciudadanía se fundamenta además en que los Lgbt tienen constitucionalmente los mismos derechos que los heterosexuales. Si las preferencias sexual y de género son asumidas libremente por la persona, como lo sostienen algunos enfoques, entonces esa escogencia se encuentra protegida como un elemento esencial de su autonomía, su intimidad y en particular de su derecho al libre desarrollo de la personalidad (Constitución Política de Colombia, C. P., art.16). Si por el contrario se encuentran biológicamente determinadas, como lo sostienen algunas investigaciones, entonces la marginación de estos sectores sociales es discriminatoria y violatoria de la igualdad, pues equivale a una segregación por razón del sexo (C. P., art.13). Por cualquiera de las dos vías que se analice, el resultado constitucional es idéntico, por cuanto implica que todo trato diferente fundado en la orientación sexual o en el género de una persona se presume inconstitucional, más aún cuando se hace referencia a derechos fundamentales.

De lo anterior se desprende que el artículo 42 de la Constitución viola el principio de igualdad, ya que si el artículo 13 de esta fundamenta la no discriminación a ninguna minoría en Colombia, desde él se puede concluir que todas las personas somos iguales ante la ley y las autoridades, y que nadie puede ser objeto de discriminación en razón su orientación sexual, así ésta no sea la heterosexual, socialmente considerada como 'el deber ser'. Con base en este principio de igualdad, no puede haber ningún título jurídico que permita discriminar a un homosexual, una lesbiana o una transgenerista, o a una bisexual por el tipo de pareja que constituye o por el género en que desea experimentar.

Una demostración pública de la alianza será la participación oficial en la marcha del domingo 27 de junio que se realizará en las horas de la mañana en Bogotá, partiendo de la Plaza de Bolívar y culminando en el Parque Nacional, en la que estarán presentes diferentes personalidades de la administración pública de Bogotá, junto con los homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgeneristas. La ciudad igualmente ha permitido una vez más la utilización de la Cinemateca Distrital para la realización en Bogotá, del 25 de junio a 8 de julio de 2004, de la cuarta edición del Ciclo Rosa, organizado conjuntamente por los institutos Goethe y Pensar (Universidad Javeriana). Este ciclo se llevará a cabo también en Medellín del 2 al 12 de julio de 2004.

*Sociólogo, sexólogo, magíster en Educación. Fundador en 1976 del Movimiento Homosexual Colombiano.

www.manuelvelandia.com

investigador@manuelvelandia.com
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