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Opinión

  • | 2011/06/16 00:00

    Bogotá y el Mundial Sub20

    Esperemos que cuando Colombia vuelva a ser la sede de un evento mundial, Bogotá se encuentre gobernada por un equipo de personas capaces.

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Esperemos que cuando Colombia vuelva a ser la sede de un evento mundial, que tenga como eje central a la capital del país, esta se encuentre gobernada por un equipo de personas que tenga idea de cómo llevar a cabo proyectos de renovación urbana, de manera que su ejecución esté finalizada antes de que inicie la programación de un suceso como el Mundial de Fútbol Sub20.

Lastimosamente no ha de ser buena la impresión que se llevarán quienes arriben a Bogotá para presenciar en vivo los partidos de fútbol del mundial Sub 20, junto con periodistas y deportistas de distintos países.

Lo primero que encontrarán es una ciudad con obras a medio construir, basura en todas partes, congestión vial en las avenidas, ventas ambulantes por doquier; microtráfico de drogas a la orden del día e inseguridad en cada esquina.

Lo anterior como consecuencia de la mala planeación y gestión en varios frentes de trabajo durante la gestión de Samuel Moreno como Alcalde Mayor de Bogotá, quien no supo ni liderar el plan de Gobierno “Bogotá Positiva”, y en el afán de mostrar resultados, comenzaba una obra sin terminar la otra, así hasta llegar a un total de 230, de las cuales la mayoría no se han terminado.

De éstas, la de la calle 26, o Avenida el Dorado, es la que más traumatismo ha causado, en primer lugar porque conecta a las localidades de Fontibón y Engativá con buena parte de la capital, lo mismo que al Aeropuerto y la Terminal de Transporte. Es decir, que todo el que llega a visitarnos lo primero que verá es una vía que más parece la calle de un lugar en ruinas, o que acaba de ser sacudida por un fuerte terremoto.

No quiero ser pesimista, pero dudo mucho que la Calle 26 entre Aeropuerto El Dorado y la carrera Décima esté ligeramente terminada para cuando comience el mundial Sub 20, precisamente por lo grande de la obra, que al día de hoy está en un estado lamentable, lo mismo que la carrera Séptima entre calles 30 y 32, donde las obras están paralizadas y causan congestión vial durante la mayor parte del día.

Dejando a un lado las obras de renovación urbana y revisando otros frentes como el de seguridad y espacio público, vemos que la cosa no está mejor. La tasa de homicidios por cada cien mil habitantes dio un salto de más de tres puntos: pasó de 20 a 23,4. Así mismo, delitos de alto impacto como el hurto a personas y el de vehículos, residencias y establecimientos, causaron grandes traumatismos en la ciudad.

Y no habló de una simple percepción ciudadana, sino de la realidad que vive Bogotá a quien el mercado de las drogas y todo lo que le rodea, comienza a mirarla y a interesarse por ella, así las autoridades tanto locales como nacionales no lo quieran aceptar, con el argumento de que el número de delitos de alto impacto no son tan grandes como sucede en Cali o en Medellín, olvidándose de que los grandes criminales cuando quieren pasar de agache contratan jóvenes para que cometan actos menores en gran cantidad como el robo de celulares y distribuyan droga en pequeñas proporciones, mientras buscan la manera más eficaz y menos vistosa para lavar activos.

Ahora, si miramos el tema del espacio público, nos damos cuenta de que su estado es lamentable al igual que la seguridad y la renovación urbana; y que poco hay para mostrarles a los turistas que arriben a la capital de los colombianos para disfrutar de los partidos de fútbol.

Desafortunadamente el cuidado y la vigilancia a los andenes que se construyeron durante la alcaldía de Enrique Peñalosa fueron descuidados durante las administraciones de Luis Eduardo Garzón y Samuel Moreno, quienes permitieron que los vendedores ambulantes, que se venían organizando en el comercio formal, se los tomaran y hoy los transeúntes se vean obligados a realizar maromas para caminar por ellos.

Dudo mucho que la capital, hoy en manos de Clara López, haga algo por corregir esto, debido a que es tal el grado de invasión, que para esto es necesario contar con un ejército de policías en las localidades de Suba y Kennedy, la zona comercial del Restrepo, el Centro Comercial Plaza de las Américas, el Parque Simón Bolívar, entre muchos otros.

Ruego a Dios porque la poca publicidad que se le ha hecho por estos días a este evento, que en otro país ya se estaría anunciando hasta en los sueños de cada ciudadano, motive a la administración encargada a hacer un esfuerzo titánico por mejorarle la cara a la ciudad hasta donde le sea posible, para mostrarle al mundo entero que Bogotá es un lugar al que valga la pena volver.

* Sevioscar@hotmail.com

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