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Opinión

  • | 2017/06/21 09:13

    Terrorismo en la Zona T

    Pesar. La muerte de Ana Gutiérrez, una de las tres víctimas del Andino, nos duele profundamente. Fue una alumna que recuerdan con cariño sus profesores y compañeros de la Universidad Autónoma del Caribe.

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Como siempre que ocurre un atentado, el país se rasga las vestiduras y muestra su indignación por un acto como el ocurrido en el Centro Andino de Bogotá, en la calle 82 con 11. En el último año ha habido hechos similares en el centro y el sur de la misma ciudad y el ciclo noticioso escasamente demoró un día, salvo el que ocurrió cerca de la plaza de toros.

No puedo dejar de confrontar la diferencia de reacciones cuando las tragedias pasan en las periferias del país o del mundo, que cuando pasan en las capitales o centros de poder. Todavía comentamos las dolorosas muertes de Manchester, París o Londres, pero, que yo sepa o haya visto, no ha habido titulares en Colombia o manifestaciones de líderes mundiales condenando los casi doscientos muertos que ha habido en Afganistán en las últimas dos semanas, los miles de muertos en Yemen por la ofensiva de Arabia Saudita -con la complicidad muda de Occidente-, las violaciones de niñas en la India o el retorno de las hambrunas en Somalia como consecuencia del conflicto sempiterno en la región. Si bien todas las vidas valen lo mismo, pareciera que unas valieran más que otras.

Las reacciones al acto terrorista en Bogotá en vez de unirnos lo que han hecho es desnudar y profundizar las divisiones en el país. Llevamos dos días recibiendo mensajes de rabia por los chats, con reacciones emotivas y algunas de ellas frívolas -porque al rato se les olvida-, donde la gente pide de todo. Pena de muerte, acabar el proceso de paz, militarizar el país y, en fin, reacciones emotivas comprensibles, pero no por eso correctas para un país que, a pesar de haber suscrito un acuerdo de paz, está profundamente dividido entre una mitad que sueña con un país civilizado que pueda convivir en la diferencia contra otro 50% al que los modelos mentales históricos de nuestra república no les permiten concebir un escenario diferente a la confrontación armada.

El terrorismo en el Primer Mundo, en el Medio Oriente o en Colombia no persigue nada diferente a generar golpes de opinión, a dejar "mensajes” a la población que digan: "ojo, asústense que yo, o mi grupo, estamos aquí"; bien llámense guerrilla, ISIS, paracos, locos, o lo que sea. Y miren, ahí está la reacción colectiva. Hasta yo mandé un tuit.

Pero lo más complejo de todo esto es que la emotividad del momento no nos deje entender que ese hecho de opinión lo que busca es generar miedo y zozobra. Y un pueblo o unos gobernantes con miedo y zozobra no pueden tomar decisiones ponderadas.

Además, otra de las reacciones a la colombiana es comenzar a buscar culpables entre nosotros mismos, obvio, empezando por satanizar nuestro de por sí chamuscado proceso de paz y hasta pedir que le quiten el premio Nobel de Paz a Santos. Cuando la atrocidad de unos desadaptados de cualquier origen -de la guerrilla, de las bacrim, de sectores reaccionarios de los organismos de seguridad del Estado, o de donde sea- lo que debería provocar es un repudio colectivo a cualquier tipo de violencia, solidaridad con las víctimas y apoyo a las instituciones democráticas, lo que se escucha son clamores de confrontación, más polarización política, pero nada que llame a unirnos como comunidad o nación en torno al derecho que tenemos todos a que en medio de nuestras diferencias ideológicas o de nuestra visión del mundo, podamos vivir y convivir en paz y a que no nos maten en un centro comercial en la zona T de Bogotá, en Buenaventura, en los Montes de María o en el Putumayo. En Londres o París, como acaba de ocurrir en estas últimas horas, ocurre un atentado y Europa se une y se trata con respeto a las víctimas. En Colombia ponen una bomba y de inmediato nos solazamos con la bilis que cabe en 140 asquientos caracteres.

El reciente ataque en un partido de béisbol en Maryland donde resultó gravemente herido un congresista gringo generó obvias reacciones de rechazo de todos lados, pero, cosa curiosa, al tiempo que varios sectores planteaban que debería haber mayores restricciones en el acceso a las armas, la NRA, que es el mayor grupo lobista y financiador del Partido Republicano, respondía que la solución al problema era la opuesta, es decir, facilitar mayor acceso y uso de las armas para evitar esta clase de incidentes. Así que, como puede verse, el "sin sentido" no es una característica sobre la que tengamos derecho de exclusividad los colombianos.

Pesar. La muerte de Ana Gutiérrez, una de las tres víctimas del Andino, nos duele profundamente. Fue una alumna que recuerdan con cariño sus profesores y compañeros de la Universidad Autónoma del Caribe.

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