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Opinión

  • | 2014/07/03 00:00

    11 + 1 = 47 millones de ilusiones

    Los amantes del fútbol estamos asistiendo al que es quizá el mejor mundial de la historia.

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Brasil 2014 ha resultado ser un verdadero banquete futbolístico, con selecciones de un nivel muy parej, donde ya no se puede hablar de superpotencias invencibles que ganan los partidos de nombre y camiseta. Ello ha derivado en partidos abiertos de toma y dame, sin equipos que se replieguen a esperar un empate o ganar en un contragolpe (con excepciones como Uruguay) y eso ha beneficiado a los millones de espectadores que tanto en el estadio como a través de las pantallas de televisión nos hemos deleitado con exquisitos platillos futbolísticos. 

Ver lo que nos regalaron Holanda y España en un partido histórico, Italia – Inglaterra, en una lucha épica; sorpresas impensables como Costa Rica dejando por fuera a Italia e Inglaterra; la campeona del mundo, España, devolviéndose a casa en primera ronda y gozarnos partidos disputados hasta el final como Alemania – Argelia, México – Holanda, Brasil – Chile, que dan fe del progreso del fútbol a nivel global, coronado todo esto con un de 2,69 goles por partido, que reflejan la gran cantidad de emociones que nos han deparado estos 20 días de mundial.

Pero todo ello es poco frente al frenesí que hemos disfrutado los 47 millones de colombianos con  la actuación de nuestros 23 guerreros guiados por la batuta magistral del ese director de orquesta llamado José Nestor Pékerman, que nos ha regalado un verdadero recital de buen fútbol coronado por triunfo y cantidad desbordante de goles para el deleite de toda una nación que vibra y celebra (y lamentablemente también se mata) al compás de nuestros virtuosos jugadores de la tricolor nacional.

Ni los más optimistas habíamos soñado con ver a Colombia catalogada junto a Alemania y Holanda, como una de las tres selecciones que mejor han jugado en este mundial. Ni aun siendo conocedores de su talento inmenso, habíamos creído posible que James Rodríguez se ubicara por encima de mega estrellas como Cristiano Ronaldo (el gran fiasco del mundial, un jugador que sin la ayuda de las estrellas que tiene a su lado en el Real es uno más del montón, otro David Beckham inflado a punta de imagen y marketing), que James superara las grandes actuaciones de Lionel Messi o de Neymar y se constituyera en la gran figura de este mundial y que, además, sea el goleador y que de ñapa haya hecho el mejor gol de la copa. 

Nadie creyó que entre él, Cuadrado, David Ospina y Jackson Martínez pudieran lograr que Colombia dejara de añorar a Falcao, el gran ausente, que sin duda merecía estar y ser figura junto a sus compañeros en este mundial. 

Que la estrategia y motivación de Pékerman nos llevara hasta unos octavos de final y nos hiciera superar el conformismo del “perder es ganar un poco” con que nos consolaba Maturana. Quién, por más optimista que fuera, iba a creer que tras cuatro partidos del mundial Colombia tendría 12 de 12 puntos, 4 triunfos en 4 partidos y todos merecidos y ganados con buen fútbol en el terreno de juego.

Todo esto, que visto así parece una fantasía increíble de realizar, ha llevado a que el país hoy esté contagiado de una epidemia de alegría, de una histérica colectiva que ha permitido dejar a un lado las penurias del día a día, las tragedias y los escándalos con los que convivimos, las peleas entre políticos y los trinos cargados de odio, olvidarnos por unos días de la tragicomedia nacional y soñar que somos un país capaz de vencer todos los obstáculos y alcanzar grandes metas. 

Todo eso, que no es poco, nos lo han regalado estos muchachos salidos de las barriadas humildes de las ciudades, de los poblados más pobres del Chocó y el resto del Litoral Pacífico, los que escaparon de la violencia del Urabá corriendo tras un balón, los que desafiaban el calor de la costa jugando descalzos en un potrero de arena, guiados por un argentino taciturno que conducía taxi y atravesaba calles pensando en tácticas de juego.

Hoy Colombia es otra. Hoy se respira un aire diferente. Hay optimismo a flor de piel y soñamos con más. La otrora temible e invencible Brasil es un adversario al que se le puede ganar. El país entero está unido soñando que sí se puede, que mañana, cuando salten a la cancha serán sólo 11 contra 11 iguales y ganará no el que tenga más historia sino el que mejor juegue. Este es sin duda el mejor rostro de nuestro país. Qué hermoso ver a mujeres y niños contagiados de la pasión del futbol, que lindo levantar la vista y toparnos con camisetas amarillas por doquier, qué felicidad ver los rostros de alegría y optimismo desbordante. Ganemos o no ya nadie nos quita lo que nos ha regalado nuestra selección Colombia. Pero, no lo duden, ¡este viernes vamos a ganar!
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