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Opinión

  • | 2017/03/31 09:02

    Brexit: comienza a correr el tiempo

    La principal motivación detrás de la salida de Gran Bretaña es que no quieren asumir el precio, en términos de movilidad laboral, de la pertenecer a la UE. No obstante, Gran Bretaña quisiera seguir siendo parte de la Unión comercial.

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Esta semana, Theresa May, la primera ministra Británica, invocó el artículo 50 mediante el cual comienza oficialmente el trámite de negociación de la salida Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), el denominado Brexit. Esto implica que Gran Bretaña tiene hasta abril del 2019 para concretar los términos de su salida de la Unión Europea. Este período se puede extender, siempre y cuando todos los miembros de la UE estén de acuerdo, cosa que no ocurre con frecuencia. ¿Qué sigue ahora y cuáles son las posibles implicaciones de este proceso?

La principal motivación detrás de la salida de Gran Bretaña es que no quieren asumir el precio, en términos de movilidad laboral, de la pertenecer a la UE. En esencia, la masiva inmigración de mano de obra no calificada representa un costo demasiado elevado para la economía británica. No obstante, Gran Bretaña quisiera seguir siendo parte de la Unión comercial. En vista de que ambas cosas no son posibles, se deben negociar  los términos de un nuevo acuerdo comercial. Gran Bretaña quiere preservar el acceso al mercado de la UE, su principal socio comercial, pero la UE quiere que Gran Bretaña pague un precio por irse. Aunque a ambas partes les conviene un acuerdo comercial favorable, el proceso va a ser tortuoso, máxime porque Brexit sentará el precedente para otros países que eventualmente consideren salir de la UE.

En aras de ganar tiempo y reducir la incertidumbre, la señora May quisiera que se negociaran de manera simultánea los términos de su salida de la EU y un nuevo acuerdo comercial. Sin embargo, Michel Barnier, el negociador en jefe de la de UE, prefiere un enfoque secuencial y sostiene que primero se deben negociar los términos del “divorcio”. Estos tienen que ver con los derechos y obligaciones de Gran Bretaña e incluyen el monto que según la EU Gran Bretaña le adeuda (60 billones de euros) y los términos para los inmigrantes, entre muchos otros. Después sí se entrará a negociar un nuevo acuerdo comercial. Este tema exclusivamente puede tomar más de los dos años dispuestos por el artículo 50. Por lo tanto, una posibilidad es que se negocie un período de transición que permita a Gran Bretaña permanecer en la unión comercial hasta tanto se llegue a un acuerdo en este frente.

Theresa May ha querido incrementar su poder de negociación mediante anuncios tales como que es preferible que no haya acuerdo a un mal acuerdo, y que en tal caso, se prepararían para competir de manera agresiva con la UE, indicando que podrían desatar una guerra de impuestos. Estas amenazas son peligrosas para todas las partes involucradas y para la economía global, pero el costo económico para Gran Bretaña de una salida caótica podría ser inmenso.

El impacto de Brexit sobre el mercado de capitales global se moderó en la medida en que Gran Bretaña reveló que su pretensión no era cerrar su economía. La incertidumbre frente a este tema desató una significativa depreciación de la libra esterlina a mediados del año pasado. Ahora, las negociaciones en torno al acuerdo comercial traerán consigo incertidumbre adicional. Uno de los temas más espinosos será el tratamiento para servicios financieros. Londres es la capital financiera de la UE, y Gran Bretaña, por supuesto, quisiera mantenerlo así. La UE tendrá el incentivo a hacer pagar a Gran Bretaña por su salida precisamente con este punto, lo que tendría implicaciones significativas para el sistema financiero mundial.

La incertidumbre siempre es negativa para los inversionistas y este proceso será lento. En la medida en que se prolongue la fase de negociación del “divorcio”, se incrementa la probabilidad de que se requiera un acuerdo comercial de transición, lo cual a la vez hace más probable un escenario en que Gran Bretaña deba acogerse a los términos de la Organización Mundial del Comercio. Oxford Economics estima que esto podría tumbarle 0,8 puntos de crecimiento al año a la actividad económica del Reino Unido. Evitar este escenario debe ser la prioridad, pero el tiempo está en contra la señora May.

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