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Opinión

  • | 2016/03/08 14:56

    Agonía de polinizadores, una amenaza para Colombia

    Los sectores productivos y el bienestar social y económico de los países, así no lo veamos a menudo, dependen de los servicios ecosistémicos derivados de la biodiversidad.

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Los sectores productivos y el bienestar social y económico de los países, así no lo veamos a menudo, dependen de los servicios ecosistémicos derivados de la biodiversidad.

Colombia, debido a su ubicación y características geográficas depende aún más que otras naciones de su salud ecosistémica.

De acuerdo con la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MEA, 2005), la polinización es uno de los servicios de regulación esencial para la producción de gran parte de los alimentos del mundo, y aporta millones de dólares, mismos que no son reconocidos por los sistemas de contabilidad financiera.  Sin embargo,  el  colapso  de  los  servicios  de  polinización  sí  se  traduce  en  crisis alimentaria, reducción de ingresos comerciales del sector agropecuario y pérdida   de competitividad, con todas las consecuencias sociales que esto implica.

Indirectamente, si no hay polinización adecuada o esta se reduce de manera sustancial, tampoco hay regeneración de la vegetación natural y la salud de los ecosistemas se deteriora con riesgos adicionales para el bienestar humano: bosques empobrecidos se hacen susceptibles a las plagas y reducen su capacidad de regulación climática e hidrológica, entre otros.

Todos conocemos y valoramos las abejas melíferas, de origen europeo, pero no sabemos que estas  constituyen  solo  una  de  miles  de  especies  dentro  de  la  diversidad  de  polinizadores  y sistemas   de   polinización.   Existen   entre   25.000   y   30.000   especies   de   abejas   silvestres (Hymenoptera: Apidae) que, junto con polillas, moscas, avispas, cucarrones y mariposas, polinizan la mayoría de plantas florales. Muchos vertebrados también son fundamentales en la polinización: los  murciélagos,  los  mamíferos  que  no  vuelan  (varias  especies  de  monos,  roedores,  ardillas, olingos y cusumbos) y las aves (colibríes y loros) contribuyen sustancialmente a la economía alimentaria del mundo y al mantenimiento de los procesos ecológicos de los que dependemos.

El 70 % de los principales cultivos alimenticios para los seres humanos incrementa la producción de frutas o semillas con polinización animal. El valor monetario de esta contribución se estima en

153 billones de euros al año a nivel global, lo cual representa alrededor del 9,5 % del valor total de la producción de alimento. Sin los polinizadores perderíamos uno de cada tres bocados de comida que consumimos los humanos. Mantener la diversidad de plantas y polinizadores también significa mantener la diversidad de alimentos, incluso la carne, puesto que forrajes como el trébol y otras leguminosas también requieren polinización para producir semillas.

Entre los principales cultivos colombianos de exportación dependientes de los polinizadores silvestres están el banano, el cacao, la palma aceitera, el café y muchas flores, y en la producción de consumo interno sobresalen frutales como los cítricos, el mango, el chontaduro, el aguacate, la papaya, el maracuyá, la guayaba y la guanábana. La producción de cacao, considerado como “el cultivo de la paz” por Fedecacao y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, depende por completo de un pequeño mosquito propio de las selvas tropicales, por lo cual el diseño agroecológico de los cultivos para mantener su hábitat constituye el factor más importante para garantizar volumen y calidad en la producción.

No obstante su gran importancia, se ha documentado en los últimos años un acelerado declive del servicio de polinización,   con el riesgo de alcanzar una crisis a nivel global.   Los factores que amenazan a los polinizadores incluyen la pérdida y fragmentación de hábitat naturales, los disturbios causados por el uso incrementado de pesticidas y herbicidas, la dominancia de monocultivos, la propagación de patógenos, virus y parásitos por prácticas productivas y comerciales, la introducción de polinizadores y plantas no nativos que generan competencia desfavorable, y finalmente, el cambio climático. Científicos, políticos y el público en general han mostrado su preocupación al respecto,   e instancias globales como el Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y la Plataforma   Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios ecosistémicos (IPBES) han realizado llamados de urgencia al respecto y han reiterado la necesidad de realizar evaluaciones globales y regionales sobre el estado de la polinización y de los polinizadores.

Si los polinizadores siguen disminuyendo drásticamente, como a la fecha se ha evidenciado, perderemos una proporción sustancial de la flora mundial. Afortunadamente, en el ámbito internacional hay propuestas como la Iniciativa Internacional para la Conservación y Utilización Sostenible de los Polinizadores- establecida en el año 2000 en la Quinta Conferencia de las Partes del CDB en el contexto del Programa de Trabajo en Biodiversidad Agrícola que interactúan con otros programas temáticos, particularmente los de Diversidad Biológica Forestal, Biodiversidad de Tierras Áridas y Subhúmedas - y en especial con la Iniciativa Mundial sobre Taxonomía y el Trabajo en Especies Exóticas Invasivas.

Considerando  que    Colombia  ratificó  mediante  Ley  165  de  1994  el  Convenio  de  Diversidad Biológica,  el  país  debe  dar  cumplimiento  a  los mandatos  y  compromisos  derivados  de  este Acuerdo Internacional, a efecto de lo cual  y refiriéndonos al tema de polinizadores y servicio de polinización, es necesario el diseño e implementación de una Estrategia y Plan Nacional para su conservación y uso sostenible. Una importante oportunidad se encuentra en la implementación de la “Política Nacional para la Gestión Integral de las Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos” (PNGIBSE), la cual “reconoce el carácter estratégico de la biodiversidad como fuente principal, base y garantía del suministro de servicios ecosistémicos, indispensables para el desarrollo del país, como base de competitividad y como parte fundamental del bienestar de la sociedad colombiana.

Finalmente, la Estrategia de Crecimiento Verde que actúa como eje transversal y orientador para la incorporación de la dimensión de sostenibilidad ambiental en todos los ámbitos de la economía y  la  productividad  nacional,  brinda un escenario propicio  para  posicionar  el  manejo  y conservación del servicio de la polinización, teniendo en cuenta los beneficios que representan en cuanto a disponibilidad, calidad y variedad de alimentos y productos de consumo humano. Igualmente, la Gestión Integral de la Biodiversidad es una obligación señalada por la Organización para  la  Cooperación  y  el  Desarrollo  Económicos  (OECD)  en  su  Evaluación  del  desempeño ambiental: Colombia 2014 en la medida que compromete al país a llevar a cabo una evaluación exhaustiva sobre el valor económico de los servicios ecosistémicos, dar prioridad a la información necesaria para apoyar la toma de decisiones en los diferentes niveles del gobierno y desarrollar un Plan de Acción específico.

*Directora General Instituto Humboldt

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