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Opinión

  • | 2016/07/26 16:56

    Contra Natura

    La plataforma global e intergubernamental de biodiversidad IPBES aseguró la activa vinculación de los pueblos indígenas y comunidades locales en el desarrollo de sus actividades.

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La plataforma global e intergubernamental de biodiversidad IPBES (equivalente al IPCC) aseguró en su estatuto la activa vinculación de los pueblos indígenas y comunidades locales en el desarrollo de sus actividades.

Comprometida con la entrega de evaluaciones continentales de biodiversidad para 2018, desarrolló en días pasados un taller con participantes de 14 países de América en Sucre, Bolivia, acogido por las autoridades del Estado Plurinacional, quienes han posicionado la idea del respeto a la diversidad de sistemas de conocimiento como un principio fundamental del trabajo académico y político global: la visión de la Madre Tierra y la espiritualidad de los pueblos quechua y aymara ha permeado así las agendas planetarias.

Varias cosas fueron evidentes en la reunión que ante todo dio voz a los representantes de las comunidades. La primera, que no comparten para nada la interpretación con la que los países latinoamericanos han construido sus políticas y acciones en el tema de la biodiversidad.

La segunda, que están listos para asumir una responsabilidad oficial en el tema, siempre y cuando los estados reconozcan su trabajo histórico basado en las ciencias ancestrales y su gestión territorial centenaria en beneficio del ambiente.

En síntesis, una propuesta de alianza entre ciencias, las occidentales (locales en tanto también provienen de un puñado de localidades griegas y latinas de la antigüedad), y las de la mirada de grupos étnicos de nuestros países.

Fundamental, si consideramos que más del 50% de los bosques y áreas “silvestres” de toda América están en manos de sus pueblos originarios, de las comunidades negras de múltiples ascendencias africanas y de la población rural derivada del mestizaje.

Sin caer en la mistificación simplista acerca de los pueblos originarios o locales, pues también existen evidencias contradictorias respecto a la sostenibilidad de su gestión ambiental, se planteó la conservación como un acto ante todo cultural, resultado de la interpretación social del mundo: la naturaleza no existe como una dimensión independiente del pensamiento.

Las conclusiones, que aparecerán publicadas en los próximos meses, permitirán discutir mucho más a fondo los conflictos ambientales actuales entre el abordaje oficial a la biodiversidad por parte de los Estados y las perspectivas de las comunidades locales, indígenas o no.

Resultó evidente una gran crítica a las ciencias naturales, a las que consideran cómplices en la invisibilización de los derechos ancestrales y del conocimiento local, reducido por ellas a la categoría de folclor, y una expresión de rechazo a las áreas protegidas construidas sobre la falacia de territorios silvestres, cuando estos han sido moldeados por la acción cultural de los pueblos. En síntesis, nada de magia salvaje.

Para Colombia, una perspectiva en línea con los textos de la política de biodiversidad, pero sin suficiente carne en tanto las relaciones con las comunidades locales y los pueblos indígenas aún deben atravesar la grieta de la gobernabilidad, un espacio de acuerdos por el territorio y su funcionalidad ecológica bajo el acuerdo de la multiculturalidad de la Constitución de 1991.

Para ello, la perspectiva del posconflicto resulta la mejor oportunidad para, en cumplimiento del primer y cuarto puntos de los acuerdos de La Habana, refrendar un modelo de desarrollo rural sostenible basado en una gestión compartida y solidaria de la inmensa biodiversidad del país, hoy en día parcialmente a cargo de pueblos indígenas, comunidades negras, pescadores y campesinos, visibles, activos y con disposición para asociarse con la academia en un contexto de respeto mutuo y en una agenda de bienestar cuyos indicadores no necesariamente son los mismos que para el resto de los colombianos.

Un proceso de construcción de paz que requiere pasar la página y apoyar el referendo por el Si. Contundentemente.

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