Domingo, 22 de enero de 2017

| 2016/06/14 15:47

Jóvenes de ambiente

Nadie puede pretender una juventud domesticada, pero tampoco espera una persistentemente indignada o sin esperanzas.

Brigitte Baptiste Foto: Juan Carlos Sierra-Revista SEMANA

Institucionalizar el descontento juvenil es una estrategia política ambigua, por cuanto representa un proceso de construcción cultural muy impredecible. Por un lado, la energía desencadenada por la frustración y la perspectiva de un futuro extremadamente complicado en términos ambientales, genera procesos de protesta social con potencial de radicalización rápida, pues la percepción de las amenazas asociadas con las acciones u omisiones del Estado se transmite y muta rápidamente entre los nativos digitales. Por otro lado, esa misma energía puede ser fuente de innovación y reprogramación de un modelo de desarrollo atrapado por la insostenibilidad y la dependencia de los combustibles fósiles, pero impulsado por las redes solidarias, el afecto y el compromiso juvenil.

En este contexto el SINA logró reunir más de 3000 jóvenes de todo el país en la Feria Internacional del Medio Ambiente, FIMA, evento que se realizó en Bogotá por iniciativa del exministro Gabriel Vallejo y su equipo de trabajo y que fue acogido por el nuevo Ministro Luis Gilberto Murillo. Tuvieron los organizadores de la Red de Jóvenes de Ambiente el privilegio de presenciar una transición institucional… Los invitados llegaron a Corferias después de un trabajo regional en 22 departamentos, promovido por los organizadores como una iniciativa de “Rutas por la paz”, que trajo cerca del 50% de los afiliados a los grupos regionales. Todo un proceso de construcción de debate que concluyó en una declaración, obviamente, pero esperamos resulte en un sinnúmero de propuestas, líderes y procesos de trabajo dentro o fuera de la institucionalidad formal.

En algún punto del evento, en el que hubo concierto, proyección masiva del partido de la selección contra USA, reclamos vegetarianos por la dieta pobre o carnívora, el frío capitalino o el manejo del tiempo en los baños, siempre cronometrado dentro del recinto ferial que los acogió, se pudo escuchar  fuerte un coro: “el territorio no se vende, se ama y se defiende”. En clara alusión a políticas extractivistas, los jóvenes, en un evento patrocinado completamente por el Estado, manifestaron su percepción y postura frente a lo que perciben, mal o bien informados, más o menos indignados, pero convencidos de hacerlo por las vías de la democracia y la participación.

Nadie puede pretender una juventud domesticada, pero tampoco espera una persistentemente indignada o sin esperanzas. Por eso la red debe crecer, complejizarse, trabajar con seriedad y ayudar a construir un futuro donde ya no sea necesario afrontar, inútilmente, los conflictos con las armas.

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