Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2009/10/24 00:00

Buscando réplicas

De quien debería Uribe buscar una réplica no es de Jefferson, sino del pelele que encontró Putin para que le guardara caliente el puesto.

Buscando réplicas

Iba a escribir -por fin- sobre algo distinto del presidente Uribe. Sobre Claudia López y su expulsión como columnista de El Tiempo, en donde va a hacer falta: no son muy numerosos los buenos columnistas que tienen en ese diario, independientemente de cuáles sean sus posiciones ideológicas. Iba a escribir sobre Claudia López y El Tiempo, pero veo que ya prácticamente todo ha sido dicho al respecto, tanto por ella como por el diario y por una docena de comentaristas más. Tiene razón el periódico: nada lo obliga a conservar a una colaboradora que lo critica frontalmente. Y también tiene razón, por supuesto, Claudia López: los periódicos están al servicio de sus dueños. Pero es reconfortante ver cómo mucha gente ha visto con indignación la salida de la columnista. Muestra que la resignación estuporosa ante los caprichos de los poderosos ("Dios me lo dio, Dios me lo quitó: bendito sea el Nombre del Señor", como decía el paciente Job) está siendo sustituida por la protesta por sus abusos. Y la protesta siempre es buena. Hasta Job terminó hartándose y le echó en cara a su Dios sus arbitrariedades, en uno de los momentos más bellos de la Biblia. Pero volvamos a Uribe. O, más exactamente, veamos cómo Uribe vuelve a nosotros, inevitable. Es decir, cómo vuelve a sí mismo. No piensa en ninguna otra cosa.

Y una prueba más de la locura narcisista que se ha venido adueñando de su alma es que ahora le ha dado por creerse Washington, así como en los manicomios siempre hay alguien que se cree Napoleón (y en Venezuela uno que se cree Bolívar). Así se lo confió al periódico inglés The Financial Times, que le preguntaba por sus intenciones sucesorias:

— Quiero encontrar la réplica de Thomas Jefferson -dijo Uribe con sencillez.

Lo cual, al margen de la cuestión de la locura de Uribe, plantea también la de su ignorancia histórica. Habría que saber si de verdad Uribe cree que Jefferson fue el sucesor de George Washington, a la vez que se ve a sí mismo como la encarnación del primer presidente de los Estados Unidos, tal vez cegado por el comentario que hizo Barack Obama, el presidente actual, sobre los dos períodos presidenciales consecutivos que le bastaron a aquel para pasar a la historia. Si lo cree Uribe, alguno de sus cercanos consejeros debería contarle que se equivoca: que el inmediato sucesor de Washington no fue Jefferson sino John Adams, por ocho años consecutivos vicepresidente de Washington. O sea, Pachito Santos. Y ¿de verdad quiere Uribe ungir a Pachito como su heredero designado? La historia no se repite de manera mecánica, claro está. Pero, por si acaso, convendría también recordarle a Uribe lo que pasó a continuación en los Estados Unidos. Que Adams fue incapaz de ganar las elecciones para un segundo período, y resultó derrotado precisamente por Jefferson. Pero en cambio engendró un hijo, John Quincy

Adams, que andando el tiempo se convertiría en el sexto Presidente de los Estados Unidos.

Habría que saber también cómo se llaman los hijos de Pachito, para ir acostumbrándonos.

Pero puede ser también que -volviendo a Uribe, como vuelve él mismo- cuando menciona a Jefferson esté pensando en sí mismo otra vez. Porque, como todos sabemos -incluso Juan Manuel Santos, incluso Noemí Sanín, aunque se empeñen en hacerse ilusiones- como todos sabemos el sucesor in péctore de Uribe es Uribe otra vez, y cuantas veces quiera.

De quien le gustaría de veras encontrar una réplica no es de Thomas Jefferson, que era un hombre de ideas propias, sino del pelele que encontró el ruso Vladimir Putin para que le guardara caliente el puesto de Presidente de Rusia mientras él mismo ejerce el cargo de primer ministro. Un Dimitri Medvédev, leal como un perrito. La tenía ya, en esa caricatura lamentable de él mismo que es el ex ministrico Arias, el llamado 'uribito'. Pero ahora anda enredado en los chanchullos del Agro Ingreso Seguro de cuando era ministro de Agricultura, y no se sabe en dónde irán a parar las cosas.

Hasta Fernando Londoño, el arrogante farsante de Invercolsa, tiene miedo.

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