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Opinión

  • | 2012/11/08 00:00

    Cacerolazo a Cristina

    La popularidad de la presidenta de Argentina ha caído en los últimos meses. La mayor fuente de descontento es la falta de dólares, pues los argentinos son muy susceptibles a los controles a la tenencia de esta moneda.

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Hoy, 8 de noviembre, los argentinos llevan a cabo el segundo cacerolazo en menos de dos meses en contra del gobierno de Cristina Kirchner. El primer cacerolazo fue el 22 de septiembre y convocó a mas de 200.000 manifestantes, a través de las redes sociales. Lo mismo sucede con esta segunda manifestación popular, que no tiene tinte político. Los argentinos protestan contra la situación económica, la inseguridad, la prohibición de comprar dólares, la inflación, la corrupción y contra la posibilidad de que Kirchner logre una segunda reelección, modificando la constitución. El 72 por ciento de la población desaprueba el manejo de la economía, mientras que el 58 por ciento desaprueba toda su gestión. La popularidad de la presidenta ha caído del 70 por ciento en el momento de su reelección hace 10 meses, a 36 por ciento hoy, según la encuestadora Poliarquía.
 
El 83 por ciento de la población se opone a su reelección, que Kirchner está buscando, al aprobar la mayoría de edad para votar para los jóvenes de 16 años, buscando recabar en una fuente del electorado que hasta ahora no había sido explorada. No obstante la posibilidad de un tercer período de Cristina ha generado una violenta oposición en el Congreso, donde 107 representantes a la Cámara y 28 de los 72 senadores se han comprometido a no cambiar la Constitución. Se necesitan dos tercios del cuerpo legislativo para abrirle paso a un cambio constitucional.
 
La mayor fuente de descontento es la falta de dólares. Los argentinos son muy susceptibles a los controles a la tenencia de dólares. Los ahorros, la finca raíz y los automóviles se transan en dólares. Pero con la crisis cambiaria, originada en la necesidad de importar combustibles, se ha establecido el cepo cambiario, que es un estricto control de cambios, donde, para el ciudadano del común es imposible comprar dólares.
 
Desde julio de 2010 se ha venido cerrando el cepo cambiario, cuando se pusieron límites cuantitativos a la compra de dólares. Se prosiguió obligando al reintegro total de las divisas originadas en exportaciones de combustibles y productos mineros y obligando a las aseguradoras a repatriar los fondos depositados en el exterior. En octubre de 2011 se sometieron todas las compras de dólares a permisos previos. Todas las compras son supervisadas por la AFIP, autoridad impositiva, aduanera y cambiaria. En mayo de 2012 se prohibió la venta de dólares para atesoramiento y se pusieron estrictos controles a la venta de dólares para viajeros, limitandolo a 100 dólares diarios. En agosto se determinó que para los viajes a países limítrofes y a la Eurozona no se venderían dólares sino la moneda de cada país.
 
A partir de septiembre a las compras que hagan los argentinos con tarjetas de crédito en el exterior se les recarga el 15 por ciento, como un impuesto. La misma medida aplica para quienes compren con tarjeta débito en el exterior y a quienes compren con tarjeta crédito en internet. Este impuesto aplica también a los paquetes turísticos para viajar al extranjero y que estén facturados en dólares. Solamente los bancos públicos pueden comprar y vender divisas en los aeropuertos. Las personas no residentes pueden comprar solo hasta 500 dólares por viaje y por estadía. Si una persona viaja mas de dos veces al año, no se le venden mas dólares. Y el pasado 10 de octubre se oficializó que solo los emisores de deuda externa y la Nación pueden comprar dólares en el mercado cambiario.
 
Este asfixiante control de cambios se debe a que, como bien lo dice el exministro de Hacienda Roberto Lavagna, ha habido un "fenomenal fracaso de ocho años de la política energética"..."[esa política] ha hecho que la Argentina pasara de ser un país que era exportador neto de energía a ser un país comprador". Lavagna estima que en los últimos años la "salida de capitales acumulada .. equivale a 90 mil millones de dólares". "Todos los dólares que existen en la economía hoy hacen falta para pagar las importaciones energéticas". De acuerdo con sus cálculos, este año las compras al exterior para asistir a ese sector ascenderán a "11 mil millones de dólares".
 
Sin embargo, el gobierno de Kirchner ha tomado la medida mas contraproducente para tratar de tener una balanza de cambios de combustible positiva: en abril de este año estatizó a la petrolera YPF, de propiedad del grupo español Repsol, buscando equivocadamente la soberanía energética y una menor dependencia de las importaciones. Lo que hizo fue ahuyentar a la inversión extranjera que podría explorar y producir mas combustibles. En julio se alcanzó el mayor déficit histórico en la balanza comercial energética: las importaciones fueron de 744.5 millones de dólares y las exportaciones fueron de 189.9 millones. No hay datos mas recientes porque el gobierno dejó de publicarlos, y no es de extrañar, puesto que la demanda de energía importada creció un 50 por ciento desde que YPF fue nacionalizada.
 
Por otro lado se han endurecido los controles a las importaciones, al punto que ya hay querellas en la Organización Mundial del Comercio y con la Unión Europea. Todos los bienes están sujetos a licencias de importación, cuya obtención es tortuosa y arbitraria. La empresa importadora debe preinscribirse y presentar una declaración jurada anticipada de importación, antes de obtener la licencia. Estos procedimientos retrasan sistemáticamente las importaciones, o hacen que se las rechace por razones poco transparentes y arbitrarias. Lo mas absurdo de la norma es que quien importe, debe equilibrar la importación con exportaciones por el mismo valor, o que incrementen el contenido local de los productos que se fabrican, o que no transfieran sus ingresos al extranjero.
 
La nacionalización de un automóvil está tomando seis meses y por ello la operación portuaria ha colapsado varias veces al acumularse mas de 30.000 vehículos en los puertos. Ante tantas traba las marcas de lujo se están yendo del país: Armani, Yves Saint Laurent, Polo Ralph Lauren, Cartier y Calvin Klein son los mas significativos.
 
Mientras tanto, se cierne el fantasma de la estanflación: una inflación que llega al 26 por ciento con una tasa de crecimiento que pasó de un promedio de 7.8 por ciento de 2003 a 2011, a solamente 3 por ciento este año. La cifra de inflación que da el gobierno de 9.9 por ciento no tiene ninguna credibilidad. El recaudo tributario ha caído por la disminución de las importaciones. Sumado a esto han habido escándalos de corrupción alrededor del vicepresidente, Amado Boudou y problemas en el repago de la deuda externa. No están fáciles las cosas para Cristina Kirchner estos días.
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