Martes, 17 de enero de 2017

| 1999/06/28 00:00

CAERIA CON ANDRES

CAERIA CON ANDRES

(dice la monja) Si estuviera de moda en Hispanoam érica, esta hubiera sido la hora de caer
Andrés Pastrana, a manos de un golpe militar. Por estos territorios las costumbres políticas guardan,
como ya se ha dicho, extraño parecido (hay tiempos de dictaduras, como las de Perón, Pérez y Rojas, en
Argentina, Venezuela y Colombia; moda de demócratas, por cierto calvos y de anteojos gruesos, como los
presi-dentes Lleras Restrepo y Leoni, de Colombia y Venezuela; o de bigotes, como Quadros, Valencia o
Arosemena; o manejados por los militares, como Bordaberry y Turbay; o sacados del común, como Fujimori
y Menem; o temporadas de delfines presidenciales, como Eduardo Frei y Andrés Pastrana, felizmente
reinantes).Pero no. Estados Unidos no le camina a un golpe militar en Colombia, así se esté mordiendo las
uñas ante las travesuras de paz de Andrés Pastrana. Y tampoco hay militares de gran liderazgo previsible
para ser aceptados en el caso de un siempre temido ruido de sables.Sin embargo, la situación llegó a ser
aguda. Al ex ministro Lloreda se le colmó la copa en el momento en que el secretario privado del Presidente
le negó la entrada al despacho, en plena crisis, por "estar (el señor Presidente) muy ocupado". Era como
para tirar la toalla. Estos malos manejos que hacen los subalternos y que involucran la conducta personal
de sus jefes pueden traer consecuencias inesperadas.La renuncia de más de una decena de comandantes
de fuerza, seguidores de Lloreda y enemigos de la distensión indefinida, es la más grave crisis que ha vivido el
gobierno de Andrés Pastrana en lo corrido de su mandato y posiblemente en lo que siga, si sigue.Aquí no hay
sino dos alternativas, me ha dicho Sor Palacio, enfundada en un chal y con su habitual franqueza: "Sí. O
seguir al Presidente, corriendo sus riesgos, tolerando sus entregas aparentes o reales, o frenarlo, acogiéndose
a las fórmulas de guerra total y generalizada". Que el despeje sea indefinido o no, dice, es lo de menos. Si es
por tiempo limitado y no se llega a un acuerdo, de nada vale haberle puesto término, ya que no habrá
manera de recuperar la zona, sino mediante la guerra; y si es indefinido, tampoco se recupera, por
supuesto, el territorio entregado. Alguno de los comandantes guerrilleros lo dijo: "No nos iremos del
Caguán, porque somos de aquí".La monja, llevada de nuevo a la Casa de Nariño, en solemne ocasión,
para acompañar al Presidente, dice que caería con él, si fuera el caso, con todos sus errores. No se da aquí,
tampoco, un tercer camino: o Pastrana con sus despejes y victorgés, apoyado curiosamente por el oficialismo
liberal o Alvaro Uribe, Lemos _y ahora Lloreda_ con sus Ritoalejos y demás componentes de una derecha,
en algunos casos extrema.La paz hay que salvarla, si no fuera por sus propios beneficios, porque la
guerra la perdió el Ejército. Y lo peor no fue perder la guerra, sino comprometer su autoridad moral, desde el
momento en que las armas oficiales se mancharon con lamentables errores. Los ciudadanos desaparecidos
en el Palacio de Justicia, la toma brutal del mismo Palacio, el paramilitarismo ya francamente organizado y
otros operativos, que ha condenado la justicia, son numerosos casos, que no sirven ya como excepción.Lo
que no esperaba el militarismo desbordado es que la mayor exigencia norteamericana llegara a ser la
depuración de las Fuerzas Armadas, a la luz del respeto por los derechos humanos, y esto después de haber
ayudado a formar a los militares más duros de la región en la Escuela de las Américas.La situación
Pastrana-Lloreda se veía venir por la categoría presidencial de ambos. Un presidenciable no debe aceptar
puestos en gobierno ajeno. Los criterios enfrentados se evidenciaron de inmediato, hasta que estalló la crisis,
después de que el Ministro le dio pábulo a la deliberación militar, y se reunió con los mandos, un poco a
hurtadillas del Presidente, pero no voy a decir que conspirando, como en tiempos de la hiperestesia
samperista. Lloreda no se quiso caer solo, sino que por poco se lleva la estantería y al Presidente, con monja
y todo."Caeré con Andrés", me ha dicho Sor Palacio, sin que nada la inmute, dentro de su envidiable paz
religiosa. Le parece, sin embargo, que el Presidente fue descortés con el ex ministro Lloreda, al no
ponerle ni una línea de agradecimiento en su escueta respuesta. Y así mismo cree que Rodrigo Lloreda, a
quien ayudó a entrar a la Casa de Nariño, por los garajes, para retirar un maletín, no tenía por qué hablar
de 'su percepción y la del gobierno', puesto que él mismo era gobierno. Teme mucho que el Presidente, y
sobre todo sus secretarios, se hayan vuelto arrogantes. nLa crítica situación Pastrana-Lloreda se veía
venir por la categoría presidencial de ambos

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