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Opinión

  • | 2001/04/02 00:00

    Caguán Internacional: Lecciones para Gobierno y FARC

    La reunión que se realizará este 8 de marzo en el Caguán entre los representantes de 33 países y los negociadores del gobierno y las FARC, por sí sola, más allá de los resultados específicos que pueda arrojar, tiene un importante significado.

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La reunión que se realizará este 8 de marzo en el Caguán entre los representantes de 33 países y los negociadores del gobierno y las FARC, por sí sola, más allá de los resultados específicos que pueda arrojar, tiene un importante significado. El encuentro, que se lleva a cabo en desarrollo del Acuerdo de los Pozos firmado por el Presidente Andrés Pastrana y Manuel Marulanda hace un mes, representa, tanto para el principal grupo insurgente como para el Estado, un avance significativo en el involucramiento constructivo de la comunidad internacional en la salida negociada a nuestra guerra interna.

Para las FARC, el tema de la comunidad internacional siempre ha generado muchas sospechas y reticencias, en parte por sus raíces campesinas e historia. Tras una valoración negativa de la experiencias de Caracas y Tlaxcala, al inicio de la etapa actual, las FARC se negaron a cualquier diálogo en el exterior e insistieron en el despeje para hablar en Colombia. En los diálogos del Caguán, se han mostrado reacias a la participación internacional, especialmente cuando se empezó a plantear en términos de verificación de la zona de despeje.

De hecho, a diferencia de las guerrillas centroamericanas y otras de las colombianas, el trabajo internacional de las FARC es débil, relativamente reciente y aún reducido. Sus contactos en el exterior no solo le han servido para hacerle algo de propaganda a su organización, sino también para recibir y aguantar innumerables críticas por la práctica del secuestro, los niños combatientes, sus nexos con el narcotráfico y los asesinatos de civiles, entre otros. La mala imagen del país en el exterior en materia de derechos humanos no se debe al supuesto éxito de la “diplomacia guerrillera” sino a la realidad inocultable de la dramática tragedia humanitaria en el país.

Pero la fobia a lo internacional no es monopolio de la insurgencia. Desde el lado del Estado, en términos generales, los gobiernos han sido abiertos a la intervención externa en materia financiera, comercial, militar y en la lucha antinarcóticos, pero suelen invocar la defensa de la soberanía nacional cuando se trata de los derechos humanos y la paz. Al comienzos de esta administración, esta apreciación tradicional retomó fuerza con la idea de que toda incursión externa en estas materias era el resultado de la debilidad del gobierno anterior, que había sido indebidamente aprovechada desde afuera. Así lo evidenciaron la salida de Pierre Gassman de la Cruz Roja Internacional y los múltiples roces que se han producido con la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Colombia. Los exabruptos de Chávez tampoco ayudaron mucho. La llamada “diplomacia para la paz” parecía preocupada más por la imagen del primer mandatario que por generar apoyo internacional a la salida negociada y el dinero que se consiguió se fue mucho más para la guerra que para la paz.

Afortunadamente, a lo largo del proceso, esas actitudes iniciales de ambas partes hacia la participación internacional han venido alterándose. Tanto al interior del Estado como en las FARC, importantes discusiones se han realizado al respecto que se reflejan en nuevas posibilidades para el rol de la comunidad internacional. La positiva experiencia que fue la audiencia sobre cultivos ilícitos, el trabajo cuidadoso y silencioso del representante del Secretario General de las Naciones Unidas, los aprendizajes del “eurotur”, las múltiples visitas de monos ojiazules a los campamentos en el Caguán, los informes de ONG´s y gobiernos sobre Derechos Humanos, todos estos elementos han incidido en una franca evolución de las partes hacia posiciones más abiertas frente al tema de la participación internacional. La reunión de esta semana es fruto de esto.

Sin duda, el “no” de USA quita brillo. Una combinación desafortunada de precipitud por parte de Pastrana y de despiste por parte de Bush, quien aún no diferencia entre la coca y cacao, fortaleció y puso en evidencia la decisión tomada a mediados de 1999 tras el asesinato de los tres indigenistas de marginarse del proceso con las FARC. La ausencia de los gringos deja un vacío desafortunado para el proceso, pero a la vez conlleva un costo político para ellos frente al proceso más significativo de los próximos años en Colombia. Mientras 33 naciones se reúnen para hablar de paz en el Caguán, USA sigue solita en Tres Esquinas.

La experiencia del otro grupo insurgente, el ELN, ha demostrado en el terreno lo importante que puede ser un acompañamiento internacional. De hecho, en gran medida se puede decir que las posibilidades para un proceso se han mantenido vivas, a pesar de la negligencia y desprecio inicial del gobierno y de los muchos actos terroristas del ELN, gracias al a persistencia y diligencia de la sociedad civil mediante la Comisión Facilitadora, con el apoyo del grupo de los países amigos compuesto por Noruega, Suiza, España, Cuba y Francia. Una carta reciente que suscribimos muchos intelectuales, líderes políticos y activistas dirigida a los presidentes Pastrana y Bush reclama por una mayor internacionalización del proceso de paz.

Es preciso no pensar que la comunidad internacional puede hacer todo lo que no queremos hacer nosotros mismos, ni que solo se piense en pasar el sombrero, ni que vaya a resolver problemas que sólo podemos resolver entre colombianos y colombianas. Pero sí sirve para darle mayor solidez y continuidad a un proceso, facilita el intercambio y ofrece alternativas en los muchos momentos difíciles.

El carácter cada vez más internacional del conflicto colombiano y el hecho de que el mundo le tiene puesto el ojo hacen que la presencia externa sea inevitable y creciente. Por ello, es necesario que diseñemos, entre nosotros mismos y a partir de los intereses nacionales, los parámetros y orientaciones precisas para que los amigos de la paz que hay en muchas partes del mundo nos puedan dar una mano en un momento muy significativo de la construcción de la reconciliación nacional. La reunión del jueves será un paso clave en esa dirección.

*ex-Comisionado de Paz, director de Planeta Paz
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