Viernes, 24 de octubre de 2014

| 2013/03/20 00:00

Cali, a la luz de la violencia urbana

La íntima relación entre los procesos de exclusión, los jóvenes, la violencia estructural y el surgimiento de la violencia urbana.

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Es realmente preocupante el incremento de la violencia en Cali, una gran cantidad de homicidios en la capital del Valle del Cauca, realizados por jóvenes, han sido noticia en los últimos meses del año. Fenómeno que estimula a una profunda reflexión acerca de las dinámicas por las que atraviesa la ciudad y las posibles causas y medidas de precaución frente a esta situación, lo que implica una mirada multidisciplinar que logre comprender qué sucede, desde una perspectiva integradora y sobre todo propositiva. Lo que fomenta en análisis de la relación entre jóvenes, pandillas y  violencia.  

Describir o encontrar un concepto único y puntual para definir la violencia, puede ser complejo, pues ésta es el resultado de múltiples elementos y su manifestación está en varios escenarios como niveles y actores. En este sentido, se encuentra que la violencia  puede presentarse como directa, estructural, cultural  o simbólica. Por esto es difícil definirla o intentar encontrar un marco generalizador para ésta. 

Este artículo intenta encontrar algunas de sus causas fundacionales, sobre todo, manifestadas en jóvenes, no obstante sólo se trata de un intento por identificar cuáles son los posibles elementos que permiten su fomento. Más allá de un escrito académico, pretende ser un aporte reflexivo o propositivo que logre comprender qué se encuentra debajo de la punta del iceberg.  Para esto es clave tener presente palabras como exclusión, identidad, jóvenes, juventud,  reconocimiento, estigmatización,  políticas de inclusión, miedo, zona gris y alternativas de resistencia. 

Uno de los temas por abordar con relación al vínculo entre jóvenes y violencia, es el del reconocimiento y la  identidad. En donde las relaciones de dominación ejercidas fomentan una lucha constante por una búsqueda de reconocimiento, valiéndose de la violencia para alcanzarla. Si bien, el nombre de este texto “Viaje al mundo de los excluidos, entre víctimas y victimarios”, no es gratis, representa la exclusión y los niveles de desigualdad, como los elementos claves que fomentan el desencadenamiento de algunas de las violencia mencionadas anteriormente. Los anhelos de hacer y ser parte de un grupo o espacio, de tener una representación en una comunidad y los deseos de ser escuchados, convierten a los jóvenes en victimarios y a la violencia en un canal o alternativa para lograrlo, donde esta se presenta con ciertos ritmos alcanzado, muchas veces, un estado de violencia crónica determinada por una intensidad, ubicación y perdurabilidad. 

Se encuentra útil resaltar que la exclusión abarca aspectos sociales, psicológicos, económicos, políticos y económicos, donde la falta de oportunidades y la cara de los excluidos son intensificadas y la violencia comienza a tomar forma a través de distintas dinámicas. La disponibilidad de las armas de fuego, el narcotráfico, entre otros “recursos”, se convierte en un elemento del día a día, causante de homicidios y crímenes, sin embargo ¿qué significa un arma en las manos de un joven? Evidentemente se trata de un tema de poder, donde el miedo generado por los que la llevan o usan, fomenta un sentimiento de “respeto”  o “admiración”.

También se encuentra pertinente reflexionar no sólo acerca de las dinámicas de la violencia y sus causas,  sino  acerca del concepto de  jóvenes en la actualidad,    pues se puede decir que la representaciones sociales  que los medios  generan sobre los jóvenes oscila entre opuestos, pues por un lado se encuentra la representación que se hace desde la publicidad con anhelos de expresar lo juvenil, “lo de moda”, y desde lo noticioso se encarga de mostrar lo delincuencial, entonces es aquí cuando se puede hablar de violencia estructural y cultural. Como bien lo menciona el informe de “Violencia Crónica y su reproducción, tendencias perversas en las relaciones sociales, la ciudadanía y la democracia en América Latina” por Tani Marinela Adams; una gama de fuerzas profundamente enraizadas estimulan y reproducen la violencia crónica, y que la misma destruye el tejido social de comunidades y países vulnerables, socava el apoyo a la democracia y pervierte el ejercicio de la ciudadanía.  Además, dada la naturaleza de las fuerzas que estimulan la violencia crónica y su tendencia a reproducirse, en algunas partes de la región estas tendencias destructivas pueden llegar a constituirse en normas sociales de-facto.  Estas dinámicas se convertirán en  retos cada vez mayores para la construcción de la paz y del Estado si continúan siendo desatendidas por los formuladores de políticas públicas.  

La estigmatización generada de los jóvenes de sectores populares es una forma más de violencia, en este caso estructural y cultural, donde las alternativas de vida son pocas, el acceso a una buena educación es mínimo y conseguir un trabajo que cubra sus expectativas y necesidades es casi nulo. Sin embargo, las condiciones no dejan de ser precarias, la lucha por ser alguien se intensifica entre grupos de jóvenes con ánimo de reconocimiento y poder, lo que genera la creación de pandillas con ánimo de un territorio y deseo de respeto o más vale miedo. En efecto, se encuentra que es la misma violencia estructural la causante de la manifestación de la violencia directa; asesinatos, robos y secuestros.  Pero estos  son apenas la punta del iceberg, la punta de un problema con raíces profundas, que muchas veces intenta ser combatida a partir “de pañitos de agua tibia”. Proyectos desarticulados con la realidad, o poco viables en contextos donde el tejido social ha sido quebrantado o nunca ha existido un tejido social establecido y la falta de políticas públicas para combatir la exclusión son carentes. 

Con relación a esto Rossana Reguillo expone que “las culturas juveniles actúan como expresión pura que codifica a través de símbolos y leguajes diversos, la esperanza y el miedo. En su configuración, en sus estrategias, en sus formas de interacción comunicativa, en sus percepciones del mundo hay un texto social que espera ser descifrado: el de una política con minúsculas que haga del mundo, del país, de la localidad, del futuro y del día, un mejor lugar para vivir” (Reguillo, 1998)

Con esto quiero resaltar que en la violencia urbana determinar quién es víctima o victimario es bastante complejo, debido a que casi siempre los victimarios son al mismo tiempo víctimas de la violencia estructural, cultural o simbólica. Pues en contextos de exclusión y violencia actuar bajos los valores determinados por la sociedad y hacerse persona de manera “digna”, es muy complejo y más cuando se es joven y se está buscando escenarios de reconocimiento y socialización. 

En efecto, vale la pena también  pensar en el concepto o noción de jóvenes en procesos de resocialización, pues ¿se podría hablar de una resocialización si nunca ha existido una socialización?, por esto preferiría hablar de inclusión, y es desde esta perspectiva donde las políticas públicas deberían surgir; alternativas de trabajo digno, salud, educación, espacios para aprovechar en tiempo libre son elementos necesarios que deberían ser  articulados desde el mundo de los excluidos. Si bien resulta pertinente resaltar que Colombia lleva años siendo un país manejado por las elites excluyentes, donde la indiferencia y las expectativas de paz y democracia, no son las mismas expectativas que las de los grupos de la base. 

Entonces resulta importante reflexionar acerca del íntimo vínculo entre las relaciones sociales y la Democracia que finalmente determinarán los grados de exclusión en los distintos ámbitos de la vida humana. Es por esto que se encuentra que la violencia generada desde los grupos juveniles populares, puede ser la respuesta social a desigualdades y falta de oportunidades, fomentado así la Zona Gris, mencionada por Levi, para referirse a cómo se desdibujan los límites entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, y a que perpetradores y víctimas tiendan a comportarse de maneras similares en condiciones dominadas por la violencia, el miedo y la represión social.  

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