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Opinión

  • | 2017/09/15 00:02

    Esperanzas de cambio

    Según el IDEAM, se esperan cambios muy significativos de temperatura en los departamentos del Atlántico, Valle del Cauca y el Magdalena.

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Los devastadores huracanes que arrasaron poblaciones en las islas del Caribe, en las costas de Florida y el sur de Texas dejan un claro mensaje. La investigación científica tiene validez y hay que ponerle atención. Los datos que entrega la Tercera Comunicación Nacional de Colombia, liderada por Omar Franco y Javier Mendoza en el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) con apoyo del PNUD y otras entidades, nos dan un panorama de los escenarios que están ocurriendo en el país.

La Comunicación, enviada a la Convención Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas, da cuenta a los otros países que los causantes de las mayores emisiones de gases de efecto invernadero en el país son: cambio de uso del suelo 62%, transporte 11% e industrias manufactureras 11%. La cifra mayor pone en evidencia la prioridad política del ordenamiento del territorio y los altos riesgos latentes en departamentos y municipios.

Según la Tercera Comunicación, en esta tendencia de emisiones de gases de efecto Invernadero (GEI) en Colombia, la temperatura media anual, entre los años 2011 y 2040, podría aumentar gradualmente en 0.9 grados C para el 2040. Habría un aumento promedio de la temperatura marina del país en 0,5 grados C en el Caribe y 0,7 grados en el Pacífico. A su vez, se espera que cambien las precipitaciones en esos mismos periodos 2011-20140, 2041-2070 y 2070-2100.

Cuáles son los principales efectos que estos cambios pueden ocasionar al país? El aumento de la temperatura podría generar un mayor aumento del nivel del mar, afectando poblaciones ribereñas y ciudades aledañas al mar y un retroceso de páramos que aportan agua a la mayoría de acueductos urbanos y rurales. De otro lado, es irreversible el derretimiento acelerado de nevados y glaciares, y se evidencia una mayor incidencia de fenómenos climáticos extremos y reducción en la producción agropecuaria. En las ciudades se prevén olas de calor y la disminución de la productividad de suelos agrícolas, afectando las despensas alimentarias.

¿Hay esperanzas de cambio para reducir el impacto de estos pronósticos?

Según el IDEAM, se esperan cambios muy significativos de temperatura en los departamentos del Atlántico, Valle del Cauca y el Magdalena, y cambios de precipitación. En San Andrés y Providencia, Vaupés y Caquetá habrá un déficit de lluvias y en otros se estima un exceso de precipitaciones: en Caldas, Risaralda y Huila. El detalle de estas cifras debería ser consultado por cada tomador de decisión regional y por cada asesor de campaña presidencial, sin distingo del color político.

Estas estimaciones hasta el final del siglo XXI deberían ser tomadas en serio. ¿Seremos capaces de generar cambios sustantivos en varias entidades acartonadas del Estado para enfrentar tales dilemas climáticos? Sin tapujos el Fondo Nacional de Adaptación y la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo son dos entidades que requieren cambios. Para reducir la labor paternalista de obras locales de mitigación, se requieren nuevos presupuestos para ejercer seriamente la planificación y la prevención del riesgo.

Fortalecer al IDEAM en labores de planificación ambiental territorial, usando sus propias investigaciones, sería un valor agregado para el país. Si los sectores agrícola y minero-energético tienen sus unidades de planificación, la UPRA y la UMPE, porque el sector ambiental no tiene una unidad de planificación ambiental del territorio?

Otros riesgos: el aumento de la temperatura aumenta la desertificación y la pérdida de fuentes y cursos de agua. Menos lluvias ocasionarían cambios en el uso del suelo, ocasionando aceleración e intensificación de la desertificación, perdida de fuentes de agua e impactos en la salud, al tiempo que afecta la economía y la competitividad regional.

¿Esta lógica del riesgo cabe en la mentalidad del político tradicional?

Además, mayores lluvias y cambios en el uso del suelo implicarían: un incremento de deslizamientos e inundaciones, afectaciones de acueductos veredales, daños a la infraestructura vial, especialmente en áreas de montaña. La evidencia de los efectos del cambio climático ya se puede evidenciar en la Sierra Nevada del Cocuy, Sierra Nevada de Santa Marta, Volcanes Nevado del Ruiz, del Huila, Santa Isabel y del Tolima.

Ante estos riesgos, los análisis permiten identificar territorios que pueden verse más afectados por causa de fenómenos asociados a cambio climático. Vulnerabilidad, amenaza y riesgo son tres variables que deben cambiar el lenguaje presidencial, sobre todo cuando ya se sabe que las regiones del país con mayor número de municipios en riesgo alto y muy alto por cambio climático son 36 en la zona andina, 31 en la Amazonia y 25 en la zona del Pacífico. Esta alerta debe también estar asociada a la puesta en marcha de la Reforma Rural Integral del Acuerdo del Colon, con tolerancia cero a la corrupción.

P.D. Desde Leticia, felicitaciones a Lu Marina Mantilla directora del SINCHI por reforzar su presencia en la Amazonia Colombiana y al IDEAM por los datos que nos ponen en guardia para planificar en los próximos años. Confiemos en la ciencia nacional.

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