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Opinión

  • | 1983/05/02 00:00

    CAMBIO MULTIPLE

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La experiencia colombiana con tasas de cambio múltiple, durante los años cincuenta y sesenta, no fue favorable. Por el contrario, las diferencias entre el cambio cafetero, el petrolero y el de importaciones y exportaciones de otra naturaleza generaron grandes distorsiones en la economía en general, y en el desarrollo agrícola e industrial, en particular.
Entre los efectos negativos más protuberantes de los diferenciales en las tasas de cambio, se encuentran el déficit crónico de la balanza de pagos; el desestimulo de la producción de aquellos bienes que se consideraban más necesarios desde el punto de vista económico o social, (porque se importaban con tasa de cambio más baja); la subfacturación de las importaciones y la sobrefacturación de las exportaciones.
Nuestros vecinos: El recuento de la experiencia colombiana resulta muy útil para analizar las consecuencias que puede tener el sistema de cambio múltiple adoptado por Ecuador y Venezuela para manejar sus actuales dificultades económicas y políticas. Aunque no es mi intención la de profundizar en los efectos internos que tendrá esa política en las economías de esos países hermanos, estimo que es inevitable que se presente un efecto sobre la economía nacional, que conviene prever y tratar de evitar.
En primer lugar, cabe preguntarse en qué medida es previsible que los problemas económicos actuales de los países petroleros puedan considerarse pasajeros o, más o menos, permanentes. Parece claro que el origen de la situación presente está, por una parte, en el deterioro del mercado petrolero, que comenzó durante el año 1982. Pero también puede atribuirse, en parte, al proceso de endeudamiento en que incurrieron, cuando se pensaba que la bonanza del oro negro sería más o menos estable y que generaría una capacidad de pago bastante abundante por largo tiempo.
La pregunta pertinente, en este contexto es, pues, si parece probable que la OPEP vuelva a con solidarse en el corto plazo, o si su deterioro actual puede prolongarse por varios años. La respuesta a esta cuestión parece inclinarse por la segunda alternativa, porque el poder de la OPEP sobre el mercado esta desgastado. Esto hace esperar que el deterioro de la OPEP será largo y que la recuperación de precios del petróleo no es previsible en el corto plazo.
Antes, por el contrario, parece probable que continúe el deterioro de los precios. Desde luego, tal situación volverá a rectificarse, y el rebote al alza de precios será tanto mayor, cuanto más larga y más profunda sea la baja actual.
En consecuencia, parece recomendable analizar el problema partiendo de la hipótesis de que la recuperación no será inmediata y que las dificultades continuarán por algún tiempo. En este contexto, la adopción de una política de tasa de cambio múltiple (que podría explicarse si el fenómeno fuera transitorio) puede tener efectos negativos similares a los que sufrió Colombia en los decenios de los años cincuenta y sesenta.
La economía colombiana: El análisis que se ha realizado en los medios de comunicación se ha limitado a evaluar los efectos que tendrá esta nueva situación de Venezuela sobre el comercio de Cúcuta y Maicao. Para curar esos males, se han tomado medidas de emergencia que, sin duda, aliviarán en parte los traumatismos inmediatos de carácter fronterizo.
Pero el fenómeno tiene consecuencias mucho más profundas. Para evaluarlo se debe tener en cuenta que el cambio múltiple se presenta no solo en Venezuela, sino también en Ecuador.
Los resultados del cambio múltiple que se inició hace un año en Ecuador ya se han comenzado a sentir en algunos sectores restringidos, especialmente en las áreas agrícola y agroindustrial. Pero esos fenómenos restringidos tenderán a ampliarse a la mayor parte del territorio nacional y a otros sectores de la economía, en la medida en que Venezuela vaya adaptándose al manejo del cambio múltiple. Este mecanismo permite obtener utilidades considerables con el sólo hecho de importar materias primas con cambio subsidiado y exportar bienes procesados o portar bienes procesados o semiprocesados al cambio oficial de exportación, o, inclusive, al cambio libre cotizado en la bolsa, cuando la exportación sea de contrabando. Más aún, si es cierto nuestro temor de que el problema de la OPEP no será de corto plazo, no es improbable que Colombia se convierta en una especie de puente para la fuga de divisas venezolanas, a través de la exportación de contrabando de bienes elaborados con materias primas compradas con dólares subsidiados.
Esta serie de fenómenos no tendría entonces un efecto restringido al comercio fronterizo, sino que perjudicaría significativamente a los sectores agrícola, agroindustrial y, posiblemente, algunas áreas de los sectores metalmecánico y textil (que ya han sufrido dos años de recesión y deterioro financiero). Podría también presentarse una nueva presión sobre nuestras reservas de divisas que resultaría más temible, en las circunstancias actuales, que cualquiera de las consecuencias sectoriales.
No resulta, desde luego, muy conveniente para una economía que necesita con urgencia una vigorosa reactivación, tener que enfrentarse a un nuevo problema imprevisto y grave como el que acabamos de describir. El Gobierno del Presidente Betancur ha estado sometido a multitud de presiones externas e internas que no eran previsibles. Hasta el momento, la actitud oficial ha sido la de la vigorosa decisión. El cuadro de las dificultades se completa con este nuevo escollo. Hemos estimado útil nuestra contribución a su análisis para que las decisiones que se adopten no pierdan de vista las amplias implicaciones de las medidas adoptadas por nuestros vecinos para conjurar la crisis económica que los afecta.--
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