Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/03/13 00:00

Camilo Torres: 34 años después

Se cumplieron treinta y cuatro años de la muerte del sacerdote Camilo Torres Restrepo. Es pertinente y necesario hacer una lectura de lo que significó su papel en la vida política colombiana y las implicaciones posibles para el presente.

Camilo Torres: 34 años después

Se cumplieron treinta y cuatro años de la muerte del sacerdote Camilo Torres Restrepo. Es pertinente y necesario hacer una lectura de lo que significó su papel en la vida política colombiana y las implicaciones posibles para el presente. Es de utilidad esta reflexión en un momento en que ya parecen no existir dueños autoproclamados de su obra.



Camilo fue pionero, en nuestro medio, del diálogo entre cristianos y marxistas cuando esto era un verdadero tabú. En una época en que no existía la teología de la liberación, ni se había dado el Concilio Vaticano II con todo su significado en el rol social de la iglesia católica. En esos tiempos teníamos una jerarquía católica bastante tradicional y no muy sintonizada con los problemas cotidianos de la gente, hoy día, afortunadamente contamos con unos jerarcas católicos preocupados por los problemas sociales de los colombianos, por ayudar a encontrar caminos de paz y de reconciliación, pero también tenemos sacerdotes trabajando en muchas regiones colombianas, hombro a hombro con los sectores populares, en estrategias de desarrollo y paz. Creo que el mejor ejemplo del cambio en la relación entre cristianos y marxistas lo encontramos en la reunión de Raúl Reyes, comandante de las Farc y el resto de sus compañeros con un representante del Vaticano.



Camilo fue igualmente pionero en proponer la necesidad de construir nuevas fuerzas políticas, diferentes al bipartidismo tradicional y poner por encima los aspectos que unen, dejando de lado los que separan y desunen. En ese sentido se ubica su propuesta de Frente Unido, uno de los movimientos de masas más importantes, aunque efímero, de los sesenta, que fue una convocatoria a los excluidos de la época, ‘los no alineados’ los llamó, para hacer referencia a todos aquellos colombianos que no estaban participando activamente en política, o que no estaban bajo ninguna otra bandera partidista. Iniciativas como la surgida del movimiento social y sindical, del Frente Social y Político Amplio, se podrían acercar, con las particularidades del momento, a estas ideas precursoras propuestas en su hora por Camilo Torres. El Frente Social y Político tiene el reto de construir una alternativa política para el país todo, desde lo popular, lo social y lo democrático; en otras palabras construir la propuesta democrática del siglo XXI, que tiene que ser distinta a la vieja izquierda del siglo XIX.



La parte más controversial de la vida y obra de Camilo Torres fue su vinculación a la guerrilla, pero con seguridad el ELN tendría mucho que aprenderle en el hoy de la vida colombiana. Es probable que la mayoría de los actuales miembros del ELN, con la excepción de su máximo dirigente Nicolás Rodríguez Bautista, no hayan conocido personalmente a Camilo, pero sería de gran importancia que retomarán de él, en este período, su iniciativa política de masas, lo que significa darle prioridad a lo político sobre lo militar, su mirada amplia y plural como concebía el accionar político, sumando y de ninguna manera excluyendo a ninguna fuerza o sector. Porque la realidad del momento exige eso, rechazar todo tipo de exclusión y estimular la participación de la mayoría, no para servir de espectadores pasivos o de ‘comités de aplausos’ en las discusiones, sino para lograr incidir en la toma de decisiones sobre los grandes problemas del país, que es el ejercicio de la negociación del conflicto armado y la construcción de la paz.



Camilo fue un sacerdote, un sociólogo y un dirigente político popular que desafortunadamente terminó extraviado en los vericuetos de la lucha armada. Un hombre de rupturas y controversias, pero del cual hoy podemos recuperar muchas de sus iniciativas políticas para superar la confrontación militar y construir ese país soñado por muchos, al cual hay que hacerle grandes transformaciones sociales para que quepamos todos en él, con posibilidades de vida y de futuro.

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