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Opinión

  • | 2017/09/19 15:56

    Candidatos por firmas

    Desprestigio de los partidos, empresas electorales para acceder al presupuesto. Presidencialismo personalista exacerbado y Congreso mermado. Elección presidencial por mayoría absoluta y Congreso de representación proporcional. Partidos políticos debían articular Ejecutivo y Congreso. Presidente articulador. Escándalos de corrupción, tres Ramas del Poder disfuncionales. Candidatos por firmas, pronóstico de corrupción.

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¿Qué está ocurriendo en la política colombiana para que se anuncien más de 25 precandidaturas presidenciales, la mayoría sin respaldo de partidos o movimientos políticos, sino por firmas?

Lo obvio. El desprestigio de los partidos, su incapacidad para organizar las corrientes políticas, su pobre papel de tráfico de influencias, participaciones burocráticas, cupos indicativos y propensión a la corrupción. En otras palabras, empresas electorales para obtener acceso al presupuesto, por la vía de los cargos y los contratos.

Lo estructural. Un sistema presidencial personalista exacerbado, que maneja el gasto público y la fuerza pública, que impone la agenda legislativa, mediante prácticas burocráticas y presupuestales, que destaca y relieva a la persona del presidente hasta el capricho. En contraste con un Congreso mermado, sin iniciativa de gasto, cooptado desde el Ejecutivo.

Lo electoral. El presidente se elige por mayoría absoluta o doble vuelta, los congresistas se eligen por cifra repartidora o representación proporcional, en fechas diferentes. En el primer caso, las fuerzas electorales tienden a organizarse en dos bandos, aunque la doble vuelta permite coaliciones con las minorías. En el segundo caso, las fuerzas se dividen en múltiples partidos para obtener un mínimo de representación, llegamos a tener más de 70 partidos, por lo cual se estableció un umbral de 3% que los redujo a más o menos una decena. Así las cosas, el presidente obtiene la mayor legitimidad política, mientras el Congreso tiene respaldos fraccionados.

Los partidos políticos son los grandes articuladores de las relaciones del gobierno con el Congreso; de suerte, que un presidente con mayoría de su partido en el Congreso, puede desarrollar su programa de gobierno en armonía con el legislador, sin mayores contratiempos. Lo cierto es, que con el actual sistema, el presidente se ha convertido en el articulador, conformando las mayorías después de las elecciones. El sistema se pervirtió, los partidos se venden por participaciones burocráticas, y el presidente gobierna distribuyendo a sectores políticos partidas del dulce presupuesto, popularmente llamado “mermelada”.

Los escándalos de corrupción recientes señalan campañas presidenciales financiadas ilícitamente, congresistas traficando influencias en la administración y magistrados extorsionando a los anteriores bajo amenaza de continuar con sus investigaciones penales. No podía ser peor el panorama, las tres Ramas del Poder disfuncionales.

En estas condiciones, aparecen antiguos funcionarios estatales como candidatos presidenciales por firmas, aventuras personales, impulsadas por motivaciones íntimas, sin soportes institucionales, aspirando a la máxima magistratura, para tratar de realizar su particular concepción de gobierno, sin posibilidades de mayorías congresionales y por tanto avocados a las mismas criticables prácticas. En otros términos, se trata de un modelo pre-moderno, seudocaudillista, que demuestra el sometimiento de las débiles instituciones a la voluntad de la persona, de la misma forma en que los gobernantes no se han sometido a la Constitución, sino que la han modificado para realizar sus programas y aspiraciones.

En síntesis, candidatos presidenciales por firmas, son síntoma y pronóstico de una relación corrompida con un Congreso, que se mantendrá disminuido.

*Abogado Constitucionalista

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