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Opinión

  • | 2000/11/13 00:00

    Candidaturas refrescantes

    La languidez de los departamentos actuales explica la aparición, con fuerza creciente, de alternativas limpias y anticlientelistas.

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La Ordenanza 003 de 1999, aprobada por 16 votos contra 1, dispuso que los diputados de Nariño tendrían el mismo sueldo y los mismos gastos de representación que los congresistas, más una ñapa de 60 por ciento como “prima de localización y de vivienda”.

No es mucho lo que los diputados pueden hacer a cambio de ese ingreso: el departamento está paralizado por una deuda de 79.000 millones de pesos, los empleados de planta llevan siete meses sin recibir salario, y los teléfonos de la Gobernación están cortados por no pago.

Saqueo en medio de la quiebra y quiebra en medio del saqueo. Es una historia repetida muchas veces —32 veces para ser exactos— porque la figura del departamento esconde el raro secreto de la transición política colombiana.

Incapaz de volver a una geografía viva (digamos, de regiones o ‘provincias’, como pedía Fals Borda) pero incapaz también de enfrentar del todo a los caciques, la Constitución del 91 optó por este híbrido: mantener al departamento como circunscripción electoral, pero despojado de tareas ejecutivas y redefinido como instancia de planeación y apoyo a los municipios. Consecuente con este cambio de perfil, la asamblea sesionaría poco y a los diputados no se les pagaría salario sino honorarios por sesión.

Quedaron los 32 entes sin sus dietas, sin sus funciones y con sus políticos. Así que los políticos pronto hicieron dos cosas. Una, restaurar las dietas: la Ley 53 del 93 triplicó las sesiones de la Asamblea y el Acto Legislativo 1 del 96 volvió al sistema de sueldo con arandelas para los diputados. Y otra, seguir en funciones, o sea seguir usando el departamento para hacerse elegir al Congreso, mediante el clientelismo y las limosnas que sabemos.

El resultado también lo sabemos: el gasto departamental aumentó 1,3 veces más rápido aun que el gasto central, su endeudamiento se disparó a un 54 por ciento anual, vinieron las quiebras y vamos en cuatro entidades en concordato o ‘reestructuración’. Con el agravante de no ‘reconvertir’ los departamentos en la herramienta de planeación y apoyo técnico que necesitan nuestros municipios.

Esa misma languidez explica la desatención de los medios a las elecciones departamentales del próximo 29. También explica el esfuerzo callado pero enorme que los caciques le han dedicado a estas elecciones. Y explica la aparición, con fuerza creciente, de alternativas limpias y anticlientelistas en todo el territorio.

Es el caso de Caldas con Luis Alfonso Hoyos, un hombre y un político de veras ejemplar. Enfrentado a la aplanadora Barco-Yepes, lleva sin embargo las de ganar porque ha movilizado todo lo mejor de su departamento en torno a un programa serio, preciso, factible y renovador.

El caso de Parmenio Cuéllar en Nariño, un jurista siempre honesto y siempre independiente. Contra los dos partidos, tiene 54 puntos de opinión, porque sus colaboradores no serán cuotas de los políticos sino escogidos de ternas presentadas por las organizaciones sociales del respectivo sector.

El caso de Floro Tunubalá en Cauca, educador indígena y dirigente insobornable que esa región necesita para romper la tenaza clientelista, abrirle campo a la paz, prevenir un estallido social de grandes proporciones y navegar las aguas turbulentas que traerá el Plan Colombia.

El caso de Gustavo Suárez en Boyacá, cuya alcaldía de Sogamoso es prenda reconocida de capacidad y transparencia, quien ha logrado formar comités en 79 municipios, en contraposición a las candidaturas archiconsabidas del Partido Liberal y del Conservador.

El caso de Roy Barreras en el Valle, joven, estudioso y frentero a la hora de destapar la corrupción, con un equipo de técnicos, empresarios y dirigentes empeñados en la reactivación económica y moral de su tierra atribulada.

El caso de Guillermo Alfonso Jaramillo en el Tolima, quien tuvo el coraje de recomenzar de cero y ahora encabeza una ‘Alternativa Socialista y Democrática’ contra todos los caciques que sabemos.

A pesar pues de todo y por encima de todo, sigue habiendo esperanza. Ojalá el ciudadano entienda lo mucho que está en juego. Y ojalá estas y otras semillas dispersas converjan rápido y fuerte en la ‘tercera opción’ que a este país le falta como nos falta el aire.
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