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Opinión

  • | 2016/07/05 16:21

    Historia de una foto

    En la foto aparecen Rafael Pardo R. y Timoleón Jiménez (Timochenko), cuándo este fue nombrado Jefe de las Farc. y hace parte del reportaje gráfico de Yamit Amat sobre Rafael Pardo.

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Esta foto en la que aparecen Rafael Pardo R. y Timoleón Jiménez (Timochenko),  que ilustra el reportaje que Yamit Amat le hizo a Rafael Pardo y que publicó El Tiempo en su edición del domingo  3 de julio, fue tomada por mi y ha sido publicada en varios medios. Esa copia se la facilite a un periodista hace unos años para que ilustrara un artículo, recién nombrado Timochenko a la Cabeza del Secretariado de las Farc, tras la muerte de Alfonso Cano.

Corría el gobierno del Presidente Virgilio Barco y el gobierno había venido manteniendo comunicación con las Farc, en un esfuerzo por lograr una negociación de paz que terminara con el conflicto armado con esta guerrilla. Estas conversaciones, esporádicas y a veces desacompasadas con las Farc, venían desde el gobierno del Presidente Belisario Betancur.

La recién creada Consejería Presidencial para la Paz estaba a cargo del Rafael Pardo, hoy Ministro del Posconflicto. Contaba con un reducido equipo de asesores del que hacían parte: Jesús Antonio Bejarano, Reynaldo Gary, Ricardo Santamaría y yo. Gran parte del esfuerzo del momento se orientaba, además de atender las negociaciones los con los movimientos de protesta social que para la época empezaban a multiplicarse en el país, encarnados en los llamados paros y marchas, a profundizar las negociaciones con las Farc.

Con este grupo guerrillero, la Consejería de Paz, como popularmente se llamaba el despacho de Rafael Pardo, había establecido un canal directo y casi cotidiano de dialogo, basado en un enlace radial de banda fija, lo que permitía que el mas inexperto radioaficionado o cualquier ciudadano con un radio multibandas, pudiera escuchar. Este sistema, que pomposamente llamábamos “Teléfono Rojo”, estaba atendido por parte de la Consejería por Reynaldo Gary y por parte de las Farc por Jacobo Arenas. Este medio se utilizaba casi todos los días laborales, en los que,  a una hora predeterminada,  se establecía uh diálogo donde se intercambiaban  informaciones sobre el acontecer nacional e internacional. Jacobo siempre requería que se le leyeran los editoriales de El Tiempo y El Espectador, sobre los que hacia preguntas y comentarios. Además, pedía que se le leyeran los titulares de primera página de ambos diarios. Entre Reynaldo Gary y Jacobo Arenas, con el tiempo, se estableció una buena relación que les permitía hacerse comentarios picantes sobre el acontecer nacional, tomaduras de pelo y hasta chistes. Jacobo era dicharachero y hablador, lo que compaginaba perfectamente con la manera de ser de Gary. Sobra decir, que por este medio se lograron arreglar muchos entuertos, malentendidos y situaciones de tensión, así como un nivel aceptable de confianza.

Durante el Gobierno del Presidente Barco, las visitas a la sede del Secretariado de las Farc se hacían de tanto en tanto, cuando las circunstancias así lo indicaban. Fue en uno de estos encuentros, casi al final del periodo presidencial, que se tomó esta foto.

Como la comunicación radial aun no se había sofisticado y era insegura, los temas de fondo había que tratarlos cara a cara. Es así como corriendo el año 1989, partimos de Bogotá en una avioneta que aterrizó en Villavicencio, como primera escala, para allí tomar un helicóptero de la empresa Helicol, que era la que normalmente se contrataba para los desplazamientos especiales de la Consejería. La comisión estaba conformada por el Consejero y su equipo asesor, a excepción de Jesús Bejarano, quien por razones de fuerza mayor no asistió, y José Noé Ríos, a la postre Viceministro de Gobierno.

Salimos avanzada la mañana hacia un lugar a orillas del río Duda, cuyas coordenadas conocían el piloto y el Consejero para la Paz y desde el cual la guerrilla establecería un contacto radial con el piloto para guiarlo a la zona de aterrizaje.

 Después de sobrevolar, por algún tiempo el Cañón del Duda, en una curva del río, y en los cerros del costado occidental, vimos el campamento constituido por galpones y casas de madera techadas con zinc. Aproximadamente unas 25 estructuras, algunas de ellas para albergar bastante gente. Las columnas humo de los fogones en que se preparaba el almuerzo escapaba de de ellas. (Foto: Sede del Secretariado en el cañón del Río Duda).

Mas abajo del conjunto de las construcciones eran visibles los surcos donde se producían verduras y hortalizas.

 El lugar para la reunión se ubicaba en la parte superior del campamento, que gracias a los diálogos se había establecido casi como un poblado de colonos, con pocas viviendas,  muchos espacios cubiertos para instrucción y servicios sanitarios. Los cambuches en que dormían los guerrilleros y las casas de los miembros del Secretariado presentes, estaban esparcidas en las intrincada geografía del lugar, incluso a varias horas a lomo de mula.

El lugar de encuentro era una estructura de madera con un porche embarandado que daba acceso a una pequeña biblioteca  adornada con afiches políticos y recortes de prensa. En uno de sus costados había una mesa de maderas finas de la región, sobre la que reposaba un radio multibandas junto con algunos medicamentos. Además,  varias silla, una banca en uno de sus costados y un pequeño bar, con varias copas de peltre polaco y un buen surtido de Remy Martin, que era el que mantenía alegre a Jacobo. La casa, por su costado occidental, tenía dos ventanas gemelas, que son las que aparecen en la foto que dio origen a este escrito, al frente de las cuales se extendía un jardín bastante cuidado y lleno de flores casi todas de color rojo. 

A su entrada, de pie,  nos esperaban: Manuel Marulanda, Jacobo Arenas, Alfonso Cano y Timoleón Jiménez. Nos recibieron sonrientes y complacidos  y tal vez, para hacer menos rígido el encuentro, cuando Manuel Marulanda me dio la mano, comento en voz alta: “Entonces este es el famoso Popeo”. Sobrenombre con el que me conocen mis amigos y  los compañeros de universidad, uno de los cuales había sido Guillermo Saenz, en ese momento conocido como Alfonso Cano. Con Guillermo éramos amigos desde los tiempos de estudiantes en la Universidad Nacional, donde el cursaba Antropología y yo Sociología. La frase de Marulanda, terminó de romper cualquier tensión y desató risas y alguna sorpresa entre los asistentes. (Ver foto: de izquierda a derecha, Rafael Pardo, Reynaldo Gary, Alfonso Cano y Carlos Eduardo Jaramillo.

La reunión se desarrolló en torno a la mesa en la que solo se sentó, por parte de las Farc, Jacobo Arenas, y toda la delegación del Gobierno. Marulanda, Cano y Timochenko se sentaron a un costado en la banca que estaba recostada a una pared, atentos a la discusión, pero dejando que fuera Jacobo quien hablara por la organización.

Conociendo a las Farc y su permanente preocupación por los detalles, las señales y los símbolos, el que Marulanda y sus delfines del Secretariado se hicieran al margen e intervinieran poco y al desgaire, significaba que esta era una reunión de trámite, no una gran cumbre y donde Marulanda, al no presidir, se guardaba el derecho de desconocer lo que allí se acordara y que no fuera de su agrado. Marulanda, nos acompañó hasta pasado el almuerzo y luego se retiró, diciéndonos que vivía lejos. O sea, que nada trascendental iría a suceder en esta reunión.

El carácter de este encuentro permitió avanzar y explorar algunos puntos, limar asperezas y preparar el terreno para concretar avances sustantivos en un futuro. 

Después, en medio de los brindis propuestos por Jacobo, este nos sorprendió con su “arma secreta”: una hoja de periódico cuidadosamente plegada, cosida con ganchos metálicos y llena de perforaciones hechas con sacabocado, con la que, para sobresalto nuestro, golpeaba la mesa con fuerza, no para hacer más contundentes sus afirmaciones, sino para aplastar las moscas que pululaban en el lugar. El, a medida que hablaba, no dejaba de seguir el vuelo de las moscas para darles el zarpazo definitivo cuando se posaban. (ver foto de Jacobo mirando la mosca y con su “arma secreta” en las manos. A su lado con Ricardo Santamaria)

En un intermedio de la reunión en el que salí a estirar las piernas, cuando caminaba por la parte de atrás de la edificación, vi a Rafael Pardo y a Timochenco, cada uno en una de las ventanas gemelas, ensimismados en sus propios pensamientos. Allí tomé la foto en cuestión y luego las otras que hoy ilustran este escrito. La casa, por sus cuatro costados estaba vigilada por guerrilleros luciendo sus nuevos fusiles AK 47, que recién estrenaban las Farc.

Mi afición por la fotografía hacia de mi cámara, Nikon F, una permanente compañera que me permitió tener un historial gráfico de los procesos de paz con el M-19, el EPL, el Quintín Lame, El PRT, La Corriente de Renovación Socialista,  las Milicias de Medellín y las negociaciones con la Coordinadora Guerrillera en Caracas.

La advertencia hecha por el piloto de que el tiempo se estaba cerrando y deberíamos partir o correr el riesgo de tener que pernoctar en el lugar, nos hizo apresurar la despedida. Eran las épocas en que los helicópteros no podían volar después de las cinco de la tarde. 

Nos despidieron: Jacobo Arenas, Alfonso Cano y Timochenko. Jacobo, también tenía premura, salió apresurado a iniciar el programa llamado “Teléfono Azul”, que era un enlace radial con los comandantes de todos los frentes de las Farc, donde Arenas, no solo recibía informes sino que les interpretaba el acontecer nacional e internacional y absolvía preguntas. Esta era una de las formas en que el Secretariado mantenía unidad de criterio frente a las negociaciones de paz, las contradicciones con el gobierno y la política nacional, de ahí que Jacobo fuera tan puntual e interesado en los enlaces diarios con Reynaldo Gary (fallecido el pasado mes de junio).

Cuando apreté el obturador de la cámara para tomar la foto, lejos estaba de pensar que los dos personajes que enfocaba, luego de de 27 años, volverían a encontrarse en el centro de la historia contemporánea colombiana. El uno, responsabilizado de crear la infraestructura necesaria para dar cumplimiento a los acuerdos de paz, a fin de que que el otro, junto con su grupo armado, ingresara a la vida civil y democrática  del país, y abandonara, a la cabeza de la organización guerrillera que hoy dirige, la lucha armada que por 52 años habían sostenido las Farc, para convertirse, posiblemente, en un nuevo partido político, en la Colombia del siglo XXI.

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